* ¡Cuánta villanía en mi conducta, y cuánta infidelidad a la gracia!
– Madre mía, Refugio de pecadores, ruega por mí; que nunca más entorpezca la obra de Dios en mi alma. (Forja, 178)
Madre nuestra, ¡nuestra Esperanza!, ¡qué seguros estamos, pegaditos a Ti, aunque todo se bambolee! (Forja, 474)
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¡Cómo gusta a los hombres que les recuerden su parentesco con personajes de la literatura, de la política, de la milicia, de la Iglesia!…
– Canta ante la Virgen Inmaculada, recordándole:
- Dios te salve, María, hija de Dios Padre:
- Dios te salve, María, Madre de Dios Hijo:
- Dios te salve, María, Esposa de Dios Espíritu Santo…
¡Más que tú, sólo Dios! (Camino, 496)
Di:
Madre mía -tuya, porque eres suyo por muchos títulos-, que tu amor me ate a la Cruz de tu Hijo: que no me falte la Fe, ni la valentía, ni la audacia, para cumplir la voluntad de nuestro Jesús. (Camino, 497)

Por SAN JOSEMARÍA.

