Hay ideas que no necesitan efectos especiales para dejar huella: basta una imagen sencilla, una maleta, y una pregunta que incomoda. El video “Maleta de viaje”, compartido por el Centro de Ayuda para la Mujer Latinoamérica, propone un ejercicio íntimo: “En esa maleta tendrás que meter lo más valioso de tu vida… pero tienes un problema, y es que lo más valioso no cabe en esa maleta”. Desde ahí abre una puerta que hoy intentan cerrar a toda prisa: la vida —y el amor que la sostiene— no es una carga ni un estorbo. Es, en el sentido más profundo, la oportunidad de existir, de ser amado y de amar.
La promesa moderna de ‘autonomía’ y ‘libertad’ total parece atractiva… hasta que revela su vacío. El video lo dice claramente: “Fuimos creados en compañía de los demás”; y plantea una verdad elemental que hoy se discute reduciendo su valor: la vida humana se realiza en vínculos, en sentido de pertenencia, en familia.
El video remata con una frase contundente y maravillosa:
En una maleta no cabe una familia…
pero dentro de ti sí.
Ese mensaje toca una herida real del continente. América Latina y el Caribe viven un giro demográfico acelerado: la tasa global de fecundidad llegó a 1.8 hijos por mujer en 2024, por debajo del nivel de relevo.
En México, los nacimientos registrados en 2023 fueron 1,820,888 y el 5.6% correspondió a madres de 10 a 17 años, un dato que retrata una maternidad que muchas veces llega sin red, sin acompañamiento y con vulnerabilidades acumuladas.
La paradoja es amarga: menos nacimientos, y al mismo tiempo, más fragilidad cuando la maternidad ocurre.
Mientras tanto, en el otro extremo del debate público, el aborto se presenta con frecuencia como “salida”, casi siempre con un lenguaje que reduce la vida humana a una estadística más. Documentos oficiales han estimado una tasa anual de aborto inducido en México de 33 por cada 1,000 mujeres de 15 a 44 años, una cifra que muestra que no se trata de casos aislados sino de un fenómeno estructural.
Aquí es donde “Maleta de viaje” se vuelve más que un video: es un espejo. La crisis no es solo legal o médica; es cultural y afectiva. Para muchas mujeres, la maternidad se ha vuelto sinónimo de miedo: a perder oportunidades, a ser abandonadas, a cargar solas con todo, a no tener recursos, a ser juzgadas. Y cuando la sociedad normaliza que la vida “no cabe” —en el presupuesto, en el plan, en la agenda— el resultado es un país que empobrece su futuro y endurece su corazón.
En tiempos donde se la vida humana se ha relativizado y reducido a ‘nada’, “Maleta de viaje” nos recuerda una verdad permanente: la vida humana no se reduce, se abraza. Y si el continente quiere salir de su crisis de maternidad, tendrá que volver a lo esencial: proteger la vida, dignificar a la madre, reconstruir la familia, y hacer del acompañamiento un compromiso social ineludible.
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