En el marco del encuentro “A diez años de Amoris laetitia: anunciar el Evangelio con las familias hoy”, Ramón Castro Castro, presidente de la Conferencia del Episcopado Mexicano y obispo de Cuernavaca, entregó al Papa León XIV el volumen Los rostros y nombres de la desaparición forzada en México, junto con el arzobispo de León, Jaime Calderón Calderón, vicepresidente de la CEM quien fue convocado como acompañante del presidente de la CEM e invitado del Papa. El documento, fechado en septiembre de 2026 y elaborado por el Diálogo Nacional por la Paz, lleva 208 páginas (español e inglés) con rostros, nombres, fechas y lugares de desaparición.
El libro no pretende contener las historias de las más de 132 mil personas desaparecidas y no localizadas que registran las cifras oficiales. Como reconoce su propia introducción, “nos hubiera gustado recoger… las historias de las más de 132 mil personas… Hablar de su comida favorita, de las calles que transitaban, los abrazos que solían dar”. En su lugar, reúne fichas concretas: Elías Macías Galván (Guadalajara, 5 de mayo de 2019), Héctor Hugo Camaño Alvarado (Tlajomulco, 5 de mayo de 2013), Carlos René Rojas Domínguez (Mérida, 4 de noviembre de 2019), y decenas más, mujeres, jóvenes y niños, junto con relatos mínimos, pero precisos, la guitarra de Marco que nadie ha vuelto a tocar, el diario de Alma a medias, los cuatro cumpleaños que Rocío se ha perdido, los cinco años y medio que Miguel no saluda a su mamá. El lema que cierra el volumen es “Presentes. Hasta encontrarles”.
La intención explícita es que quien lo reciba, el Papa, Naciones Unidas, instituciones, no solo se conmueva, sino que se mueva a la acción ante la crisis forense, la impunidad y el desmantelamiento de instancias que impiden un registro confiable. Y este gesto también es un antecedente que el mismo León tendrá en cuenta ante una posible visita que pueda concretarse en 2027 o hacia 2031 hacia los 500 años de las apariciones de la Virgen de Guadalupe.
El objeto de la entrega es romper la mera estadística. La desaparición forzada y la desaparición cometida por particulares han convertido a miles de personas en cifras de un registro que no responde qué ocurrió con ellas. El documento afirma que “si fuera un episodio, esta historia habría terminado. Sin embargo, los rostros… son parte de un pasado empecinado en permanecer en un presente que parece alargarse sin fin”. La Iglesia ha asumido esta causa no como un tema más de su agenda social, sino como muestra de lo inaudito en lo que puede terminar el concepto y el valor de la vida, una vida reducida a dato, una familia suspendida en un limbo sin lugar ni tiempo, un pueblo al que se le dificulta imaginar un futuro habitable. El compromiso expresado es “no apartar la mirada” y “organizar la esperanza desde la justicia, la corresponsabilidad y la verdad”.
Esa lectura eclesial coincide con lo que organismos internacionales de derechos humanos han señalado de manera reiterada. El Comité de Naciones Unidas contra las Desapariciones Forzadas activó, por primera vez respecto de México, el procedimiento del artículo 34 de la Convención Internacional, ante indicios de que las desapariciones se practican de manera sistemática o generalizada y podrían constituir crímenes de lesa humanidad. Amnistía Internacional y la Comisión Interamericana de Derechos Humanos han documentado la magnitud, más de 130 mil personas no localizadas, decenas de miles de cuerpos sin identificar, impunidad cercana al 99 % en muchos contextos, y riesgos crecientes para las propias buscadoras. La crisis rebasa las capacidades institucionales internas y exige cooperación internacional, búsqueda efectiva e identificación forense. El libro que llegó a las manos del Papa es, en ese sentido, un puente, memoria concreta de las familias que el Diálogo Nacional por la Paz recogió entre agosto y septiembre de 2026, en torno al Día Internacional de las Víctimas de Desapariciones Forzadas, para que no se pierda “ninguna voz en el silencio”.
La entrega no resuelve dónde están, pero el documento admite la imposibilidad de imaginar un futuro compartido “sin antes atender el reclamo de justicia y de verdad” y coloca en el centro de la reflexión eclesial sobre la familia y la vida, el marco del encuentro sobre Amoris laetitia, la realidad de quienes faltan y de quienes no dejan de buscarlos. Cada fotografía, cada nombre y cada fecha suspendida recuerdan que detrás de la cifra hay una persona, una familia y una historia que el Estado y la sociedad no pueden seguir tratando como dato administrable. Hasta encontrarles, el compromiso que la Iglesia ha hecho visible ante el Papa es el de no apartar la mirada, por eso es el libro que alberga los rostros de los desaparecidos.
El libro puede ser descargado aquí: https://acnmex.com/del-dialogo-nacional-por-la-paz-libro-los-rostros-y-nombres-de-la-desaparicion-forzada-en-mexico-que-fue-entregado-al-papa-leon-xvi/

