Los obispos de EU fracasaron en la «consagración» de su país al Sagrado Corazón de Jesús.

ACN

* La validez de la oración es muy dudosa.

En la Fiesta del Sagrado Corazón de Jesús, la Conferencia de Obispos Católicos de los Estados Unidos (USCCB) conmemoró el 250 aniversario de la fundación de los Estados Unidos consagrando la nación al Sagrado Corazón.

  • Muchos católicos, incluso los de la corriente tradicional, acogieron con beneplácito el evento.
  • Cualquier invocación pública al Sagrado Corazón en una época de secularismo parece un avance positivo, y la devoción al Sagrado Corazón es uno de los mayores tesoros de la Iglesia. 

Pero no tardaron en surgir dudas sobre su contenido.

Un examen minucioso,
tanto de la  homilía del arzobispo William Lori
 como del texto de la  oración de consagración,
 revela elementos preocupantes
e incluso pone en entredicho
la validez de la consagración. 

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El lenguaje de la oración reflejaba las prioridades de la Iglesia conciliar, en lugar del lenguaje, la teología y el espíritu que se encuentran en las consagraciones tradicionales al Sagrado Corazón.

Una de las preguntas más importantes
—aunque no la única—,
es si esta consagración
afirma verdaderamente
la realeza de Cristo
o si fue utilizada
como vehículo
para prioridades políticas sinodales,
modernistas,
eclesiales
y liberales progresistas.

La devoción tradicional al Sagrado Corazón
es inseparable
de la realidad del pecado,
de la reparación,
de la penitencia,
de la conversión
y
de la soberanía social de Cristo.

Consideremos la famosa  consagración
  de la humanidad
al Sagrado Corazón
por el Papa León XIII en 1899.

Su oración hablaba repetidamente
del dominio de Nuestro Señor
sobre las personas,
las familias
y las naciones.

Además,
reconocía
que muchos habían rechazado su soberanía,
al tiempo que pedían
ser reintegrados a la Iglesia.

Asimismo, la encíclica Quas Primas  del Papa Pío XI de 1925  enseñaba  que las naciones están obligadas a reconocer la realeza de Cristo, una enseñanza presentada no como una devoción privada, sino como una obligación pública.

En cambio,
la oración de la Conferencia de Obispos Católicos
de Estados Unidos (USCCB),
evita estos temas
a toda costa.

Habla de «amistad» con Cristo,
de sanar las relaciones,
de reparar las injusticias
y de promover la paz y la felicidad.

Estos aspectos no se asocian históricamente
con la consagración al Sagrado Corazón.

Tampoco menciona explícitamente
el reinado de Cristo sobre Estados Unidos
ni la necesidad de la conversión
de sus instituciones públicas.

El apoyo legal de Estados Unidos al aborto,
a la sodomía,
a la pornografía,
al indiferentismo religioso
y
los ataques a la familia natural en ese país…
tampoco se mencionan.

El resultado,
decepcionante y trágico,
es una plegaria
que suena más
a un llamado a la armonía social,
que a un acto solemne de sumisión nacional
a la verdadera fe.

Dignidad humana: una doctrina central de la religión del Concilio Vaticano II.

Una de las partes más desoladoras de la oración
es cuando dice
que se ofrece reparación
«por las ofensas cometidas contra ti
y contra la dignidad humana
que han tenido lugar en esta nación».

¡ El omnipresente dios de la “dignidad humana” de la religión sinodal vuelve a atacar !

Por el contrario…

Las oraciones católicas tradicionales
de reparación,
se centran,
ante todo,
en las ofensas contra Dios.

Sin embargo,
la práctica sinodal consiste en situar
la «dignidad humana»
en el centro de casi todas las discusiones.

Si bien la dignidad humana es sin duda un concepto católico legítimo, en la «Iglesia» contemporánea de Francisco y León XIV funciona como un sustituto de categorías explícitamente sobrenaturales.

A lo largo de la homilía y la oración, se observa una marcada tendencia antropocéntrica:

En ellas, el énfasis recae en la sanación, la reconciliación, la pertenencia, la inclusión, las relaciones, la identidad y el florecimiento humano; mientras que apenas se presta atención al arrepentimiento, el juicio, la gracia, la conversión, el sacrificio y la necesidad de conformarse a Cristo.

Durante la última década,
los líderes posconciliares
han utilizado con frecuencia
los llamamientos
a la «unidad» y a la «reconciliación»…
para eludir
verdades más importantes y necesarias
que consideran «divisivas».

El lenguaje de la unidad
es un sustituto barato y poco convincente
para la proclamación de la verdad.

En sus declaraciones, el obispo Lori habló repetidamente de superar la división, pero prácticamente no dijo nada sobre los pecados específicos que destruyen tanto a la Iglesia como a la sociedad:

  • el aborto,
  • la ideología de género,
  • el colapso del matrimonio,
  • la anticoncepción,
  • la pornografía
  • o la crisis de fe…que son precisamente las heridas del Sagrado Corazón de Cristo que exigen un arrepentimiento nacional.

Otro rasgo destacable fue el énfasis que puso en las relaciones correctas. Veamos: Lori afirmó que Cristo desea «no solo nuestra obediencia, sino también nuestra amistad».

Frente a lo dicho por Lori, debe precisarse que…

  • Es cierto que Nuestro Señor llamó a sus discípulos «amigos»…pero la espiritualidad católica tradicional nunca se ha opuesto a la amistad junto con la verdadera obediencia.
  • Sin embargo, este énfasis excesivo en un lenguaje tan afectuoso parece inapropiado en estos tiempos, dado que la rebelión y la falta de respeto hacia la verdadera autoridad han alcanzado niveles epidémicos.

¿Fue una consagración válida?

Es necesario plantear serias dudas sobre la validez de la consagración.

La oración
no contiene ningún acto explícito
de entrega o sacrificio.

Por el contrario,
una consagración,
por su propia naturaleza,
implica la consagración
de una persona,
comunidad
o nación
a Dios,
mediante un acto deliberado de confianza.

Sin embargo,
en ningún momento la oración
afirma explícitamente:
«nos consagramos»,
«consagramos esta nación»
o
«somos tuyos»…
aunque Lori sí  utilizó  
terminología similar en su sermón.

En segundo lugar,
la oración
se mantuvo enteramente
en el ámbito de la petición,
más que en el de la consagración.

Lo más cercano
al lenguaje de la consagración,
fue la solicitud:
«Que nuestros corazones se unan al tuyo».

Sin embargo,
esto se expresó
como una petición a Dios
para que se produjera tal unión,
en lugar de una declaración de los fieles
para encomendarse libremente
al Sagrado Corazón. 

La verdadera consagración
requiere una ofrenda activa
por parte de quien se consagra.

Es un acto performativo:
algo se logra precisamente al pronunciarlo.

En las fórmulas tradicionales de consagración,
se encuentra un lenguaje explícito
de dedicación,
de entrega
y
de pertenencia.

La oración
de la Conferencia de Obispos Católicos
de los Estados Unidos (USCCB),
en cambio,
pide bendiciones y favores espirituales…
¡ pero nunca realiza el acto de encomienda en sí !.

Finalmente, la oración también contiene una frase que debería erizarle el vello a cualquier católico contrarrevolucionario. En ella se elogia la fundación de Estados Unidos sobre «las verdades evidentes de que nuestro Creador ha dotado a todas las personas del derecho a la vida, la libertad y la búsqueda de la felicidad».

Esta frase, inspirada en John Locke, proviene de la Declaración de Independencia.

Pero la incómoda verdad es
que los fundamentos filosóficos
del experimento estadounidense
no son compatibles
con la doctrina católica.

La Declaración de EU
fue redactada
por protestantes,
por masones
y
´pr antimonárquicos;
es decir,
personas a quienes difícilmente
se querría citar
al consagrar el país
al Sagrado Corazón del Rey de Reyes.

Una cuestión final y particularmente problemática, planteada por el padre William Jenkins de la Sociedad de San Pío V, concierne a su credibilidad.

Dado que la consagración es un acto solemne de encomienda que debe reflejar una sumisión genuina a Cristo, es inevitable preguntarse, con toda razón, si estos obispos, que han pasado décadas adaptándose a la cultura secular y promoviendo ideologías marxistas y anticatólicas, tanto suaves como no tan suaves, pueden liderar con credibilidad tal acto.

De hecho, la misma conferencia episcopal que ha llevado a cabo esta “consagración”…

  • Ha respaldado repetidamente iniciativas interreligiosas que desdibujan la singularidad de la fe católica,
  • Ha promovido procesos sinodales que minimizan la claridad doctrinal,
  • Ha permitido “misas” del Orgullo,
  • Se ha mostrado reacia a denunciar a los políticos que se dicen católicos pero promueven el aborto
  • Y ha perseguido a laicos y clérigos católicos fieles por su ortodoxia.

Todo esto es precisamente lo que ofende al Sagrado Corazón de Jesús.

Por lo tanto, resulta especialmente hipócrita —e incluso inapropiado— que una institución como esta lleve a cabo dicha consagración a menos que vaya acompañada de un arrepentimiento sincero y de la rectificación de la destrucción doctrinal y eclesial de la que ha sido cómplice durante décadas. 

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Por RIAAN VAN ZYL.Riaan Van Zyl

Riaan Van Zyl es un converso a la fe católica. Periodista experimentado, ha trabajado como reportero de sucesos y política, escritor de investigación y columnista.

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