Esta semana que inicia concluye uno de los períodos extraordinarios de sesiones más dificiles e históricos para la México. Se trata de una cascada de reformas que, en pocos días, originaron una serie de reformas legales que habrán de impactar a millones, una agenda legislativa que aprobó leyes que extinguieron organismos que fueron fruto de décadas de diseño institucional y que funcionaron en cierta medida eficaz evaluando y recomendando acciones para mejorar la vida pública del país. La extinción de la Comisión Nacional de Mejora Regulatoria -CONAMER- o el del Consejo Nacional para la Evaluación de la Política del Desarrollo Social -CONEVAL- auguran que México quede rezagado en la lentitud y opacidad, creando datos alegres y ficticios que oculten la realidad de la pobreza y de la competencia de las instituciones al centralizarlas en entidades gubernamentales.
Y si bien algunas reformas pueden reconocerse como necesarias como la ocurrida a la Ley Federal para la Prevención e Identificación de Operaciones con Recursos de Procedencia Ilícita y al Código Penal Federal para combatir el financiamiento al terrorismo y el lavado de dinero, otras impactarán a la población bajo el pretexto de resolver el complicado tema de las desapariciones. El aparato político un poder inaudito en el que controlará toda la información personal, desde datos personales y sensibles, a la Secretaría de Gobernación. Era un paso pendiente que no tenía una salida satisfactoria en administraciones pasadas; sin embargo, el desmantelamiento de organismos autónomos como el INAI, ahora resucitan los fantasmas del pasado con la vigilancia total en manos del gobierno que poseerá todos los datos de identificación de cualquier persona.
Pero las cuestiones más delicadas no quedan ahí. La aprobación de la llamada “Ley Espía” dará un poder omnímodo a la Secretaría de Seguridad Pública que mantendrá el control de los datos a través de un padrón de telefonía celular que le permitrá tener el conocimiento inmediato de usuarios. Especialistas han coincidido en señalar que es la antesala a una especie de represión de la libertad que vulneraría las conversaciones privadas, especialmente cuando no hay certidumbre de que un juez tenga imparcialidad cuando, ahora, el Poder Judicial es un brazo político del régimen.
Y dos datos levantan más preocupaciones. La reforma a la Ley de Telecomunicaciones obligaría a los concesionarios de servicios de internet a dar información al gobierno de la información, en tiempo real, de cualquier usuario de esos servicios; además, se obliga a cualquier persona a proporcionar datos personales y sensibles para la contratación de internet u otros servicios bajo el pretexto de inhibir la potencial comisión de delitos. Finalmente, llega la “consagración” de la Guardia Nacional y de la militarización absoluta dando facultades a las fuerzas armadas de intervenir en la seguridad pública, en actos de investigación o del ejercicio de “detenciones por causas urgentes”, alejando cada vez más la posiblidad de una verdadera profesionalización policial y el fortalecimiento de las policías de proximidad. Esto provocará que la seguridad pública se centralice dando más poder a la Secretaría de la Defensa Nacional, la reducción de la autonomía de instituciones civiles, riesgos que vulneran los derechos humanos y desafíos en la construcción de la confianza con la sociedad civil debido al enfoque militar.
En el Proyecto Global de Pastoral PGP 2031-2033, los obispos de México dan una perspectiva clara acerca del papel del Estado reconociendo “la solidez de sus instituciones y el vigor de sus autoridades (que) son fundamentales para que la búsqueda del bien común sea el centro y la base para el buen desarrollo de sus ciudadanos”; para los obispos, es fundamental un Estado de derecho que sustente y asegure un orden justo para todos sus integrantes, que sea este marco donde todos los ciudadanos encuentren la seguridad de sus derechos y obligaciones que los lleven a construir la casa común que ellos desean. (PGP 2031-2033, No. 58)
En las próximas semanas, millones de mexicanos sentiremos el peso desmedido y casi sin control de un estado que intervendrá en todos los aspectos de la vida social, económica, política y hasta en la intimidad de los datos personales y que no será como el anhelado conforme a las líneas arriba expuestas. Sin duda vivimos tiempos inéditos que parecen dar una regresión que confirma que lo que se construyó en décadas, fueron suficientes unas horas para desmantelarlo quizá para siempre.

