Desde hace días, en los pasillos del Vaticano se respira la incertidumbre. Mientras el último parte médico asegura que las condiciones clínicas del Papa Francisco han mejorado y que se ha levantado la reserva sobre su pronóstico, en realidad, la duda que está sobre la mesa no es su recuperación, sino cómo gestionar el que, de un modo u otro, parece el final de su pontificado.
Fuentes cercanas al entorno del Papa aseguran que la gran discusión dentro del Vaticano gira en torno a una cuestión logística con implicaciones políticas y eclesiales de gran calado: ¿Debe Francisco ser trasladado a Santa Marta bajo asistencia médica o permanecer en el hospital Gemelli el tiempo que sea necesario?
El Papa lleva ya más de un mes hospitalizado. Ha superado crisis graves, ha necesitado ventilación mecánica no invasiva durante las noches, ha pasado por episodios de insuficiencia respiratoria aguda y ha dependido de oxigenoterapia de alto flujo. Su estado ha sido descrito como «estable dentro de un cuadro clínico complejo», eufemismo que nadie en el Vaticano se toma a la ligera.
Si bien Francisco sigue consciente y puede participar en los ejercicios espirituales de la Curia a través de videoconferencia, nadie en su entorno cree realmente que pueda volver a ejercer su ministerio de manera plena. Por ello, la pregunta ahora no es si regresará al gobierno de la Iglesia en plenitud, sino cómo se gestionará su estado de salud en lo que queda de su pontificado.
Las dos opciones en la mesa
1. Llevar al Papa a Santa Marta medicalizado
Esta opción es la que prefieren quienes quieren evitar a toda costa la imagen de un Papa “internado de por vida” en el Gemelli. Volver a Santa Marta supondría un intento de normalización, pero requiere un despliegue médico considerable. Francisco necesitaría: Asistencia permanente de personal sanitario. Equipos de ventilación no invasiva para la noche. Oxigenoterapia de alto flujo durante el día. Un monitoreo constante para evitar complicaciones.
El problema de esta opción es que dejaría en evidencia su fragilidad. Un Papa recluido en Santa Marta bajo cuidados intensivos sería una imagen similar a la última etapa de Juan Pablo II, lo que podría acelerar las conversaciones sobre su posible renuncia.
2. Mantenerlo en el Gemelli
La otra opción es mantenerlo en el hospital hasta que su situación se estabilice completamente o hasta que él mismo decida dar un paso al costado. Es la alternativa más lógica desde el punto de vista clínico, pero políticamente difícil.
Dejar al Papa hospitalizado de manera prolongada significaría que su estado de salud sigue siendo un problema grave y que el Vaticano se enfrenta a una transición incierta. Además, impediría a Francisco tomar decisiones de gobierno con normalidad, dejando en evidencia el vacío de poder que, de hecho, ya existe.
El fin del pontificado, aunque dure meses
Fuentes dentro del Vaticano coinciden en que la discusión sobre el lugar donde se instalará Francisco en los próximos días es, en realidad, una discusión sobre cómo gestionar el cierre de su pontificado. Incluso si el Papa sobrevive varios meses más, su capacidad para gobernar se ha visto reducida a mínimos, y las decisiones más importantes ya no dependen de él.
Si bien el Papa Francisco no ha dado señales de que contemple abdicar, el Vaticano está funcionando ya como si se tratara de un pontificado en fase terminal.
Lo que ocurra en los próximos días marcará el desenlace de esta crisis.
- Si Francisco es trasladado a Santa Marta con un equipo médico completo, quedará claro que estamos en una fase de transición hacia el final de su pontificado.
- Si permanece en el Gemelli, será la confirmación de que su estado sigue siendo demasiado frágil como para asumir siquiera la apariencia de normalidad.
Mientras tanto, la pregunta sigue en el aire: ¿quién está realmente gobernando la Iglesia en estos días?
Por JAIME GURPEGUI.
LUNES 17 DE MARZO DE 2025.
INFOVATICANA.