Llaman a los militares cristianos a desobedecer las órdenes de ataque

ACN

* Figuras cristianas están haciendo un llamamiento explícito a los soldados para que desobedezcan, instándolos a «obedecer a Dios antes que a los hombres».

La columna de opinión en La Croix pretende ser una declaración contundente, casi profética. Afirma que «ni el uso ni la posesión de armas nucleares son legítimos» y sostiene que «el desarme unilateral es la única opción correcta ».

El debate sobre la legitimidad moral de las armas nucleares es antiguo y perfectamente legítimo. Pero el texto cruza una línea mucho más problemática cuando apela directamente a los militares: 

Imploramos a cada soldado cristiano que exprese públicamente este rechazo categórico», instándolos a «obedecer a Dios antes que a los hombres». 

En otras palabras, a desobedecer a la autoridad legítima.

En un Estado regido por el Estado de derecho, tal mandato dista mucho de ser trivial. Ya no se trata simplemente de un testimonio espiritual, sino de un llamado concreto a romper con las normas que rigen el servicio militar. Plantea una cuestión seria: ¿puede, en nom

bre de la fe, alentar a los soldados a eludir las misiones que se les han encomendado?

El grupo basa su argumento en la intención de oración del Papa León XIV, quien aboga por un «desarme efectivo, en particular el desarme nuclear ».

Pero esta referencia requiere una aclaración esencial. El Papa, como líder religioso, actúa dentro de su función cuando aboga por la paz, el diálogo y el desarme. Está expresando un imperativo moral universal, orientado hacia un ideal.

Este llamamiento no es ni un programa político ni una directiva operativa. No pretende justificar la desobediencia individual. Confundir lo espiritual con lo político equivale precisamente a traicionar la esencia de este mensaje.

El artículo desarrolla una contundente crítica a la disuasión nuclear, describiendo con precisión sus efectos: «explosión, onda expansiva, cuerpos vaporizados», y señala que algunas ojivas son «entre 7 y 20 veces más potentes que la bomba de Hiroshima». Esta afirmación es acertada, ya que subraya la extrema gravedad de estas armas.

Pero no responde a la pregunta central: ¿qué hacer en un mundo donde estas armas ya existen y donde no todas las potencias comparten las mismas intenciones o principios? El desarme unilateral se presenta como «la única opción correcta ». Sin embargo, no se consideran sus consecuencias concretas. ¿Contribuiría una nación que renunciara unilateralmente a toda su capacidad disuasoria al desarme mundial, o se expondría aún más? El silencio sobre este punto es significativo.

  • Cabe destacar que los firmantes pertenecen a una corriente bien definida dentro del cristianismo contemporáneo: ecología integral, crítica del liberalismo, no violencia radical y desconfianza hacia las estructuras políticas y militares.
  • Figuras como Gaultier Bes y Timothée de Rauglaudre, grupos como Lutte et Contemplation y Anastasis, y activistas de la no violencia como Christian Renoux y Xavier Mercy encarnan esta sensibilidad.
  • Esta corriente posee una coherencia interna propia. Sin embargo, también tiende a absolutizar una visión de la paz desvinculada de las condiciones reales necesarias para su mantenimiento.
  • Es aquí donde surge una confusión más profunda.

La tradición cristiana jamás ha equiparado la fe con un rechazo absoluto a toda fuerza. Ha desarrollado una reflexión rigurosa sobre la «guerra justa », que regula estrictamente el uso de la fuerza al tiempo que reconoce la legitimidad de la legítima defensa. Afirma la responsabilidad de las autoridades políticas de proteger a la población.

  • Ser cristiano no exime de afrontar la realidad.
  • Ser soldado no es incompatible con la fe.
  • Entre ambas, existe discernimiento, no oposición sistemática.
  • Al exigir «obedecer a Dios antes que a los hombres», el colectivo parece ignorar esta tensión.
  • Sugiere una incompatibilidad donde la tradición siempre ha buscado el equilibrio.

Exigir la desobediencia, por otro lado, rompe este equilibrio.

  • Debilita la cadena de mando, traslada la responsabilidad colectiva a los individuos e introduce inestabilidad en el corazón mismo de las instituciones.

En última instancia, la plataforma se basa en una convicción: la paz se lograría simplemente renunciando a la fuerza.

  • Pero esta convicción no se cuestiona.
  • Se presenta como evidente.
  • Sin embargo, la paz no se puede decretar. Se construye en un mundo plagado de tensiones, conflictos y amenazas muy reales.
  • Presupone tanto un imperativo moral como prudencia política. Negarse a conciliar estas dos dimensiones es correr el riesgo de transformar una aspiración legítima en una peligrosa ilusión.
  • La paz es un ideal.
  • Pero no puede concebirse en contra de la responsabilidad y, hasta la fecha, solo la disuasión nuclear responde a esto.

Por PHILIPPE MARIE.

PARIS, FRANCIA.

LUNES 23 DE MARZO DE 2026.

TCH.

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