León XIV denunció la creciente tentación de «ganar popularidad avivando las llamas de la polarización» y extendió una invitación explícita a todos:
por el bien de la verdad, abandonen las narrativas divisorias y polarizadoras de su realidad social y su historia, y pasen de las simplificaciones estériles a una apreciación fructífera de la complejidad».
El Papa León XIV cruzó por primera vez el umbral del Palacio Real de Madrid y, ante la Familia Real, las autoridades estatales, representantes de la sociedad civil y el Cuerpo Diplomático, pronunció el primer discurso de su viaje apostólico a España. Esta cita inauguró un itinerario de seis días que incluirá varias paradas, cada una de las cuales, explicó el Pontífice, revelará «algún aspecto de la riqueza multifacética de un gran país que durante casi dos milenios ha acogido la Palabra del Evangelio».
El Papa inició su discurso repasando las raíces cristianas de la Península Ibérica, vinculadas por la tradición a la predicación del apóstol Santiago el Mayor. Ese antiguo vínculo, observó, no agota la compleja identidad del pueblo español , pero ha moldeado profundamente su cultura y hoy representa «una reserva de esperanza y guía» ante los desafíos que enfrenta la humanidad. Prevost centró sus pensamientos en las expresiones de la fe popular, en las hermandades, en el patrimonio artístico y musical, signos de ese fructífero encuentro entre Cristo y un pueblo que describió como «lleno de pasión, que ama la vida y la manifiesta».
Inmediatamente después, León XIV declaró el propósito de su visita: «Vengo a vosotros para confirmar, alentar e inspirar una renovada fidelidad de los creyentes al Evangelio y una reconciliación y cooperación más profundas entre las diversas almas de esta nación».

La historia de España, añadió, demuestra que «no la cultura del conflicto, sino la del encuentro, genera estabilidad y prosperidad». El mensaje de paz, que hoy parece ingenuo a algunos y provocador a otros, encuentra aceptación en quienes no se limitan a ideologías prefabricadas. En apoyo de esto, el Pontífice recordó la enseñanza del Papa Francisco sobre la «tensión bipolar entre idea y realidad», rememorando la conclusión de Evangelii Gaudium: «La realidad es superior a la idea».
El núcleo espiritual del discurso giraba en torno a dos figuras —también recordadas por el Rey en su saludo— que han nutrido la vida de la Iglesia durante cinco siglos: Juan de la Cruz y Teresa de Ávila, «amigos en su pasión por el Misterio divino».
El suyo, especificó el Papa, es «un misticismo con los ojos abiertos», no ajeno a la historia, sino capaz de conducir al corazón de la realidad.
En el Año Jubilar dedicado a San Juan de la Cruz, León XIV desarrolló el tema de la noche: el santo «aprendió a apreciar la oscuridad» como el momento en que el alma se libera de lo que creía saber. Incluso hoy, explicó, lo que causa «la oscuridad de la razón y la violencia de las emociones» es lo desconocido. Por lo tanto, incluso en la vida pública, necesitamos hombres y mujeres capaces de intuir «la luz en la oscuridad, un posible comienzo en el final». De Teresa de Ávila, el Pontífice tomó la imagen del castillo interior, donde, avanzando de habitación en habitación, «se resuelven las contradicciones, se disuelven las tensiones, otros encuentran su lugar, el universo se convierte en hogar». Es en esta dimensión del ser humano donde el Papa ha enraizado su defensa de la libertad religiosa y la libertad de conciencia.

De aquí surge un pasaje con un marcado carácter cívico y político. León XIV denunció la creciente tentación de «ganar popularidad avivando las llamas de la polarización» y extendió una invitación explícita a todos:
por el bien de la verdad, abandonen las narrativas divisorias y polarizadoras de su realidad social y su historia, y pasen de las simplificaciones estériles a una apreciación fructífera de la complejidad».
En esto, identificó «una vocación específica de Europa, de la cual España es una protagonista original y fundamental», advirtiendo contra aquellos enfoques identitarios que «parecen aclararlo todo, pero pueblan el mundo de fantasmas y enemigos». También criticó las nuevas tecnologías, calificándolas de «entorno artificial» en el que se exacerban los prejuicios y se debilita el pensamiento crítico.
El Pontífice abogó por «un salto cualitativo» en las inversiones en escuelas, universidades e investigación, advirtiendo que la seguridad no proviene «de armas y muros», sino de aprender a ceder terreno con los demás. Para confirmarlo, evocó la historia de España, en particular la larga presencia del islam en la Península y la escuela de traductores de Alfonso X el Sabio, donde cristianos, musulmanes y judíos colaboraron en torno al legado de Averroes y Maimónides , convirtiendo a Córdoba y Toledo en «lugares de mediación entre lenguas, religiones y saber». Citando a Ignacio de Loyola, quien «prefirió la paz a las armas, los santos a los poderosos», recordó un pasaje de su encíclica Magnifica Humanitas:
«Evitemos las palabras que humillan o se oponen. Optemos por la claridad que ilumina y la franqueza que abre caminos».
En su discurso de despedida, dirigido una vez más a los Reyes y autoridades, León XIV expresó su aprecio por la fidelidad de España «al derecho internacional y al multilateralismo» y animó al país a cultivar en su seno «el diálogo y la amistad social», a tener en cuenta el punto de vista de los pobres y los jóvenes, a componer «en positiva armonía las demandas de autonomía y las de unidad» y a favorecer el proceso de unión europea , «no en oposición a otras potencias, sino como un don para toda la familia humana». La última palabra, antes de las despedidas, fue una poderosa invocación: «¡Dios bendiga a España!».
Por MC
MADRID, ESPAÑA.
SILERENONPOSSUM.
La mañana de este sábado, 6 de junio, a las 10.12 hora local, el Papa León XIV llegó a España. Tras dos horas y media de vuelo aproximadamente el avión de ITA Airways A320 aterrizó en el aeropuerto internacional “Adolfo Suárez” de Madrid-Barajas, dónde tuvo lugar la acogida oficial. De esta manera, el Santo Padre dio inició a su 4º Viaje Apostólico Internacional a España.
A su llegada al aeropuerto internacional “Adolfo Suárez” de Madrid, el Santo Padre fue recibido por el Rey de España, Felipe VI y la Reina Letizia. Tras los saludos de honor y la presentación de las respectivas delegaciones, el Pontífice y los soberanos de España se reunieron, de forma privada, en el salón de honor del aeropuerto.

