* La Iglesia reprueba el intento en Rumania de legalizar la prostitución
En el corazón de Europa del Este, Rumanía se enfrenta a un debate social con profundas implicaciones morales y sociales.
Un proyecto de ley, actualmente en trámite en el Parlamento, pretende legalizar la prostitución, presentado por sus promotores como un medio para regular y combatir el abuso.
Esta iniciativa ha provocado una reacción rápida y unida de las principales iglesias cristianas del país. En una declaración publicada el 13 de enero, la Arquidiócesis Católica Romana de Bucarest planteó una pregunta deliberadamente fundamental: «
¿Qué tipo de sociedad queremos construir para las generaciones futuras?».
Para los obispos católicos, la prostitución no puede considerarse una mera actividad que deba regularse legalmente; sigue siendo una lacra social que hiere profundamente a la persona humana.
El texto recuerda un principio central de la doctrina social de la Iglesia:
las leyes de una sociedad
nunca son neutrales;
reflejan una cierta visión del hombre
y de sus relaciones.
Por lo tanto, la archidiócesis advierte contra las «soluciones legislativas ilusorias» y llama a los líderes políticos, así como a la sociedad civil, a entablar un diálogo genuino centrado en la persona humana y su dignidad, y no en intereses económicos considerados sospechosos.
Esta postura fue inmediatamente compartida por la Iglesia Ortodoxa Rumana. El Patriarcado también expresó su preocupación y oposición al proyecto de ley, recordando que Rumanía es signataria de la Convención de las Naciones Unidas sobre la Eliminación de todas las Formas de Trata de Personas y la Explotación de la Prostitución.
Para la Iglesia Ortodoxa, la coherencia jurídica y moral del Estado está directamente en juego.
En una declaración, el Patriarcado enfatiza:
La legalización no erradicará la trata de personas, ni pondrá fin a la explotación sexual, ni siquiera eliminará la prostitución ilegal. Por el contrario, corre el riesgo de crear un marco legal propicio para la expansión de prácticas incompatibles con la libertad y la dignidad de la persona humana».
Por lo tanto, católicos y cristianos ortodoxos comparten una observación común. Más allá de su oposición doctrinal a la prostitución, que consideran contraria a la antropología cristiana, la ven sobre todo como «una grave violación de la dignidad humana » .
Al término de este debate emergente, la intervención convergente de las Iglesias católica y ortodoxa en Rumanía trasciende con creces el mero problema de la prostitución. Inicia una reflexión fundamental sobre la responsabilidad moral del poder legislativo y el papel del Estado ante las realidades humanas más vulnerables.
Al recordarnos que el derecho nunca es un simple instrumento de gestión social, sino la expresión de una visión del hombre y de la sociedad, las Iglesias nos invitan a considerar las consecuencias a largo plazo de opciones presentadas como pragmáticas o inevitables.
La legalización de la prostitución,
lejos de ofrecer soluciones duraderas
a las tragedias de la trata y la explotación,
corre el riesgo de respaldar
una lógica de resignación,
que acepta
que una parte de la humanidad
pueda ser reducida a una mercancía
en nombre de la eficiencia
o el realismo económico.
Por el contrario,
la postura cristiana nos recuerda que
proteger a los más vulnerables
no implica normalizar su explotación,
sino políticas valientes
de prevención, apoyo y reintegración.
En un contexto europeo marcado por la fragmentación moral y una legislación cada vez más divergente, la voz unida de las iglesias rumanas plantea una pregunta crucial: ¿qué límites debe fijarse una sociedad para seguir siendo verdaderamente humana?
El debate parlamentario en curso se presenta, por lo tanto, como una prueba de coherencia, no solo jurídica, sino también ética y cultural. Obliga a Rumanía a elegir si pretende construir su futuro adaptándose a las fuerzas del mercado o basándose en el reconocimiento incondicional de la dignidad de todo ser humano.
Por MATHILDE DE VIRENE.
JUEVES 15 DE ENEROP DE 2026.
TCH.

