“La historia de Pedro y Pablo nos enseña que la comunión a la que el Señor nos llama es una armonía de voces y rostros, no anula la libertad de cada uno”.
- La fraternidad que no cancela las diferencias
- Enfrentamientos con franqueza evangélica
- Puentes de unidad en la variedad de los carismas
- Que nuestras diversidades sean taller de unidad y comunión
- Apertura a los cambios y escucha de los acontecimientos
- «Y ustedes, ¿quién dicen que soy?»
- Al servicio de la unidad y la comunión
- En contraste con la mentalidad mundana
Así se expresó el Papa León XIV en la solemnidad de los santos patronos de la diócesis y de la ciudad de Roma. Al presidir hoy, 29 de junio, la Misa en el Altar de la Confesión de la Basílica de San Pedro -con la bendición e imposición de palios a los 54 nuevos arzobispos metropolitanos- el Pontífice presentó a las dos figuras apostólicas como verdaderos «pilares de la Iglesia».
León XIV, en el Ángelus de la Solemnidad de Pedro y Pablo, patronos de Roma, recordó que en la peregrinación a las tumbas de los Apóstoles descubrimos que podemos vivir como ellos, en la llamada de Jesús que se repite muchas veces, no solo una, y en la que todos, especialmente en el Jubileo, podemos esperar.
El Papa comentó que en el Nuevo Testamento “los errores, contradicciones y pecados de quienes veneramos como los más grandes Apóstoles” no fueron ocultos, sino que “su grandeza fue moldeada por el perdón”.
La unidad en la Iglesia y entre las Iglesias, hermanas y hermanos, se nutre del perdón y la confianza mutua. Empezando por nuestras familias y comunidades. De hecho, si Jesús confía en nosotros, también nosotros podemos confiar los unos en los otros, en su nombre.
La fraternidad que no cancela las diferencias
«Esta comunión en la única confesión de la fe no es una conquista pacífica», subraya el Papa. Los dos apóstoles la alcanzan como una meta a la que llegan después de un largo camino, en el cual cada uno ha abrazado la fe y ha vivido el apostolado de manera diversa.
Su fraternidad en el Espíritu no borra la diversidad de sus orígenes: Simón era un pescador de Galilea, Saulo en cambio un riguroso intelectual perteneciente al partido de los fariseos; el primero deja todo inmediatamente para seguir al Señor; el segundo persigue a los cristianos hasta que es transformado por Cristo Resucitado; Pedro predica sobre todo a los judíos; Pablo es impulsado a llevar la Buena Noticia a los gentiles.
Enfrentamientos con franqueza evangélica
El Papa cita un pasaje de la Carta a los Gálatas:
«Cuando Cefas llegó a Antioquía, yo le hice frente porque su conducta era reprensible» (Ga 2,11).
Y de dicha cuestión, como sabemos, se ocupará el Concilio de Jerusalén, en el que los dos apóstoles seguirán debatiendo».
La historia de Pedro y Pablo nos enseña que la comunión a la que el Señor nos llama es una armonía de voces y rostros, no anula la libertad de cada uno. Nuestros patronos han recorrido caminos diferentes, han tenido ideas diferentes, a veces se enfrentaron y discutieron con franqueza evangélica. Sin embargo, eso no les impidió vivir la concordia apostolorum, es decir, una viva comunión en el Espíritu, una fecunda sintonía en la diversidad.
A continuación, citando a san Agustín, que en el Sermón 295 se refiere a la “unidad” de los dos apóstoles, dice:
«En un solo día celebramos la pasión de ambos apóstoles. Pero ellos dos eran también una unidad; aunque padeciesen en distintas fechas, eran una unidad».
Puentes de unidad en la variedad de los carismas
Esta comunión eclesial – explica además León XIV – «nace del impulso del Espíritu, une las diversidades y crea puentes de unidad en la variedad de los carismas, de los dones y de los ministerios». E indica:
Es importante aprender a vivir la comunión de ese modo, como unidad en la diversidad, para que la variedad de los dones, articulada en la confesión de la única fe, contribuya al anuncio del Evangelio. Estamos llamados a caminar por esta senda, mirando precisamente a Pedro y Pablo, porque todos necesitamos de esa fraternidad.
Que nuestras diversidades sean taller de unidad y comunión
Todos necesitamos de esa fraternidad: «la Iglesia, las relaciones entre los laicos y los presbíteros, entre los presbíteros y los obispos, entre los obispos y el Papa, así como lo necesitan la vida pastoral, el diálogo ecuménico y la relación de amistad que la Iglesia desea mantener con el mundo», afirma el Pontífice y exhorta:
Comprometámonos a hacer de nuestras diversidades un taller de unidad y comunión, de fraternidad y reconciliación para que cada uno en la Iglesia, con la propia historia personal, aprenda a caminar junto con los demás.
Apertura a los cambios y escucha de los acontecimientos
Los santos Pedro y Pablo nos interpelan también sobre la vitalidad de nuestra fe, afirma seguidamente el Papa, evidenciando cómo, en la experiencia del discipulado, «siempre existe el riesgo de caer en la rutina, en el ritualismo, en esquemas pastorales que se repiten sin renovarse y sin captar los desafíos del presente».
En la historia de los dos apóstoles, en cambio, nos inspira su voluntad de abrirse a los cambios, de dejarnos interrogar por los acontecimientos, los encuentros y las situaciones concretas de las comunidades, de buscar caminos nuevos para la evangelización partiendo de los problemas y las preguntas planteados por los hermanos y hermanas en la fe.
«Y ustedes, ¿quién dicen que soy?»
La pregunta que Jesús hace a sus discípulos en el Evangelio, «Y ustedes, ¿quién dicen que soy?» interpela a cada creyente también hoy “para que podamos discernir si el camino de nuestra fe conserva dinamismo y vitalidad, si aún está encendida la llama de la relación con el Señor”, afirma León XIV e indica:
Cada día, en cada momento de la historia, siempre debemos prestar atención a esta pregunta
Al servicio de la unidad y la comunión
Hay también otro elemento que el Papa León enfatizó y concierne a los «cristianos a quienes el Evangelio hace generosos y audaces incluso a costa de sus vidas».
Existe, dijo, un ecumenismo de sangre, una unidad invisible y profunda entre las Iglesias cristianas, que aún no viven una comunión plena y visible entre sí. Por ello, deseo confirmar en esta solemne fiesta que mi servicio episcopal es un servicio a la unidad y que la Iglesia de Roma está comprometida, por la sangre de los santos Pedro y Pablo, a promover la comunión entre todas las Iglesias.
En contraste con la mentalidad mundana
Un servicio a la unidad nace de las piedras desechadas, una transformación que se realiza en Cristo, «la piedra, de la que Pedro también recibe su nombre».
«Una piedra desechada por los hombres y que Dios ha puesto como piedra angular»; piedras que están en los márgenes, «fuera de los muros», como las que construyen la Plaza de San Pedro y las Basílicas Papales de San Pedro y San Pablo.
Lo que nos parece grande y glorioso fue primero rechazado y expulsado, porque contrasta con la mentalidad mundana. Quienes siguen a Jesús se encuentran caminando por el camino de las Bienaventuranzas, donde la pobreza de espíritu, la mansedumbre, la misericordia, el hambre y la sed de justicia, y el trabajo por la paz, encuentran oposición e incluso persecución. Sin embargo, la gloria de Dios brilla en sus amigos y los moldea a lo largo del camino, de conversión en conversión.
CIUDAD DEL VATICANO.
DOMINGO 29 DE JUNIO DE 2025.

