El cardenal Walter Brandmüller, de 97 años, escribe sobre la «sinodalidad» en un texto publicado por Sandro Magister.
Las afirmaciones principales del reconocido prelado, son:
– Según la concepción católica clásica, un sínodo es una reunión de obispos con el fin de ejercer conjuntamente su ministerio docente y pastoral.

– En 1965, Pablo VI creó el denominado Sínodo de los Obispos como órgano consultivo del Papa.
– Los órganos de reciente creación cuyos miembros incluyen, además de obispos, a sacerdotes y fieles laicos de ambos sexos no pueden denominarse propiamente «sínodos».
– Por supuesto, se puede confiar una función consultiva a laicos competentes. Sin embargo, siempre que se practique dicha colaboración, se debe evitar cuidadosamente cualquier uso engañoso de los términos «sínodo», «sinodalidad» y similares, y buscar, en su lugar, un término que exprese adecuadamente la situación real.
– La creación de tales órganos surge de un esfuerzo por adoptar estructuras laicas y procedimientos democráticos en el seno de la vida de la Iglesia.
Lo que ahora se propone en el ámbito católico,
es un tipo de sínodo
inspirado en el modelo protestante,
cuyos miembros son elegidos democráticamente
de entre pastores y hombres y mujeres
de diversos ámbitos profesionales
y contextos culturales,
todos ellos con igual derecho a voz.
El propio Lutero formuló estas ideas
en sus escritos polémicos de 1520.
Al negar categóricamente la institución
por parte de Jesucristo
del sacramento del Orden,
sostenía que el bautismo por sí solo
es suficiente para convertir
a un hombre o a una mujer
en sacerdote, obispo y papa.
Es evidente
que tal concepto de sinodalidad
es incompatible con la eclesiología católica.
CIUDAD DEL VATICANO.

