La Misa concelebrada: debilita el vínculo intrínseco entre el sacerdote y la ofrenda de la Víctima divina

ACN

La introducción generalizada y el posterior uso generalizado de la concelebración sacramental en la práctica litúrgica contemporánea, han asestado un duro golpe tanto a la comprensión del sacerdocio ordenado como a la naturaleza misma del Santo Sacrificio.


En efecto,
al transformar la Misa de un acto de culto solemne y objetivo…a una manifestación esencialmente colectiva y congregacional, el vínculo intrínseco entre el sacerdote y la ofrenda de la Víctima divina se ha debilitado progresivamente.

El sacerdote, de hecho, realiza plenamente su identidad metafísica cuando actúa in persona Christi, ofreciendo personal y singularmente el Sacrificio salvador en el cáliz y en la patena; por contra, la reducción de su papel a una declamación coral y simultánea de fórmulas, a menudo perdidas en el bullicio del santuario, atenúa la dramática y gloriosa soledad del mediador entre Dios y la humanidad.

Desde una perspectiva dogmática y sacramental, el daño más grave y tangible reside en la drástica reducción del número de Santas Misas celebradas en todo el mundo.

La teología católica enseña que cada celebración individual del Sacrificio de la Cruz en el altar posee un valor infinito en sí misma, pero la aplicación de sus frutos es distinta y se multiplica con la multiplicación de las celebraciones.

Por lo tanto, donde antes veinte sacerdotes, celebrando individualmente en otros tantos altares, ofrecían a Dios veinte actos de culto supremo y derramaban sobre la Iglesia una abundancia de gracias para los vivos y los difuntos, hoy una sola concelebración colectiva reduce ese tesoro espiritual a un solo acto litúrgico.

Este desarrollo también ha socavado la sublime eclesiología visible que el Vetus Ordo [Misa Tridentina o Misa Tradicional] ha preservado durante siglos, ahora mediante la llamada «concelebración ceremonial».

Así es:

  • En la Misa Solemne o Pontifical, la presencia de otros sacerdotes en el coro —vestidos con sus hábitos corales o, en el caso de las Misas Capitulares o Pontificales, con capa pluvial, casulla o dalmática sobre roquete— no disminuía su ministerio, sino que manifestaba vívidamente el orden jerárquico del Cuerpo Místico de Cristo, donde cada miembro participa en el rito según su rango y función.
  • Por el contrario ahora, con la actual aglomeración de sacerdotes alrededor de una sola mesa ha generado, en cambio, confusión visual y ritual: porque el altar pierde su trascendencia sagrada, transformado en un escenario para la acción colectiva, dentro del cual la ruptura del silencio de adoración que siempre ha rodeado y protegido el Canon, compromete su sentido de misterio.

Como consecuencia de esto último, la concelebración diaria y ordinaria se revela así no como un enriquecimiento de la vida eclesial, sino como un empobrecimiento místico y teológico que adormece el celo sacerdotal y priva a las almas de los frutos espirituales del Altar.

En conclusión, también es necesario subrayar el carácter limitado de las acciones que pueden realizar los concelebrantes: solo leer el Evangelio y participar en la Plegaria Eucarística.

Por DIEGO BOSSONI.

8 DE AGOSTO DE 2026.

MIL.

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