La ministra, el plagio y el pecado

Editorial ACN Nº53

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El escándalo en torno al plagio de la tesis de la ministra Yasmín Esquivel Mossa se desató después de la investigación de medios de comunicación que evidenciaron el calco de la tesis que le hizo merecedora al título profesional de licenciada en derecho en 1987. A partir de eso, comentarios y reprobaciones han ido y venido en torno a la responsabilidad de la ministra, su papel en la Suprema Corte de Justicia de la Nación (SCJN) y la capacidad de ser imparcial a los intereses de la justicia genuina que obedezca exclusivamente al propósito del derecho y de la naturaleza de un Poder de la Unión afectado en su reputación.

Esquivel Mossa es carta del presidente López Obrador y esposa de su contratista favorito. De eso no hay duda, el favor se paga con favores. Con eso, AMLO ya tiene un as bajo la manga para inclinar un poco las decisiones del Poder Judicial a su favor. Según presume la biografía de la ministra en el ojo del huracán, ella “ha destacado por su lucha en la defensa y promoción de los derechos humanos, enfatizando a grupos en condiciones de vulnerabilidad, como mujeres, niños, niñas, adolescentes, personas con discapacidad y adultos mayores” y su trayectoria profesional tiene 35 años ostentando, además, el grado de maestra en “Administración de Instituciones Educativas y doctora en Derecho por la Universidad Anáhuac en convenio con Universidad Complutense de Madrid”.

La UNAM, institución que le dio el título profesional, ha reconocido que el plagio existe, es evidente y, como lo señaló el rector Graue Wiechers, es un “doloroso” tema que pone en entredicho la reputación de la Máxima Casa de Estudios, “no es cosa menor, es una usurpación de ideas y talentos, que pone en entredicho la ética y la moral de quien lo comete”, un señalamiento que apuntó directo a la reputación de la consentida de AMLO quien gozará de las mieles, privilegios, emolumentos, prestigio y posición de ministra de la Suprema Corte de Justicia de la Nación hasta el 2034, decisión aprobada por el senado en 2019 al ser designada sucesora de la ministra Margarita Luna Ramos.

Pero Yasmín Esquivel es imperturbable y no es una caña que resquebraje el viento. En otros países, con otras condiciones donde la justicia, probidad y calidad morales estén en entredicho para cualquier funcionario que haya cometido esta conducta, ya se le habría revocado el nombramiento e invitado a una renuncia digna. Pero no en México. Yasmín Esquivel sabe que su permanencia en el Poder Judicial obedece al favor del presidente; AMLO la sostiene y lanza la perorata contra todos lo que cuestionan su designación. Un asiento en la SCJN es esencial para un proyecto de gobierno que ya es cuestionado ahora en su calidad moral y ética.

AMLO ha dicho en defensa de su plagiaria: “El que esté libre de pecado, arroje la primera piedra”, en una burda manipulación del texto evangélica de Juan 8, 1-11. Para él, todos serían deshonestos intelectuales que toman en provecho las ideas de los demás, pero AMLO es un brillante usufructuante de las lemas y dichos religiosos para enjuagarse la cara y lavarse las manos a la manera del asesino Pilato. Que la conducta de la plagiaria tiene consecuencias por sus actos de derecho, es indiscutible debido a esos resquicios legales de los que se ha valido para permanecer incólume, pero su honorabilidad está lastimada y será difícil reponerla.

Y si se trata de usar frases del evangelio para defender a una plagiaria, en el ámbito de la ética, que es una condición propia del ser humano, hay aristas que la moral y doctrina social cristiana han expuesto y pueden encuadrarse a la conducta de Esquivel, independientemente de sus convicciones religiosas o del credo que forme parte, si es que así lo tiene. Desde esta óptica, el séptimo mandamiento de la Ley de Dios prohíbe tomar y retener los bienes del prójimo, incluso los intelectuales. Y el Catecismo de la Iglesia Católica indica que es un acto ilícito y moralmente reprobable “la usurpación del bien ajeno contra la voluntad razonable de su dueño… y provoca la corrupción mediante la cual se vicia el juicio de los que han de tomar decisiones conforme a derecho”. (No. 2408 y 2049)

Sin duda, esta situación seguirá, pero los defensores de la plagiaria harán un muro para contener la inercia del escándalo. Y permanecerá en su asiento de la SCJN como un monumento a la impunidad y deshonestidad éticas. Así es este régimen donde incluso, moralmente, el pecado es recompensado.

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