La mayoría de los argelinos no sabe quién es San Agustín y desconoce que León XIV visitará su país.

ACN

* El cardenal Vesco pinta la visita del Papa a Argelia con un lenguaje agradable …que no concuerda con la realidad.

Entre la memoria evocada y la realidad vivida, la brecha es profunda, y hay palabras que tranquilizan, buenas intenciones que nos impulsan y otras que nos obligan a confrontar la realidad.

Al presentar a San Agustín como un posible «puente» entre cristianos e islam, el cardenal Vesco se sitúa dentro de un marco de diálogo. Pero, ¿puede este diálogo basarse en tal afirmación? Porque la realidad actual en Argelia no guarda semejanza alguna con esta visión pacífica.

En primer lugar, es importante recordar un hecho sencillo: San Agustín, aunque nació en esta tierra, ya no está presente.

Sus restos reposan en Italia, en Pavía, en la Basílica de San Pietro in Ciel d’Oro.

Este traslado prolongado
revela algo más profundo:
el cristianismo,
antaño profundamente arraigado
en el norte de África,
no sobrevivió allí
como una fuerza dominante o determinante.
Además,
y lo que es más importante,
la situación actual
de los cristianos en Argelia
está marcada
por restricciones y persecuciones
concretas y reiteradas.

Es en este contexto que tendrá lugar la visita del Papa León XIV del 13 al 15 de abril.

  • Aunque los textos religiosos no prohíben explícitamente las conversiones al cristianismo, en la práctica se criminalizan y se castigan severamente.
  • El simple hecho de declarar públicamente la conversión puede acarrear un proceso judicial.
  • Mientras tanto, los lugares de culto se cierran con frecuencia.
  • Numerosas iglesias protestantes, sobre todo en Cabilia, se han visto obligadas a cesar sus actividades.
  • Oficialmente, esto se debe a razones administrativas, pero en realidad, estos cierres forman parte de una política de estricto control sobre el culto cristiano.
  • Comunidades enteras se ven así privadas de lugares donde rezar.

La situación de los cristianos cabilios resulta particularmente reveladora y preocupante en este sentido. Son, por decirlo de alguna manera, doblemente perseguidos:

  • como cristianos, en un entorno donde su fe es vista con recelo;
  • y como cabilios, en un contexto político y identitario ya de por sí tenso.

Esta doble identidad los hace más vulnerables, los aísla y los debilita.

¿Podemos hablar seriamente de un «puente» en estas condiciones?

Un puente
presupone el reconocimiento mutuo,
la libertad de ambas partes
y la posibilidad de movimiento.

Sin embargo,
aquí la realidad es de profunda asimetría.
El cristianismo apenas se tolera,
nI se practica ni se transmite libremente.

En este contexto, la invocación de San Agustín como figura común parece desvinculada de la realidad. Es más un símbolo que un verdadero punto de referencia. Aún más preocupante es el silencio que rodea estas realidades durante el discurso del Cardenal Vesco. Ni una palabra sobre las conversiones obstaculizadas. Ni una palabra sobre las iglesias cerradas. Ni una palabra sobre la situación concreta de los cristianos, y en particular, de los protestantes cabilios.

Esta omisión plantea interrogantes.

La Iglesia
no puede conformarse
con un discurso de recuerdo y benevolencia,
si no habla también del presente.

No puede invocar a San Agustín,
sin mencionar a quienes,
hoy,
viven su fe
en medio de la persecución
en la misma tierra donde él vivió.

No se trata de rechazar
el diálogo con el islam.
Este diálogo es necesario.
Pero no puede basarse
en aproximaciones ni silencios.
Debe fundamentarse en la verdad.
Y la verdad es exigente.

  • Afirma que la libertad religiosa en Argelia se ve constantemente obstaculizada, incluso destruida.
  • Afirma que las comunidades cristianas están bajo una presión constante.
  • Afirma que la conversión sigue siendo un tema tabú.

En estas circunstancias,
la visita del Papa
no puede limitarse
a gestos simbólicos.

No puede eludir una declaración clara
sobre la libertad de culto,
sobre el derecho a la libertad de conciencia,
sobre la situación concreta de los cristianos.

San Agustín
no es una figura decorativa.
Es un testigo de la verdad,
un hombre de conversión,
un buscador de Dios.
Invocarlo,
no implica evadir la realidad.

Un verdadero puente no se construye con fórmulas, sino sobre bases sólidas. Y estas bases, hoy, requieren un reconocimiento objetivo de las experiencias de los cristianos en Argelia. Sin esto, existe un gran riesgo de que el simbolismo reemplace la realidad y que el diálogo pierda credibilidad.

Por PHILIPPE MARIE.

VIERNES 10 DE ABRIL DE 2026.T

CH.

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