La inteligencia artificial debe servir a los médicos, no sustituirlos: «Un algoritmo puede ofrecer un diagnóstico, pero no consuelo»

ACN

Una gobernanza ética de la tecnología médica, basada en la dignidad humana, pidió l cardenal Pietro Parolin pidió en la inauguración de un centro dedicado a la Inteligencia Artificial en Roma.

La inteligencia artificial nunca debe suplantar a los humanos, sino permanecer a su servicio. Este fue el mensaje central del cardenal Pietro Parolin, Secretario de Estado de la Santa Sede, en el Instituto Superior de Salud de Roma.

Con motivo de la inauguración de un nuevo Centro para el Estudio y el Desarrollo de la Inteligencia Artificial, que contará con la participación de expertos designados por el Vaticano, el cardenal pronunció una lectio magistralis sobre la «Ética de la Inteligencia Artificial ».

Este discurso, que marcó la inauguración oficial del centro, ofreció una reflexión lúcida y mesurada sobre las promesas y los peligros de esta revolución tecnológica que ya está afectando al corazón de la medicina.

Ante un público de investigadores y médicos, el cardenal Parolin reconoció en la inteligencia artificial «un horizonte prometedor». Pero inmediatamente advirtió sobre el riesgo de deshumanizar la eficiencia.

El futuro, enfatizó, dependerá de la elección entre una tecnología centrada en el rendimiento y una inteligencia artificial «iluminada por la ética» y puesta «al servicio del bien integral de cada persona».

«La Santa Sede seguirá trabajando, en diálogo con todos los hombres y mujeres de buena voluntad, para garantizar que la tecnología siga siendo lo que debe ser: un medio al servicio de un mundo más justo, más fraterno y más humano», declaró el cardenal.

La inteligencia artificial, añadió, cuestiona directamente la dignidad humana, que «ninguna máquina podrá jamás reproducir ni reemplazar».

En el ámbito médico, el potencial de la inteligencia artificial es inmenso.

El cardenal Parolin citó los avances ya observados:

  • la lectura de radiografías con mayor precisión,
  • el desarrollo de nuevos fármacos
  • y la personalización de terapias basadas en perfiles genéticos.

Estos avances podrían conducir a una mejor distribución de los recursos y a un acceso más equitativo a la atención médica en las regiones pobres. Sin embargo, advirtió que estos avances solo son significativos si la tecnología sigue siendo una herramienta que facilita el discernimiento del médico, nunca un sustituto.

Un algoritmo puede ofrecer un diagnóstico, pero no puede ofrecer una palabra de consuelo», recordó el cardenal, enfatizando la dimensión profundamente humana de la atención.

El Secretario de Estado señaló entonces varios riesgos.

  • Primero, el de la deshumanización de la atención, donde la relación médico-paciente se reduciría a un intercambio de datos.
  • Luego, el de la discriminación algorítmica:

Los sesgos contenidos en las bases de datos corren el riesgo de reproducir injusticias sociales y crear un auténtico “apartheid sanitario”.

Finalmente, el cardenal Parolin planteó la cuestión ética más grave: la de una cultura de rechazo basada en el rendimiento. 

¿Qué valor asignará un algoritmo
a la vida de una persona mayor,
de un enfermo terminal,
de un feto con una malformación?»,
preguntó.

Para la Iglesia,
recordó,
«toda vida tiene un valor infinito,
desde la concepción hasta la muerte natural». 

La Iglesia católica, recordó el cardenal Parolin, acoge el progreso científico «con admiración y prudencia».

Aboga por una gobernanza «humanitaria y humanista» de la tecnología, basada en el diálogo constante entre investigadores, filósofos, teólogos y líderes políticos.

Volviendo a la iniciativa del Llamamiento de Roma a la Ética de la IA , el cardenal recordó los principios esenciales que la Santa Sede pretende promover: transparencia, inclusión, rendición de cuentas, imparcialidad, fiabilidad, seguridad y confidencialidad.

«La decisión final, especialmente cuando se trata de vida o muerte, debe estar siempre en manos de un ser humano capaz de prudencia, compasión y sabiduría », insistió.

Para concluir, el cardenal Parolin confirmó la disposición de la Santa Sede a colaborar activamente con el Centro para el Estudio y el Desarrollo de la Inteligencia Artificial, para que esta revolución tecnológica sirva a la dignidad de toda persona. Porque, recordó«la verdadera plataforma de la inteligencia artificial no es la máquina, sino el hombre».

Por QUENTIN FINELLI.

JUEVES 16 DE OCTUBRE DE 2025.

TCH.

Comparte:
ByACN
Follow:
La nueva forma de informar lo que acontece en la Iglesia Católica en México y el mundo.