Muchos de nosotros experimentamos desánimo espiritual, aridez o incluso rebelión contra Dios en algún momento de nuestras vidas.
Una crisis de fe es un fenómeno común que afecta tanto a laicos como a clérigos.
El padre Bogusław Kowalski, es capaz no solo de comprenderlo, sino también de guiar a través de la oscuridad espiritual.
El padre Kowalski no es un teórico, sino un practicante: un párroco que conoce a los feligreses, sus preocupaciones, problemas e historias. Compañero de vida y hermano del padre Piotr Pawlukiewicz durante muchos años.
Basándonos en sus conmovedores y humorísticos sermones, presentamos 5 maneras de afrontar una crisis de fe.
1. No huyas, llama.
Una crisis de fe no es motivo para distanciarse. Es un momento en el que vale la pena, como Bartimeo, gritar desde lo más profundo del corazón: «¡Jesús, Hijo de David, ten piedad de mí!». Este mendigo ciego del Evangelio no esperó el momento perfecto. Gritó cuando otros le dijeron que guardara silencio. Y sanó.
El padre Kowalski sugiere:
No tengamos miedo de decir: Espíritu Santo, no puedo más. Transforma mi mente, mi corazón. Él está esperando para intervenir».
2. Aceptar que la Iglesia no es un spa
En tiempos de crisis, es fácil caer en la tentación de cambiar de «proveedor espiritual«.
Mientras tanto, la Iglesia no es un spa; no siempre es agradable. A veces duele. Pero como un masajista: duele porque sana.
El padre Kowalski nos recuerda que la Palabra de Dios tiene el poder de conmovernos profundamente, incluso si a veces un sermón acertado nos enoja o nos avergüenza.
Qué bien. Porque a veces hay que detenerse, darse golpes de pecho y preguntarse: ¿Estoy realmente caminando por el camino hacia Dios?
3. Busca pastores que no jueguen un papel
Una vez, un sacerdote borracho escandalizó a la parroquia. Y qué bueno que escandalizó —dice el padre Kowalski—, porque la gente tiene derecho a exigir. Tiene derecho a ver al sacerdote como un pastor, no como un mercenario. Y la Iglesia y el mundo necesitan pastores así hoy.
El padre Boguś no solo habla; él mismo vive cerca de la gente, soporta sus problemas y conoce sus nombres. Recuerda los retiros dirigidos por el padre Pawlukiewicz, tras los cuales la gente decía: «Solo me habla a mí». Porque un buen predicador no moraliza, sino que llega al corazón.
4. Acepta que la caída es el comienzo del ascenso.
Cada pecado, cada alejamiento, puede ser el comienzo de un regreso.
Cristo no rechaza. Le dice a la mujer sorprendida en adulterio: «Vete y no peques más». El padre Kowalski repite muchas veces que Dios no tiene suficiente de nadie. Y que a veces hay que perderse para descubrir la grandeza de la Misericordia de Dios.
Él mismo había visto muchas veces a sacerdotes volver de abajo a arriba, gracias al apoyo de la comunidad y a la humildad.
5. Confía en María, la Madre que todo lo entiende.
Siempre conduce a Dios.
El Padre Boguś habla con ternura de María como una Madre que conoce nuestro sufrimiento. Conoce la oscuridad, el miedo, la duda. Conoce el dolor de una madre, conoce la soledad. Y, sin embargo, nunca se rindió.
Muchas parejas, familias e individuos se salvaron al acudir a María. A Częstochowa, a Lourdes, a la capilla del camino. Con un rosario en la mano. Con lágrimas en los ojos. Con la súplica de un milagro.
El padre Bogusław Kowalski nos recuerda que cada uno tiene su propio Belén y su propio Gólgota. Pero también estamos invitados a la eternidad. No hay camino tan lejano que Dios no pueda apartarnos de él. Y no hay noche tan oscura que la luz del amor de Dios no la atraviese.
La fe no es una emoción. Es una decisión. Y el regalo más hermoso que podemos renovar a diario.

Por P. BOGUS KOPWALSKI.


