Roma fecha su propaganda con encantadora precisión: 8 de enero de 2026. Dos piezas curiales, dos sonrisas refinadas, un mensaje: el proyecto posconciliar sigue vivo; simplemente cambia de vestuario.
- El argumento de venta de Fernández: “No una proclamación obsesiva de doctrinas y normas”…en realidad significa el fin de la predicación tal como la entendió siempre la Iglesia
- El plan de Baggio
- Convierte a Roma sólo en un centro de escucha,
- a los obispos en meros gestores…
- y a la sinodalidad en doctrina por proceso
- La mentira compartida: hablan como misioneros mientras desmantelan la estructura católica que hace posible la misión
- Cómo se ve esto en la práctica: El “segundo lugar” es donde la fe va a morir
- La respuesta preconciliar: El Evangelio no es un núcleo más extras opcionales; es una religión completa con dogma, culto, sacramentos y ley.
León XIV nos «insta a releer» la Evangelii gaudium y la máquina zumba obedientemente.
Y entonces, el cardenal argentino Tucho Fernández ofrece el perfume teológico y Baggio proporciona el plan de gestión. Juntos realizan el mismo truco que el sistema ha realizado durante sesenta años:
- Reducir la fe católica a un núcleo cálido,
- Relegar todo lo que la hace católica a «secundario»,
- Y luego llamar a la demolición «reforma», «escucha» y «misión».
Afirman estar rescatando la esencia del Evangelio. En realidad, lo están enterrando:
- bajo un eslogan terapéutico,
- bajo un programa sociológico
- y una burocracia acostumbrada a tratar el dogma como basura.
He aquí sus textos:


El argumento de venta de Fernández: “No una proclamación obsesiva de doctrinas y normas”…en realidad significa el fin de la predicación tal como la entendió siempre la Iglesia
Fernández comienza con una orden: releer la Evangelii gaudium, como si la relevancia de un documento se creara por decreto papal y no por fidelidad a lo que Cristo transmitió. Insiste en que «no ha caducado» y luego revela por qué.
- El texto funciona como un disolvente permanente.
- Disuelve la religión católica en un «kerigma» estrechamente definido, emocionalmente enmarcado y estratégicamente aislado de las «doctrinas y normas» que la Iglesia una vez predicó como la forma misma del Evangelio en la historia.
Cita con orgullo la frase clave: la exhortación «no se centra en una proclamación obsesiva de todas las doctrinas y normas de la Iglesia», dice.
Esa frase es una confesión. En el viejo mundo, la Iglesia enseñaba doctrina porque las almas debían saber:
- lo que Dios ha revelado,
- lo que la Iglesia propone infaliblemente,
- qué es el pecado,
- qué es la gracia,
- qué es el juicio,
- qué hacen los sacramentos,
- qué exige la cruz,
- qué obligan los mandamientos,
- qué significa la condenación.
El nuevo mundo oye «doctrinas y normas» y se acuesta en el lecho de desmayo.
Ahora, para Tucho y los suyos, el médico se convierte en el villano, la enfermedad en «complejidad» y la cura en «simplificación».
Fernández llama al kerygma «la belleza del amor salvador de Dios», e inmediatamente después trata la «belleza» como un problema de transmisión. «Se requiere creatividad», dice. El mensaje debe ser «atractivo», añade. Los fieles deben «admirarlo», pide. La audiencia debe «sentirse atraída»,afirma.
Pero en realidad, lo que dice el cardenal Tucho Fernández es un lenguaje publicitario imbuido de teología. Convierte la predicación en una estrategia de marca y el púlpito en un departamento de marketing.
La Iglesia antigua predicaba:
- A Cristo crucificado,
- el escándalo y la espada,
- la puerta estrecha,
- la necesidad de la conversión,
- el temor de Dios que da origen a la sabiduría,
- la exigencia de arrepentimiento, restitución, obediencia, fidelidad, mortificación y la vida sobrenatural.
Fernández ofrece una propuesta más fluida:
«Jesucristo te ama… vive a tu lado cada día para iluminarte, fortalecerte y liberarte».
Pero tal frase en sí misma suena inofensiva. Pero en manos de Tucho se convierte en_
- un sustituto,
- una tarjeta de felicitación universal diseñada para sobrevivir al contacto con cualquier estilo de vida,
- cualquier desorden moral,
- cualquier confusión doctrinal,
- cualquier vandalismo litúrgico.
- Se puede predicar en cualquier tono porque no te ata a nada concreto.
Y entonces viene el verdadero veneno:
«No todas las verdades de la doctrina de la Iglesia tienen la misma importancia».
Los católicos siempre han distinguido los niveles de doctrina con precisión, basándose en el objeto revelado y la autoridad que lo propone. Fernández usa esta idea como una palanca. Convierte el «orden» en «opcional». Convierte el «corazón» en una excusa para tratar todo lo demás como un envoltorio desechable.
Una vez dado ese paso, todo sigue con inevitabilidad burocrática: «Ecclesia semper reformanda», declara, como si la Iglesia fuera una empresa emergente que necesita una reestructuración continua.
- Para Tucho y todos los revolucionarios, el movimiento constante es la clave.
- La reforma permanente significa inestabilidad permanente, revisión permanente, degradación permanente de lo que se resiste a las nuevas prioridades.
- Enuncia abiertamente la regla operativa: poner en «segundo plano lo que no sirve directamente para llegar a todos con este primer anuncio».
- El segundo lugar se convierte en tercero, luego en olvidado, luego en tratado como una patología.
- Así es como para los revolucionarios como Tucho, la doctrina se convierte en una vergüenza, la ley moral en «obsesiónpara los frevor» y el culto en un escenario donde el público debe «sentirse atraído».
Y vincula todo el asunto al «compromiso social» para que el Evangelio no se «desfigure». Observe el lector la inversión que hace Tucho:
- El Evangelio se desfigura por el pecado, la herejía, el sacrilegio, la falsa adoración, el desprecio por el dogma y la negativa al arrepentimiento.
- Pero por el contrario, en el contexto de Fernández, la desfiguración proviene de una programación social insuficiente y un tono terapéutico inadecuado.
- El resultado es predecible: lo sobrenatural se subordina al activismo y la cruz se trata como un símbolo motivador para la «promoción humana».
Luego termina con el adorno espiritual: «espíritu misionero», «entusiasmo», «audacia», fruto «más allá de lo que podemos verificar».
Una neblina de lenguaje edificante que no pide nada concreto ni condena nada concreto.
- Los santos tenían fuego porque creyeron verdades concretas, combatieron errores concretos, denunciaron pecados concretos, soportaron persecuciones concretas y buscaron una corona concreta.
- Pero en cambio Fernández ofrece ardor sin claridad, celo sin doctrina, misión sin conversión.
El método Fernández: hacer que la doctrina parezca “obsesiva”, que la ley moral parezca “enterrada”, que la Iglesia suene protestante
La técnica revolucionaria es sencilla:
- Primero, tratar el dogma y la ley moral como un montón de «temas» que distraen del «anuncio central».
- Segundo, reemplazar el contenido concreto de la predicación católica con una proclamación superficial que pueda compartirse con la modernidad sin conflicto.
- Tercero, llamar a la resistencia «miedo», llamar a la precisión «rigidez», llamar a la catequesis «obsesión», llamar a la disciplina «falta de atractivo».
- Cuarto, insistir en que León XIV simplemente añade «cambios» mientras mantiene el motor en marcha.
Ese es el objetivo de invocar la Evangelii gaudium el 8 de enero de 2026: León XIV hereda la arquitectura de Francisco y pide a la curia que deje de fingir lo contrario.
El plan de Baggio


Praedicate Evangelium:
Convierte a Roma sólo en un centro de escucha,
a los obispos en meros gestores…
y a la sinodalidad en doctrina por proceso
El trabajo de Baggio es lo que sucede cuando la misma teología se traduce al diseño institucional:
- Comienza con la verdad de que la Iglesia debe anunciar el Evangelio,
- luego define el anuncio del Evangelio como una «conversión misionera» que garantiza la fidelidad a ser «luz»,
- y luego introduce el verdadero objetivo: «un renovado ejercicio de aggiornamento iniciado por el Concilio Vaticano II».
- Ahí está, en lenguaje sencillo: El Concilio sigue siendo el fundamento legal de la Tevolución. La curia se está remodelando para servirle con mayor «eficacia».
Vincula la misión a la «comunión» y luego define la comunión en clave posconciliar: la Iglesia imita a la Trinidad mediante la «comunión ad intra» y la «misión ad extra». La frase suena elevada. Funciona como justificación para aplanar la autoridad. La Trinidad, es usadapara convertirla en un apoyo retórico para un programa de procesos, asambleas, escucha recíproca y «caminar juntos», que es romanticismo burocrático disfrazado de teología.
Baggio admite que Praedicate Evangelium introduce «muchos elementos novedosos». Considera la novedad como una característica:
- En el mundo católico, antes de la ruptura, la novedad en la eclesiología y el gobierno generaba alarma, ya que suele significar discontinuidad con lo que la Iglesia ya ha juzgado, enseñado y encarnado a lo largo de los siglos.
- Aquí, ahora, la novedad se celebra como evidencia de que la reforma sigue vigente.
Destaca tres pilares:
- El primero es el «doble servicio»: la curia sirve al Papa y también a los obispos. La vieja verdad persiste: el Papa posee la jurisdicción suprema y la curia es su instrumento. El nuevo énfasis, ahora, trata de poner a la curia como plataforma de servicio para las conferencias episcopales, las agrupaciones regionales y las estructuras continentales. Así, con ello, el poder migra de las líneas de autoridad claras a redes y comités. La responsabilidad se difunde; la rendición de cuentas se evapora.
- El segundo es la descentralización: Roma no debería «sustituir» a los obispos locales en los asuntos que surgen en sus territorios. En un contexto católico sano, la subsidiariedad tiene límites y Roma protege la unidad de doctrina, disciplina y culto. Sin embargo ahora, en el contexto posconciliar, la descentralización se convierte en un mecanismo para permitir experimentos en todas partes, manteniendo una vaga «comunión» como paraguas simbólico. Y así, con ello, resulta que una diócesis bendice lo que otra condena, una conferencia «discierne» lo que otra rechaza, y a los fieles se les dice que la diversidad es el Espíritu. Roma entonces nombra jueces y emite textos procesales para gestionar el caos que ha creado, mientras afirma haber empoderado a los pastores locales.
- El tercero es, no podía faltar, la sinodalidad, definida como la escucha recíproca y el caminar juntos. Cita el imaginartio catecismo familiar del nuevo régimen: fieles, obispos, Obispo de Roma, todos escuchándose mutuamente, todos «escuchando» al «Espíritu». El efecto práctico es una doctrina de proceso. Con ello, la verdad se convierte en lo que el proceso produce. La autoridad, con ello la convierten en la capacidad de convocar, facilitar y ratificar un consenso. La curia la convierten en un conjunto de «centros de escucha» sintonizados con «frecuencias», como un servicio de atención al cliente.
Esta es la iglesia gerencial: una curia diseñada para la consulta, la comunicación, las iniciativas de protección, los objetivos sociales y la «familia humana, la unidad y la paz». Todo se enmarca en términos horizontales. Se menciona lo sobrenatural y luego se integra inmediatamente en un programa. El depósito de la fe se convierte en gestión de contenidos.
La mentira compartida: hablan como misioneros mientras desmantelan la estructura católica que hace posible la misión
Ambos textos utilizan el mismo camuflaje: Hablan constantemente de misión, proclamación, fervor y evangelización.
Evitan los fundamentos católicos que convierten a los pecadores y preservan a los fieles:
- la doctrina precisa,
- la condena clara del error,
- el temor de Dios,
- la necesidad de la confesión sacramental,
- la ley moral objetiva,
- la realidad del pecado mortal,
- la singularidad de la verdadera Iglesia,
- la obligación de someterse a la fe íntegra,
- la sagrada liturgia como culto ofrecido a Dios en lugar de una plataforma para la comunión.
Fernández aborda explícitamente las «doctrinas y normas» como el problema.
Baggio celebra explícitamente el aggiornamento y la novedad.
Ambos se basan en la costumbre posconciliar de usar palabras grandilocuentes que antes significaban algo concreto, para luego vaciarlas hasta que signifiquen lo que el programa exige.
- La misión se convierte en activismo.
- La comunión en consenso.
- La reforma en revisión (Revolución) perpetua.
- La escucha en autoridad.
- La belleza en marketing.
- El kerigma se convierte en un eslogan que sobrevive al contacto con la modernidad, abandonando las aristas de la verdad católica.
Cómo se ve esto en la práctica: El “segundo lugar” es donde la fe va a morir
Cuando un cardenal dice que la Iglesia debe relegar a un segundo plano lo que no contribuye directamente a esta proclamación simplificada, anuncia una jerarquía de prioridades que siempre termina de la misma manera:
- La catequesis se reduce.
- La doctrina se vuelve opcional.
- La enseñanza moral se convierte en «acompañamiento».
- La liturgia en «estilo».
- La disciplina en «rigidez».
- Los santos se convierten en contenido inspirador.
- Los fieles en clientes.
- Los sacerdotes en facilitadores.
- Los obispos en administradores.
- Roma se convierte en un proveedor de servicios que gestiona una franquicia global.
En ese entorno, el mensaje más contundente y convincente triunfa, porque la medida es el efecto.
La medida de la Iglesia nunca fue el efecto.
La medida de la Iglesia es la verdad,
la fidelidad,
la santidad,
el sacrificio
y la continuidad con lo recibido.
Un mensaje convincente,
pero alejado de la plena fe católica,
convence a la gente de una religiosidad vaga
que no soporta la tentación,
el sufrimiento
ni la muerte.
La respuesta preconciliar: El Evangelio no es un núcleo más extras opcionales; es una religión completa con dogma, culto, sacramentos y ley.
- El Evangelio incluye el kerygma, y abarca todo lo que Cristo mandó enseñar y observar.
- La Iglesia no se obsesionó al enseñar doctrina e imponer disciplina.
- Actuó como una madre que sabe que el amor sin verdad es sentimentalismo, y la verdad sin amor es crueldad.
- La antigua predicación los unió al predicar al Cristo completo: Rey, Juez, Redentor, Legislador, Víctima, Sacerdote.
Fernández quiere una proclamación sin obsesión por la doctrina y las normas. Baggio quiere gobernar mediante el aggiornamento, la descentralización y el proceso sinodal. El 8 de enero de 2026 marca la continuidad: León XIV, la estructura, el vocabulario y las prioridades de Francisco, ahora impulsados por los mismos hombres que encarnan el método posconciliar.
Los fieles no están obligados a aplaudir la máquina que devora su herencia. El viejo instinto católico sigue siendo correcto: cuando se usa la «misión» para degradar la doctrina, la misión ya ha sido traicionada.
Si quieres responder a este catecismo curial, hazlo como lo hacían los católicos de antaño.
- Lee el Concilio de Trento, no la última exhortación.
- Lee la Pascendi, no el último «proceso de escucha».
- Lee el Catecismo Romano, no los anuncios publicitarios sobre el atractivo.
- Regresa a la Misa que forma católicos capaces de soportar las dificultades sin necesidad de que la Iglesia los acompañe.
- Confiésate, ayuna, reza, enseña a tus hijos la fe en su plenitud y deja de permitir que los gobernantes de Roma redefinan los términos.
Lo llaman relectura. Se lee como una rendición.

Por CHRIS JACKSON.
JUEVES 15 DE ENERO DE 2026.
HIRAETHINEXILE.

