* A los sacerdotes y obispos fieles los marginan
Hay tantos cónyuges ejemplares que podrían servir de modelo de vida cristiana para los jóvenes. En cambio, el proceso sinodal pretende acompañar uniones no sacramentales…
Louis Martin (1823–1894) y Zélie Guérin (1831–1877), padres de Santa Teresa del Niño Jesús y de la Santa Faz, fueron canonizados juntos en 2015. En el décimo aniversario de su canonización, el 1 de octubre, el Papa León XIV dirigió una extensa carta al obispo Bruno Feillet, obispo de Séez, de la cual vale la pena citar los pasajes más importantes:
Entre las vocaciones a las que Dios llama a hombres y mujeres, el matrimonio», dice el Papa, «es una de las más nobles y sublimes. (…) Luis y Celia comprendieron que podían aspirar a la santidad no a pesar del matrimonio, sino a través del matrimonio, en el matrimonio y juntos como esposos; que su unión debía ser el punto de partida para crecer juntos hacia Dios.
«Los santos esposos de Alençon son, por lo tanto, un modelo claro e inspirador para todos aquellos que ya han emprendido este camino o desean emprenderlo con el anhelo de vivir una vida bella y buena ante el Señor, en las alegrías y en las pruebas. Vivieron su estado de vida en el curso ordinario de la vida cotidiana (…). Pero no nos engañemos: esta vida aparentemente «ordinaria» estaba impregnada de la presencia de Dios, y una presencia extraordinaria. Dios era el centro absoluto para ellos. «Dios primero»: este es el lema sobre el que construyeron toda su existencia».
He aquí, pues», añade León XIV, «el modelo de matrimonio que la Santa Iglesia presenta a los jóvenes que tal vez dudan en emprender tan hermoso camino: un modelo de fidelidad y cuidado mutuo; un modelo de celo y perseverancia en la fe; un modelo de educación cristiana para los hijos; un modelo de generosidad en la práctica del amor y la justicia social; un modelo de confianza en las pruebas…
Pero, sobre todo, esta pareja ejemplar da testimonio de la felicidad inefable y la profunda alegría que Dios, ya aquí en la tierra y por toda la eternidad, concede a quienes transitan el camino de la fidelidad y la fecundidad espiritual.
En tiempos difíciles y tormentosos, cuando a los jóvenes se les presentan tantos contraejemplos de relaciones —efímeras, individualistas, egoístas, que dan frutos amargos y decepcionantes— la familia que el Creador concibió puede parecer anticuada y aburrida. Luis y Celia Martin dan testimonio de lo contrario (…).»
¡Qué alegría es reunirse a la mesa el domingo después de la Misa, cuando el primer invitado es Jesús, que comparte las alegrías, las preocupaciones, los planes y las esperanzas de todos!
¡Qué alegría es orar juntos, celebrar las fiestas familiares y los acontecimientos que marcan el ritmo de la vida!
¡Qué consuelo es estar juntos en las pruebas, estar unidos a la Cruz de Cristo cuando llega el momento de la prueba! ¡Y qué esperanza es la perspectiva del reencuentro en la gloria del Cielo!
Queridos matrimonios, los animo a perseverar con valentía en este camino, a veces difícil y complicado, pero lleno de luz.
Ante todo, pongan a Jesús en el centro de sus familias, sus actividades y sus decisiones.
Muestren a sus hijos su amor y su infinita ternura, y esfuércense por guiarlos para que lo amen como se merece.
Esta es la gran lección que nos enseñan Luis y Celia, tan necesaria en la Iglesia y en el mundo actual. ¿Cómo podría Teresa haber amado tanto a Jesús y a María, y habernos transmitido enseñanzas tan hermosas, si no lo hubiera aprendido de sus padres desde muy pequeña?
Unas semanas después de este mensaje, el 25 de octubre, la Tercera Asamblea Sinodal italiana aprobó —con 781 votos a favor de un total de 809— el documento resumen de la Conferencia Episcopal Italiana, titulado «La levadura de la paz y la esperanza ». Este documento no es doctrinal, sino pastoral, y debe juzgarse principalmente por su estilo y lenguaje, que deberían ser claros y evangélicos, pero que en cambio son complejos y están impregnados del espíritu del mundo.
Lo que resulta particularmente llamativo en el documentoi sinodal es la falta de modelos positivos a seguir para los jóvenes y las familias.
Sin embargo, incluso sin mencionar a los cónyuges citados por el Papa, se podrían señalar —limitándose al ámbito italiano— ejemplos como el del beato Luigi Maria Beltrame Quattrocchi y su esposa Maria; los venerables siervos de Dios Sergio Bernardini y Domenica Bedonni; y los siervos de Dios Ulisse Amendolagine y Lelia Cossidente, todos ellos del siglo XX (véase El Sagrado Corazón de la Familia , Libreria Editrice Vaticana, 2022).
Además, la familia cristiana —la unión de un hombre y una mujer, inextricablemente ligada a la fundación de una familia— podría haberse definido claramente como un modelo ideal para los jóvenes. Sin embargo, no solo no se ha hecho, sino que en la sección «El cuidado de las relaciones» de la Parte I, los obispos italianos proponen «caminos de acompañamiento, discernimiento e integración» para «situaciones afectivas y familiares estables distintas del sacramento del matrimonio», especificando que se refieren a «segundas uniones, concubinatos, matrimonios, uniones civiles, etc.» (n.º 30); es decir, a lo que León XIV, con razón, denomina «contramodelos» que dan frutos amargos y decepcionantes.
El siguiente punto expresa la esperanza de que «las Iglesias locales, superando las actitudes discriminatorias a veces generalizadas en los entornos eclesiales y sociales, se comprometan a promover el reconocimiento y el acompañamiento de las personas homoafectivas».
Cabe destacar en el documento sinodal la sustitución del término «homosexual» por «homoafectivo» y la atribución del término positivo «reconocimiento» a situaciones objetivamente pecaminosas.
El lenguaje y el espíritu del documento contrastan marcadamente con el tono de León XIV. Mientras que el mensaje del Papa aboga por poner a «Jesús en el centro» y a «Dios en primer lugar», en el texto aprobado por los obispos, Jesucristo y Dios están sistemáticamente ausentes. La perspectiva se torna sociológica y antropocéntrica. La mirada no se dirige hacia Cristo, sino hacia el mundo, con el fin de bendecirlo.
Las palabras del documento —como subraya el obispo Erio Castellucci, presidente del Camino Sinodal [italiano], en la «Introducción»— contienen la historia y el significado del proceso sinodal de las Iglesias en Italia. «En estos cuatro años», escribe el obispo, «nos ha inspirado la enseñanza del Papa Francisco, quien, desde el inicio del camino sinodal de la Iglesia universal, nos animó —recordando a Yves Congar— no a crear una Iglesia nueva, sino una Iglesia diferente , abierta a la novedad que Dios quiere sugerirle». Castellucci añade que el documento «refleja la realidad de más de doscientas Iglesias locales, con todas sus ramas», «comunidades cristianas» que «no están en desorden». La referencia a doscientas Iglesias locales que hacen en el documento sinodal, suena como una velada amenaza de una posible rebelión contra el Papa si se atreviera a oponerse a esta dirección.
Esta es la realidad que León XIV heredó de su predecesor. Pero ¿qué puede hacer el Papa hoy para detener el proceso de autodestrucción de la Iglesia, un proceso no solo italiano sino global, iniciado no durante el pontificado de Francisco, sino en los años posconciliares?
¿Quiénes son hoy los presidentes y secretarios de las conferencias episcopales del mundo?
¿Quiénes son los más de cinco mil obispos residentes?
¿Quiénes son los más de cuatrocientos mil sacerdotes que dependen de estos obispos, si no, en gran medida, hombres de la Iglesia formados en seminarios y academias eclesiásticas impregnadas de relativismo y neomodernismo, nombrados para sus cargos según estas doctrinas y que contribuyen a la cadena de mando de la que, hasta ahora, los sacerdotes y obispos más fieles a la doctrina inmutable de la Iglesia han sido eliminados y marginados?
La pregunta está llena de dolor y debe hacerse con un rosario en la mano, porque lo que parece imposible desde una perspectiva humana puede hacerse posible con la ayuda de Dios, para quien nada es imposible (Mt 19:26).

Por ROBERTO DE MATTEI.
Correspondencia Romana

