La barca, el mar y la fe

XIX DOMINGO ORDINARIO

Pbro. José Manuel Suazo Reyes
Pbro. José Manuel Suazo Reyes

El evangelio que escucharemos este domingo (Mt 14, 22-33) comprende varias escenas muy significativas. Los discípulos subidos en la barca atraviesan el mar de Galilea, la barca es zarandeada por las olas, Jesús camina sobre las aguas y Pedro quiere hacer lo mismo pero siente miedo y empieza a hundirse, es entonces cuando el Señor lo rescata. Por último Jesús sube a la barca y calma al viento.

Jesús había manifestado su divinidad especialmente con gestos de misericordia: curando a los enfermos, bendiciendo a los niños, perdonando a los pecadores, multiplicando los panes para dar de comer a una multitud, etc. También lo muestra de otras maneras como es el caso del evangelio que hoy meditamos: Jesús camina sobre las aguas y calma el viento. Esta es una forma de manifestarnos el señorío de Jesús sobre la naturaleza.

La barca donde están los discípulos enfrenta dificultades: se ve agitada por las olas a causa del viento contrario. Es importante recordar que en el mundo bíblico, el mar simboliza el lugar donde habita el mal. La barca por su parte ha sido interpretada desde el tiempo de los padres de la Iglesia como símbolo de la Iglesia. El recorrido que la barca hace sobre el mar nos recuerda el caminar de la Iglesia a través del tiempo enfrentando todo tipo de adversidades. La Iglesia por ser depositaria y custodia de la revelación de Dios, al momento de anunciar el evangelio, enfrenta continuamente todo tipo de agresiones.

Los peligros de la fe se ven también representados en lo que sucede a Pedro cuando pretende caminar sobre las aguas. Cuando Pedro sintió la fuerza del viento y experimentó el miedo, empezó a hundirse. Eso mismo sucede a cualquier cristiano que pone su confianza sólo en sí mismo y deja de tener fija la mirada en Jesús, es decir empieza descuidar elementos fundamentales de la vida cristiana, como son los sacramentos, la oración, la lectura y meditación de la Sagrada Escritura y el ejercicio de las obras de caridad; si uno empieza a descuidar alguna de esos elementos, de seguro uno se hunde. Es importante observar que Jesús no llama a Pedro “incrédulo”, sino “hombre de poca fe”, que se deja vencer por la duda y por la incertidumbre. Pedro es imagen de cada uno de nosotros cuando por alguna razón estamos marcados por el miedo y la duda porque hemos descuidado nuestra vida cristiana.

En el relato todo vuelve a la normalidad cuando los discípulos identifican a Jesús que viene a su encuentro caminando sobre las aguas. Sobre todo cuando Jesús sube a la barca e increpa al viento. Jesús en la barca, es la imagen de la presencia continua que Jesús prometió a sus discípulos, yo estaré con ustedes todos los días hasta el fin del mundo.

Comparte:
Párroco en San Miguel Arcángel, Perote, Veracruz.