«Nada que desfigure la dignidad humana puede pretender tener una auténtica inspiración divina».
En Metz,HOY el lunes 28 de septiembre de 2026, tras la firma del Llamamiento de Metz por representantes de diversas tradiciones religiosas, León XIV pronunció un discurso dedicado a la paz, el diálogo y la dignidad humana. Más allá de condenar toda violencia cometida en nombre de Dios, el Santo Padre reiteró con firmeza la responsabilidad de las religiones en la defensa de la santidad de la vida, especialmente de los más vulnerables.

- En una ciudad cuya historia lleva la impronta de fronteras, guerras y reconciliación europea, el Papa León XIV optó por enmarcar su encuentro con representantes de diferentes religiones bajo el lema de la responsabilidad compartida.
- Reunidos en el Centro de Congresos Robert Schuman, los líderes religiosos fueron invitados a considerar la paz no como una mera aspiración, sino como una necesidad que involucra concretamente sus respectivas tradiciones.
- Al evocar a Robert Schuman, uno de los padres fundadores de la Unión Europea, el Papa recordó cómo este hombre de fe había transformado antiguas divisiones en una esperanza de reconciliación.
- Este legado confiere un significado particular al encuentro, en un contexto internacional marcado por conflictos y tensiones religiosas.
Pero León XIV estaba particularmente interesado en aclarar la naturaleza del diálogo que deseaba: «El diálogo no disminuye nuestra identidad, sino que la expresa con sencillez y verdad, abriéndonos a la diferencia del otro».
- León XIV cita así al Papa Francisco, quien nos recordó en Fratelli tutti que el diálogo no se limita a la diplomacia, la amabilidad o la tolerancia, sino que debe propiciar el establecimiento de la amistad y la paz.
- También evoca a San Juan Pablo II, para quien el diálogo responde a una exigencia inscrita en la propia naturaleza de la humanidad. No se trata, por tanto, de una concesión impuesta por las circunstancias políticas, sino de una responsabilidad que emana de la dignidad de la persona humana.
«Nada que desfigure la dignidad humana puede pretender estar genuinamente inspirado por Dios.»
Es quizás en su condena de la instrumentalización religiosa de la violencia donde el discurso adquiere su dimensión más solemne.
«En efecto, invocar el nombre de Dios para legitimar la violencia o la opresión es una profanación de ese nombre. Nada que desfigure la dignidad humana puede pretender ser de auténtica inspiración divina».
* Esta condena va más allá de simplemente denunciar la violencia cometida en nombre de la religión. Establece un requisito fundamental: ninguna autoridad religiosa puede invocar a Dios para justificar lo que atenta contra la dignidad humana.
La elección del término «profanación» es particularmente significativa. No se limita a designar un error moral o una distorsión del discurso religioso, sino que constituye un ataque a lo que los creyentes reconocen como sagrado.
León XIV nos recuerda así que la responsabilidad de los líderes religiosos no consiste únicamente en condenar la violencia cuando se produce. Implica también trabajar en los discursos, las enseñanzas y las palabras que pueden alimentar la hostilidad.
«El discurso religioso debe abogar constantemente por desarmar los corazones y las palabras.»
La paz, por lo tanto, comienza también en la forma en que hablamos de los demás. Este requisito no implica negar las diferencias doctrinales, sino más bien impedir que se conviertan en pretexto para el odio o la opresión. «Las religiones son guardianas de la vida: afirman su valor sagrado». La otra gran lección de este discurso concierne a la defensa de la vida humana. León XIV no limita la responsabilidad de las religiones a la prevención de conflictos, sino que también les encomienda la misión de proteger a los más vulnerables.
La grandeza de una civilización no se mide por sus logros materiales, sino por cómo nutre, protege y enaltece a la persona humana. Esta afirmación transforma nuestra perspectiva sobre el progreso. La prosperidad económica, los avances científicos o los logros tecnológicos no bastan para determinar el valor moral de una sociedad. Este valor también se manifiesta en cómo trata a quienes dependen de la solidaridad de los demás.
El Papa continuó:
«Las religiones son guardianas de la vida: afirman su valor sagrado. Su fecundidad se demuestra en su amorosa presencia entre los más vulnerables y frágiles».
La expresión «hasta el final» merece especial atención. Nos recuerda que la dignidad de una persona no desaparece con la enfermedad, la dependencia o la proximidad de la muerte. La preocupación por los más vulnerables no puede subordinarse a su autonomía, su utilidad social ni sus capacidades físicas.
Desde una perspectiva católica, esta atención no es simplemente una cuestión de generosidad individual. Constituye una exigencia de justicia y caridad, que obliga a las sociedades a no considerar jamás la vulnerabilidad como una disminución del valor de una vida.
Transmitir modelos a seguir positivos a los jóvenes.
Finalmente, el Santo Padre hizo hincapié en la responsabilidad educativa de las tradiciones religiosas. En una sociedad que se enfrenta a profundas cuestiones antropológicas, les pidió que ofrecieran «puntos de referencia sólidos, especialmente a los jóvenes». Esta misión no se limita a la transmisión de un patrimonio cultural, sino que implica formar conciencias capaces de reconocer la dignidad de cada persona y construir relaciones basadas en la verdad, la fraternidad y el respeto. Al concluir su discurso con un llamado a ser «artesanos de la paz y testigos de una esperanza que sigue creciendo en nuestro mundo», León XIV otorgó a este encuentro una perspectiva que trasciende la mera declaración conjunta.
El diálogo religioso encuentra su verdadero significado cuando se traduce en acción: rechazar la violencia, proteger a los más vulnerables, acompañar la vida hasta su fin y transmitir a las generaciones futuras una esperanza que no se basa en la negación de convicciones, sino en el reconocimiento de la dignidad humana.
Por QUENTIN FINELLI.
PARIS, FRANCIA.
LUNES 28 DE SEPTIEMBRE DE 2026.
TCH.

