En la primera lectura de este domingo Abraham vuelve para mostrar una sorprendente familiaridad con DIOS, intercediendo por las ciudades de Sodoma y Gomorra con un regateo propio de un mercader. El evangelio de este domingo propone la oración del Padrenuestro en la versión de san Lucas y algunas consideraciones que deben estar presentes en el creyente, pues importan para el camino de Fe. La oración por los otros es el objeto de la intercesión. La intercesión es una interposición favorable que se busca para acceder a una persona de rango superior, a la que no puedo llegar directamente. Cabría la posibilidad de dirigirme a esa persona supuesta, pero determinada manera de actuar aconseja recurrir a alguien con más ascendiente que uno mismo. Pocas cosas están más difundidas en el Nuevo Testamento que la oración por los hermanos. Los fundamentos de la intercesión se encuentran en la propia estructura personal, o la misma naturaleza, que DIOS nos ha otorgado. Somos todos interdependientes del conjunto de nuestros prójimos. Necesitamos de los otros, y nuestros semejantes nos necesitan igualmente. Cada uno existe, porque otros existen en áreas bien definidas. La comunidad existente no elimina la singularidad, sino todo lo contrario. Las propias peculiaridades resaltan porque existen numerosos “túes” que son distintos y se perfilan como personalidades diferentes, sin romper para nada la sociabilidad o la comunión. La masificación viene de la atomización: primero se rompen los vínculos personales -atomización-, y después se busca la disposición uniforme de modos de pensar y de comportarse. Los creyentes tenemos dos grandes fuentes para afirmar nuestro carácter abierto a la comunión e intercesión. Por un lado reconocemos que estamos hechos a imagen y semejanza de DIOS que es TRINIDAD, y por tanto esencialmente comunión. Por otro lado, la comunión intratrinitaria que la Revelación nos hace familiar, da un paso esencial con la intercesión de JESUCIRSTO a favor de todos los hombres. No sólo poseemos una “imagen y semejanza con DIOS” por estar dotados de inteligencia y voluntad para entender y amar a DIOS, sino que también poseemos las condiciones personales para acoger a DIOS en nosotros como COMUNIÓN de Personas. La segunda razón en la misma línea de lo anterior viene de la Gracia recibida en el Sacramento del Bautismo. En este baño regenerador fuimos sellados con la unción de JESUCRISTO Sumo Sacerdote, Profeta y Rey. Así reza la imposición del Santo crisma, que actualiza y significa el sello del ESPÍRITU SANTO. Todo bautizado está unido en la raíz a la acción intercesora de JESÚS. En cierto sentido, la misión de JESÚS culminada con su muerte en la Cruz es una permanente intercesión por todos los hombres de todos los tiempos, que vence definitivamente en la Resurrección. JESÚS se muestra como el único INTERCESOR ante el PADRE: “YO SOY el Camino, y la Verdad y la vida. Nadie va al PADRE, si no es por MÍ” (Cf. Jn 14,6). Las oraciones de los hombres se vuelven eficaces cuando tienen a JESÚS como intermediario. ÉL es quien posee el único Nombre que nos puede salvar. Fuera de JESÚS ninguna oración llega al PADRE, porque no está siguiendo el camino correcto. Vivimos con estrechos vínculos de comunión, que deben corresponderse con verdaderos actos de intercesión para el bien de toda la comunidad.
- Vida en comunión
- La intercesión en el Nuevo Testamento
- Algunas recomendaciones de san Pablo
- Amigo de DIOS
- De la adoración a la intercesión
- Actitud vigilante
- Percepción distorsionada
- Cincuenta justos
- Reconocimiento propio
- De cincuenta a diez
- La oración del MAESTRO
- “SEÑOR, enséñanos a orar”
- Cuando oréis decid, ¡PADRE!
- ¡ABBA! -¡PADRE!-
- Santificado sea tu Nombre
- Venga tu Reino
- “Danos cada día nuestro pan cotidiano” (v.3)
- “Perdónanos nuestros pecados, porque también nosotros perdonamos al que nos debe” (v.4)
- “No nos dejes caer en la tentación” (v.4b)
- El Malo y los males
- “Pedid, llamad y buscad” (v.99)
- Valor del Bautismo
- Vida anterior de pecado
- Liberados por JESUCRISTO
Vida en comunión
Dice Santiago en su carta: “orad unos por otros, para que os sanéis, pues es muy valiosa la oración del hombre justo” (Cf. St 5,16). En este mismo versículo se recoge el perdón de los pecados, que viene por la confesión mutua de los mismos. De forma ingeniosa se habla de “la comunión de pecadores”, pero el pecado nunca une y siempre divide; otra cosa bien distinta es que el perdón restañe lo que el pecado dañó o perjudicó. Para la comunión entre los hermanos y la intercesión los hermanos deben perdonar y sentirse perdonados, si la situación lo requiere. San Pablo dice en este sentido “si vosotros perdonáis, y también yo lo perdono” (Cf. 2Cor 2,10). El grave inconveniente en Sodoma y Gomorra para que fuese eficaz la intercesión de Abraham, fue la falta de arrepentimiento para ser perdonados. La intercesión no es un proceso automático o un requisito administrativo, sino que nace de la limpieza de corazón. El intercesor realiza un acto de Caridad y desprendimiento personal, pues se interesa con verdad del bien espiritual, principalmente, de otras personas. DIOS quiere que nos ejercitemos en la oración por los hermanos y tengamos en cuenta a otros intercesores nuestros, que han dejado este mundo. Este es el papel de los santos canonizados por la Iglesia, que son declarados intercesores de culto público, pues examinada su vida, han dado pruebas de una práctica heroica de las virtudes, que los hace acreedores de la bienaventuranza eterna. También entran en la sección de los intercesores, aquellos hermanos nuestros que fallecidos todavía están en el tiempo de purificación en el Purgatorio. Ellos obtienen beneficios espirituales por las oraciones y sacrificios ofrecidos por los que estamos en este mundo, y nosotros nos beneficiamos de su intercesión a nuestro favor. La comunión de los bautizados, por tanto, tiene una amplia repercusión, pues abarca a todos los bautizados en este mundo, alcanza a los bautizados que están en el Purgatorio y participamos de las bendiciones de los bienaventurados que están en el cielo, en la contemplación eterna de DIOS. La atención a nuestras oraciones por parte de los que han dejado este mundo, indica entre otras cosas que la comunión espiritual existente cuando vivían aquí no se ha roto, sino que es más fuerte, porque los lazos que nos unen tienen la Caridad como fibra unitiva: “el Amor -la Caridad- es más fuerte que la muerte…” (Cf. Cc 8,6).
La intercesión en el Nuevo Testamento
El motor que mueve todo en el Nuevo Testamento es la Compasión y la Misericordia. Establecido este principio resulta fácil comprender el movimiento de las personas con respecto a JESÚS y del conjunto entre sí. A JESÚS lo buscan los padres que necesitan la curación de sus hijos. Este es el caso del padre con el hijo epiléptico (Cf. Lc 9,38-43); Jairo que reclama la atención de JESÚS porque su hija se está muriendo (Cf. Mc 5,21ss); o el caso de la mujer siriofenicia que tenía una hija poseída por un mal espíritu (Cf. Mc 7,24-30). En los casos anteriores son los propios padres quienes buscan a JESÚS para que devuelva la salud a sus hijos, pero también aparecen personas sin vínculos familiares manifiestos, que buscan la salud para otros, como aparece en el caso del paralítico llevado por cuatro, que descuelgan por el techo al enfermo, de tal forma que aparezca delante de JESÚS, y JESÚS lo cura viendo la fe de los que lo llevaban (Cf. Mc 2,3-12). Pero uno de los casos más significativos de la eficacia de la intercesión se encuentra en el pasaje en el que JESÚS cura al criado del centurión, en la versión del evangelio de san Lucas. Nos cuenta el texto: un criado muy estimado está enfermo, y el centurión romano envía a dos tandas de amigos para que obtengan de JESÚS la curación del criado enfermo. En primer lugar van unos a informar de la situación y JESÚS se encamina con ellos a casa del centurión, pero todavía no ha llegado cuando aparecen otros amigos del centurión romano que le dicen: “yo no me considero digno de comparecer ante tu presencia, pero basta que digas una sola Palabra desde ahí y mi criado quedará sano” (Cf. Lc 7,1ss). Las palabras de centurión elogiadas por JESÚS en aquella ocasión, las tenemos hoy siempre presentes en cada Santa Misa antes de recibir la EUCARISTÍA. La intercesión compasiva por el prójimo es una de las grandes fuerzas que afianzan el Reino de DIOS en medio del mundo.
Algunas recomendaciones de san Pablo
En la carta a los Gálatas nos dice el Apóstol: “Ayudaos mutuamente a llevar vuestras cargas, y cumplir así la Ley de CRISTO” (Cf. Gal 6,2). La Ley de CRISTO es conocida: “amaos los unos a los otros como YO os he amado” (Cf. Jn 13,34). Parece que el Amor al hermano no es un divertimento lúdico, sino un acto de solidaridad que puede ocasionar algún tipo de renuncia, esfuerzo y sacrificio. Al final de esta carta como en otros escritos, san Pablo hace saber sobre la corresponsabilidad en el mantenimiento de la comunidad y sostenimiento a los que la presiden y pastorean: “que el discípulo haga partícipe en toda suerte de bienes al que lo instruye en la Palabra…” (Cf. Gal 6,6). Está en la línea de lo que nos dice en 1Cor 9,1-5. Las oraciones por los hermanos y la comunión parten de la misma fuente que es el Amor de JESUCRISTO. La oración vigilante y permanente no sólo se prescribe de forma individual, sino que se indica a la comunidad que debe velar: “siempre en oración y súplica orad en toda ocasión en el ESPÍRITU, velando juntos con perseverancia e intercediendo por todos los santos y también por mí…” (Cf. Ef 6,18). Las vigilias comunitarias de oración son tan antiguas como el mismo Cristianismo, y ellas manifiestan una de las formas más elocuentes de comunión y vitalidad espiritual. La intercesión comunitaria que se mantiene en vela durante la noche recuerda las vigilias de JESÚS que dedicaba noches a la oración, de forma especial a la hora de tomar decisiones importantes (Cf. Lc 6,12). Cuando Pedro está en la cárcel encerrado por Herodes, que había decapitado a Santiago hacía pocos días, las comunidades de Jerusalén permanecen en oración pidiendo al SEÑOR su liberación (Cf. Hch 12,5-7). La comunión intercesora de los fieles se convierte en una fuerza poderosa, que puede modificar los acontecimientos. Ninguna predicción de corrección o castigo hay que darla por inevitable, si se interpone la oración, el ayuno y la limosna suficientes. Toda profecía de corrección o castigo es modificable a favor del arrepentimiento y la Misericordia.
Amigo de DIOS
Abraham es un hombre al que DIOS llama estando enraizado en su tierra, pero una experiencia religiosa singular le proporciona un nuevo modo de afrontar su vida, dejando atrás su familia, la tierra y los dioses familiares. Abraham convive y negocia con los pueblos asentados en la nueva tierra que está pisando por designio de DIOS y un día será entregada a su descendencia. Abraham se hace respetar y rescata a su sobrino Lot de los reyes mesopotámicos que lo secuestran con sus bienes y familia, llevándoselo de vuelta a su país de origen, pero esclavo y sometido. Con Abraham, DIOS ratifica sus promesas, aunque mantenga su campo personal de decisión. Ismael tenía trece años cuando fue circuncidado y al año siguiente nacería Isaac de su mujer Sara, y este hijo será el elegido para cumplir todas las promesas que el SEÑOR le estaba ofreciendo. Todavía Abraham se casará con Ketura después de la muerte de Sara y de ella tendrá cinco hijos, con lo que el total de hijos de Abraham son siete. La transmisión de la herencia se realizaba, respetando la primogenitura y favoreciendo al resto de los hijos con donaciones particulares. La línea sucesoria con la que DIOS se compromete es la de Isaac, aunque al resto de los hijos de Abraham DIOS los bendecirá. Aparecerán como los padres de las tribus árabes que viven como nómadas por el desierto. Tanto los judíos étnicos como los verdaderos árabes son de raza semita, aunque a algunos les cueste trabajo admitirlo. En la actualidad establecemos identidades que no son correctas, pues no todos los musulmanes son árabes como sucede con los turcos o los iraníes, cuya procedencia étnica es centroasiática y aria, respectivamente. Lo mismo que no todos los judíos incluidos los presentes hoy en Israel son semitas, pues étnicamente muchos son eslavos, jázaros o germanos catalogados en su conjunto como asquenazíes con el yidis como lengua propia y no el hebreo. Caso distinto representaron los judíos sefarditas en España hasta su expulsión, que étnicamente eran semitas. No obstante, todas estas vicisitudes, la paternidad espiritual de Abraham sigue presente y se mantiene en las distintas tradiciones religiosas que nacen de este núcleo bíblico. El Islam aparecerá en el siglo siete como respuesta a un Cristianismo debilitado por tensiones internas y un Judaísmo que no ha tenido nunca una pretensión expansiva. Sin embargo el islam emerge como aglutinante de las tribus nómadas del desierto y con un nuevo impulso teocrático, en el que se cifraba la nueva ortodoxia. Todos los otros se han desviado de la Fe verdadera y es lícito someterlos al Islam mediante la Guerra Santa. La tradición judía sigue la línea de Isaac y Jacob, y de su descendencia se va escribiendo la Revelación bíblica, que es la prehistoria del Cristianismo. La Fe de Abraham es vista y vivida por las tres religiones de forma muy distinta, pues son confesiones no equiparables, aunque tengamos a Abraham como patriarca inspirador, pero encuentra su auténtica razón de ser cuando lo vemos en la Fe fundante del Nuevo Testamento.
De la adoración a la intercesión
Abraham va reconociendo a los visitantes paulatinamente: en primer lugar levanta los ojos y ve a tres visitantes, que le inspiran un movimiento diligente de postración (Cf. Gen 18,2); sigue una sincera súplica para que se detengan y acepten la hospitalidad de costumbre (v.3-4). Abraham dispone todo para una abundante comida signo de la comunión profunda y amistad. Terminado el ágape que se distingue por la abundancia, dos de los divinos visitantes se retiran y encaminan hacia Sodoma, y el SEÑOR se queda con Abraham dispuesto a revelar su plan para aquellas dos ciudades, Sodoma y Gomorra. “YAHVEH dice: ¿por ventura voy a ocultarle a Abraham lo que hago, pues por él se bendecirán todos los pueblos de la tierra? Porque YO lo conozco y sé que mandará a sus hijos y toda su descendencia que guarden el camino de YAHVEH practicando la justicia y el derecho, de modo que YO pueda concederle lo que le tengo apalabrado” (Cf. Gen 18,17-19). Abraham es amigo de DIOS y está dispuesto a seguir sus inspiraciones, haciéndose responsable ante sí mismo y toda su descendencia. La fidelidad de Abraham es garantía para todas las generaciones. YAHVEH puede revelar sus planes y secretos a Abraham pues su amistad es verdadera. “El clamor de Sodoma es grande y su pecado gravísimo. Voy a bajar personalmente a ver si lo que han hecho responde al clamor que ha llegado hasta MÍ, y si no he de saberlo” (v.20-21). El clamor de las dos ciudades, Sodoma y Gomorra, llegó a los oídos de YAHVEH. Una expresión similar será dirigida a Moisés en el Sinaí, saliendo la voz de la zarza encendida que arde y no se quema (Cf. Ex 3,2-4). Sodoma y Gomorra quedarán como el fatídico ejemplo del pecado de lujuria, que brevemente con una sola palabra acusa sus dolorosas consecuencias: el clamor de estos dos pueblos dirigido a YAHVEH es el grito sordo y colectivo que pide auxilio y liberación. Al abuso sexual estaba unida la violencia, a la violencia la pérdida de límites sociales y familiares, alterando valores preciados como la hospitalidad (Cf. Gen 18,1-8;19,1-3). Estas carencias y comportamientos son descritos cuando los dos divinos visitantes -Ángeles- llegan a Sodoma y se alojan en casa de Lot. La convivencia se había vuelto imposible y el respeto personal se había perdido. El clamor a YAHVEH estaba justificado, pues no había medios humanos de encontrar remedio al caos y sufrimiento. El pecado es siempre personal, no se cometen pecados anónimos envueltos en la indefinición de la masa amorfa, pero queda visible que las situaciones generales deciden el devenir de los pueblos. Crímenes colectivos han de ser reparados colectivamente. Hasta el último instante es posible detener el brazo de la Divina Justicia por medio de la oración, el ayuno y la limosna, implorando la Divina Misericordia. Pudo haber sido muy grande el mal ocasionado, pero si en tal lugar se diese una reacción como en la ciudad de Nínive a la predicación de Jonás, entonces el castigo quedaría suspendido a la espera de comprobar la sinceridad y verdad de la conversión. El escenario planteado en Sodoma y Gomorra es de gran dolor y sufrimiento en el fondo, pero envuelto en el placer momentáneo que procura la satisfacción inmediata. Es una situación que los humanos reproducimos muy frecuentemente. El pecado nos debilita espiritual y moralmente, en ocasiones acarrea enfermedades directamente, desencadena infortunios sin medida, y otras consecuencias anexas; sin embargo el corazón se endurece e impide la vuelta a DIOS, pidiendo con sinceridad su Salvación. Presentamos particularmente y determinados grupos sociales la estampa descrita en el Salmo treinta y ocho: “no hay sitio en mi cuerpo donde no exista una herida” (Cf. Slm 38,4). El pecado hiere, destroza y mata. El enemigo de la condición humana, Satanás, exitoso y resuelto a proseguir su tarea de destrucción mientras muchos engrosan sus filas con entusiasmo.
Actitud vigilante
“Abraham aparece de pie delante de YAHVEH” (v.22). La postura o actitud de Abraham ante el SEÑOR es la de alguien que percibe lo trascendental del momento. JESÚS habla de permanecer en pie delante del Hijo del hombre en su Segunda Venida (Cf. Lc 21,36). La intercesión que Abraham va a realizar es un momento de gran tensión espiritual por el contenido tratado. Abraham está dispuesto a intermediar y las circunstancias no pueden ser más graves. El SEÑOR va a permitir a Abraham sondear sus designios. Abraham aparece pidiendo cuentas al SEÑOR. A poca distancia de donde se encuentran, dos ciudades pueden quedar del todo aniquiladas y Abraham quisiera evitarlo, apelando a la presencia de un número de personas justas, que resulte suficiente para equilibrar la balanza de la justicia.
Percepción distorsionada
“Abraham se acercó y dijo: ¿así que vas a eliminar al justo con el malvado? (v.23). Esta toma de postura inicial encierra una acusación hacia YAHVEH, pues Abraham entiende que en aquella decisión, YAHVEH va a incurrir en hacer pagar la misma pena a los justos y a los pecadores. Pareciera que DIOS está dispuesto a ejecutar una justicia ciega, sin discernimiento alguno. Esa apreciación surge cuando se trata de catástrofes naturales, que no seleccionan a nadie. Lo mismo sucede con pandemias, guerras o persecuciones. El castigo general le parece a Abraham un acto de gran injusticia.
Cincuenta justos
“Tal vez haya cincuenta justos en la ciudad, ¿es qué vas a eliminarlos y no perdonarás a ese lugar por los cincuenta justos que hubiere dentro? (v.24). Abraham intenta negociar con YAHVEH la permanencia de Sodoma y Gomorra, como si de poner precio se tratase a un artículo en el mercado. DIOS acepta las formas desinhibidas que presenta Abraham movido por la familiaridad. A Abraham le parece que ante cincuenta justos en estas ciudades la amenaza de destrucción debiera suspenderse. Para una población de cinco mil personas, el número de cincuenta representa el uno por cien, y Abraham piensa que por un justo cada cien personas hay que mantener la continuidad del lugar. YAHVEH le acepta la cifra: “si encuentro en Sodoma cincuenta justos, perdonaré a todo el lugar en favor de aquellos” (v.26). YAHVEH acepta el listón establecido por Abraham y no será destruido el lugar, si se encuentran allí cincuenta justos. El número de cincuenta nos recuerda el grupo de personas para participar en el milagro de la multiplicación de los panes y los peces (Cf. Lc 9,14-16). Por el desierto hacia la Tierra prometida se establecieron responsables para administrar justicia a grupos de cincuenta (Cf. Éxodo 18,13-26). A los cincuenta años se establecía el Año Jubilar (Cf. Lv 25,10-17), y las tierras volvían a sus dueños, las deudas quedaban saldadas y los esclavos eran manumitidos. Un número de cincuenta justos podría resolver favorablemente el pecado y desorden de un lugar, pero no había mucha seguridad de encontrar cincuenta justos en Sodoma y Gomorra.
Reconocimiento propio
“Replicó Abraham: mira que soy atrevido de interpelar a mi SEÑOR, yo que soy polvo y ceniza. Supón que los cincuenta justos fallan por cinco, ¿destruirías por los cinco a toda la ciudad? Dijo, no la destruiré, si encuentro allí cuarenta y cinco justos” (v.27-28). Tiene interés el reconocimiento que Abraham va haciendo de sí mismo: “mira que soy atrevido de interpelar a mi SEÑOR”. Abraham no sólo le recuerda al SEÑOR que ÉL es justo incapaz de procurar al justo la suerte del pecador; pero Abraham sigue insistiendo en esa misma línea de argumentos. Abraham, como la mayoría de las personas, desconoce la extensión del mal y sus consecuencias. Abraham se reconoce a sí mismo “como polvo y ceniza”, pero no es capaz de imaginar la hondura del mal que aqueja a los habitantes de Sodoma y Gomorra. Sólo DIOS tiene la medida de la envergadura del mal y del pecado. Por pura Gracia, DIOS nos hace ajenos al mal en sí mismo y las consecuencias espirituales desastrosas. Sabemos algo de lo que el mal subvierte, al convertir la convivencia en desorden, las oportunidades en lucha hostil, o el sano placer de las cosas nobles, en desmesura, frivolidad y hastío. DIOS no sólo permite a Abraham este regate corto en la interlocución, sino que aprecia su atrevimiento. Este modo de comportarse es el del niño que trata de tú al jefe de su nación, porque lo encuentra cercano. DIOS atrae a Abraham con afecto similar al suyo (Cf. Os 11,4). Nunca traspasaríamos el estado de postración, si recayese sobre la insignificancia personal la grandeza insondable de DIOS. En algún momento DIOS tiene que aparecer como suave brisa (Cf. 1Re 19,12ss). Al mismo tiempo, Abraham comparece ante YAHVEH como penitente, que se reconoce “polvo y ceniza”; pues esta es una expresión que encierra gran humillación. Lo que no-es está pidiendo cuentas a quien ES.
De cincuenta a diez
YAHVEH va dejando que Abraham fije el número mínimo de justos para conservar las ciudades de Sodoma y Gomorra. Por este texto no sabemos el número de justos para evitar la aniquilación. En el tiempo venidero, DIOS dirá quién puede salvar a la ciudad terrena de la aniquilación. DIOS cuenta con un solo JUSTO para salvar a los hombres de su destrucción. YAHVEH juega con ventaja con respecto a Abraham, pero prefiere las formas osadas del patriarca Abraham, que la indiferencia autosuficiente del que no espera nada de DIOS. El SEÑOR rescatará de Sodoma a Lot por ser pariente de Abraham. Con todo no está mal considerar que un diez por ciento de justos en un núcleo de población sería un seguro de buena convivencia. Un diez por ciento de justos harían posible una regeneración social, si fuese necesaria. En la batalla de Gedeón contra los madianitas, de treinta y dos mil iniciales, el SEÑOR le dijo a Gedeón que se quedase con trescientos y con ese número diese la batalla (Cf. Jc 7,7). Con algo menos del uno por ciento Israel vence a Madián. Sólo el SEÑOR conoce sus cálculos y Abraham. DIOS nos salva por el Nombre del único JUSTO.
La oración del MAESTRO
A los discípulos les interesa conocer la oración que especifica la misión y el Mensaje de JESÚS, y no tanto lo que acontece en el trato que ÉL pueda tener con DIOS. A JESÚS lo veían levantarse temprano para tener un tiempo de soledad con el PADRE antes de dar comienzo a las intensas jornadas que les aguardaban. JESÚS podía dedicar noches a vigilia de oración y también eso lo sabían los discípulos. Pero ahora lo que piden es la oración propia de la misión en la que ellos están colaborando. Los discípulos no desconocen los Salmos, el Shemá o las dieciocho peticiones, que tres veces al día debían rezar los varones judíos. Esas oraciones estaban asumidas, y en este momento se trataba de otra cosa. En la versión de san Mateo cuando JESÚS les propone el Padrenuestro les avisa que cuando vayan a orar no hagan gala de amplios discursos, pues DIOS sabe con precisión todo lo que necesitan (Cf. Mt 6,8). Por tanto, la oración del Padrenuestro va a resultar la mención sintética de todo el programa evangelizador de JESÚS. San Lucas ofrece la enseñanza del Padrenuestro de modo casi atemporal y sin ofrecer detalles de ubicación geográfica alguna: “Sucedió que estando ÉL orando en cierto lugar, uno de sus discípulos le dijo: enséñanos a orar como Juan enseñó a sus discípulos” (v.1). San Lucas propone la oración del Padrenuestro en el tramo de su evangelio designado como “la subida a Jerusalén”. La oración está destinada para los “hombres nuevos” del “nuevo Templo” que está en la Ciudad Santa que viene de arriba (Cf. Ap 21,2). Después de la iniciación debida, en cualquier lugar y tiempo, un discípulo del que no se ofrece el nombre nos representa a todos los fieles cristianos de cualquier generación.
“SEÑOR, enséñanos a orar”
La petición del discípulo es universal. Aprendemos oraciones, participamos en las celebraciones litúrgicas, recitamos Salmos o realizamos diversos ejercicios devocionales; pero el MAESTRO ha de enseñarnos a orar según las etapas de nuestra vida. Todavía más: el MAESTRO ha de guiar siempre la oración que realicemos. Como en el caso de María, la hermana de Marta, la oración consiste en “estar con JESÚS”, escuchar su enseñanza y participar de su Presencia. JESÚS nos enseñará una oración que solo ÉL la puede iniciar con propiedad: “cuando oréis, decid PADRE” (v.2). La oración cristiana como su nombre indica es una oración ungida por el ESPÍRITU SANTO que es el AMOR de DIOS infundido en nuestros corazones (Cf. Rm 5,5). Por tanto, la oración cristiana enseñada por JESÚS no versa sobre una metodología o unas técnicas sobre ejercicios o respiración; sino que la enseñanza de la oración está en la transformación orante del propio discípulo. La oración cristiana en realidad afecta al nivel mismo del ser del hombre. No oramos porque alguien nos enseñe, sino porque el MAESTRO nos convierte en discípulos orantes con una nueva capacidad de dirigirnos al PADRE. Como todo don recibido, la condición orante debe ser renovada por una petición al mismo MAESTRO que nos inició: “MAESTRO enséñanos a orar”. La atemporalidad mencionada anteriormente sobre el momento en el que JESÚS enseña el Padrenuestro encuentra en lo anterior su razón, pues el cristiano por serlo está en condiciones de orar en todo tiempo y lugar, porque en él la oración afecta al orden del ser por puro don y Gracia.
Cuando oréis decid, ¡PADRE!
El Evangelio que trae JESÚS es la revelación del Plan eterno del PADRE a favor de los hombres. DIOS ama al hombre desde siempre y está dispuesto a concederle una eternidad en la bienaventuranza del Cielo. De muchas formas JESÚS habla y enseña sobre el PADRE. Los discípulos tenían un conocimiento mínimo pero suficiente del PADRE. JESÚS había dicho, entre otras cosas: “nadie conoce al HIJO más que el PADRE; y nadie conoce al PADRE sino el HIJO, y aquel a quien el HIJO se lo quiera revelar” (Cf. Lc 10,22). Los discípulos habían escuchado enseñanzas y parábolas sobre el PADRE, habían participado de la fuerza del ESPÍRITU SANTO en la evangelización (Cf. Lc 10,17) y podían comprender en niveles suficientes la proximidad de DIOS que aparecía con un rostro nuevo con respecto a las Escrituras del Antiguo Testamento. Ellos, los discípulos, eran los primeros ciudadanos del Reino que predicaba JESÚS, y en el Nuevo orden de cosas los verdaderos adoradores son aquellos que se dirigen a DIOS como PADRE en la Verdad del ESPÍRITU SANTO (Cf. Jn 4,23-24). Ya no era preciso desplazarse a un templo físico para adorar. Con el nuevo don de oración, JESÚS estaba cambiando todo el orden religioso anterior. Algo aparentemente intrascendente, que parecía circunscrito al ámbito particular, sin embargo estaba dando origen a una nueva forma de vivir la relación con el PADRE, y eso cambiaba las cosas en la raíz del hombre y del mundo. Un giro copernicano en su vida puede experimentar alguien, que alejado de DIOS un día toca fondo, llama al PADRE y ve caer las murallas que lo mantenían en aquella cárcel infranqueable. Un buen número de personas pueden contar el poder despertado en su interior al dirigirse a DIOS como PADRE. El enemigo hará lo imposible para que en la memoria no aparezca este último auxilio.
¡ABBA! -¡PADRE!-
San Marcos testimonia esta expresión en Getsemaní por parte de JESÚS: “¡ABBA!” (¡PADRE!), todo es posible para ti. Aparta de MÍ este cáliz, pero no se haga mi voluntad, sino la tuya” (Cf. Mc 14,36). Se percibe este término como la manifestación inmediata de la particular relación de JESÚS con el PADRE, con quien mantenía una intimidad singular. JESÚS muestra una unión con el PADRE que es única y el evangelio de san Juan lo confirma en múltiples lugares: “YO y el PADRE somos una sola cosa” (Cf. Jn 10,30). JESÚS manifiesta una proximidad entrañable con el PADRE en la que deja traslucir sus afectos y sentimientos: “JESÚS lleno de la alegría del ESPÍRITU SANTO, prorrumpió: te doy gracias PADRE” (Cf. Lc 10,21). San Pablo indica la interioridad del PADRE con el espíritu del hombre gracias al don del ESPÍRITU SANTO que nos hace exclamar: ¡ABBA! (PADRE) (Cf. Rm 8,15;Gal 4,6). El hombre no está huérfano aunque todos los apoyos humanos desaparezcan. En cualquier época DIOS ha salido a las encrucijadas de los caminos a buscar a sus hijos desechados. En nuestros tiempos de gran soledad existencial la añoranza secreta del PADRE del Cielo será la puerta de entrada para muchos cambios de vida, porque ya no quedarán apoyos humanos. Como al hijo de la parábola, en medio del hambre y los cerdos emergió el recuerdo del PADRE.
Santificado sea tu Nombre
Son cinco las peticiones formuladas en la versión de Lucas con respecto al Padrenuestro. Las cinco peticiones traslucen un modo de expresar la Fe: “creo en DIOS que ABBA -papa querido- y es SANTO, y digno de ser santificado por todos mis actos, palabras y pensamientos. Porque ÉL es SANTO y soy su hijo debo pertenecer a la estirpe de su santidad. Si ÉL me cubre con su Santidad y me renueva en ella, entonces su Nombre será bendito y alabado por otros que ven los efectos de su bondad. Esta primera petición del Padrenuestro podría recitarse como una alabanza, en la que se canta la santidad del Nombre del PADRE. La santidad de DIOS siempre se ha entendido como una cualidad que remite a la trascendencia, pero en esta versión de san Lucas se sugiere una proximidad inédita con el hombre, del mismo tenor de los textos de san Juan, que nos refieren la inhabitación de DIOS por la EUCARISTÍA (Cf. Jn 6,57); o la unción de la Palabra escuchada y vivida con Amor (Cf. Jn 14,21). Transferimos la santidad de DIOS porque el PADRE nos reviste con ella.
Venga tu Reino
La Iglesia camina invocando la venida del SEÑOR: “¡ven, SEÑOR JESÚS!”. El Reino se hace presente en medio del mundo cuando JESÚS comienza a predicar, dando inicio a su vida pública. Palabras cargadas de autoridad y signos que manifestaban el poder del ESPÍRITU SANTO empezaron a abrir un espacio espiritualmente distinto. Las personas comenzaron a ver la vida política y social de otra forma. La práctica religiosa se modificó para siempre; y en un principio el impacto fue lo suficientemente fuerte como para desear la vuelta próxima del SEÑOR y dar pleno cumplimiento a las grandes promesas contenidas en el Designio Divino. Cada vez que recitamos o rezamos el Padrenuestro pedimos la venida del Reino y tal petición no puede cesar. Ahora bien, deberíamos pedir el Reino de DIOS entre nosotros con un ardor similar al que protagonizaron los primeros destinatarios del Padrenuestro transmitido por JESÚS. Aunque suene a eslogan barato: otro mundo es posible bajo la acción de DIOS con la colaboración de los hombres. Da la impresión, que otro mundo está siendo posible alejándose de DIOS a velocidad sideral. Los cristianos tenemos que redescubrir el poder del Evangelio y su predicación que transforma los corazones. El Reino está implantado en este mundo porque JESUCRISTO murió perdonando a todos los hombres en la Cruz; y esto es historia y dato objetivo. Y la otra cara del hecho es la Resurrección con su carácter metahistórico. Lo histórico de la Resurrección como hecho son los testimonios de los que contemplaron al RESUCITADO. La Resurrección abre el campo definitivamente a la Fe, que se asienta sobre un hecho que no es demostrable pero resulta testificable, porque la presencia del RESUCITADO origina signos propios y únicos. “Y el VERBO se hizo carne y acampó entre nosotros; y hemos visto su Gloria como HIJO único del PADRE lleno de Gracia y de Verdad” (Cf. Jn 1,14). En cada hombre el HIJO quiere poner su tienda y acampar entre nosotros; de esta forma el Reino de DIOS está llegando en medio incluso de circunstancias adversas.
“Danos cada día nuestro pan cotidiano” (v.3)
Un cristiano no se hace en un día. Se nace persona y por el Bautismo adquirimos la condición cristiana, lo que significa la pertenencia a JESUCRISTO por la unción del ESPÍRITU SANTO. El Bautismo nos ha dado el nacimiento, pero queda pendiente el crecimiento. Para crecer como cristiano también es necesario comer. En el Padrenuestro pedimos el pan material y el alimento espiritual para vivir ese día como corresponde a un cristiano. También los dones espirituales se nos dan con objeto de ser renovados periódicamente. DIOS sabe lo que necesitamos antes que lo estemos pidiendo, pero eso no justifica que no hagamos el sano ejercicio de pedir con agradecimiento los dones espirituales para seguir el camino cristiano. De las cinco peticiones propuestas por san Lucas en el Padrenuestro, sólo esta contiene una petición material directa, significando a su vez los dones espirituales necesarios para la vida cristiana. Además los distintos matices recogidos en la versión de san Lucas hace que algunos mencionen el alimento substancial propio de la Vida Eterna como algo necesario ya aquí recogido en “el pan del mañana”. Nuestro pan, o alimento, para hoy, en este día, tiene que ser el alimento que nos va a sustentar en la Vida Eterna, que se abre en el mañana después de esta vida. San Juan lo dice así: “el que no come mi carne y bebe mi sangre no tiene Vida Eterna” (Cf. Jn 6,53-54) El pan material y el Pan esencial se piden al PADRE para nuestra realización como hijos y no hay que olvidar la importancia de que ambos se den conjuntamente. Ahora estamos en una fase peculiar de una existencia que una vez iniciada no terminará, aunque estemos rodeados de cosas y formas caducas y perecederas.
“Perdónanos nuestros pecados, porque también nosotros perdonamos al que nos debe” (v.4)
San Lucas ejemplifica de muchas formas el perdón de DIOS a lo largo de su Evangelio hasta poder considerarlo como el Evangelio de la Misericordia. Dimas, el ladrón arrepentido, que muere crucificado al lado de JESÚS es el primer santo canonizado. Allí en medio de aquella muerte atroz el ladrón arrepentido recibió el perdón de sus muchos pecados y la indulgencia plenaria de todas las penas contraídas. JESÚS le aseguró la Salvación por reconocer sus culpas y considerar verdaderamente a JESÚS como el REY: “acuérdate de mí, SEÑOR, cuando llegues a tu Reino”; y la respuesta de JESÚS no se hizo esperar: “hoy mismo estarás conmigo en el Paraíso” (Cf. Lc 23,42-43) Deudas, pecados y ofensas, son algunos de los términos que empleamos para expresar lo que nos agravia por parte de otros; o lo que causamos a los de alrededor. Le decimos al PADRE, en esta petición, que nosotros perdonamos, y le pedimos que ÉL nos perdone en esa misma medida: “con la vara que midas, serás medido” (Cf. Lc 6,38). Uno de los mayores obstáculos que tenemos los humanos es la diligencia para ofrecer o dar el perdón. Es posible que para ejercer el perdón a los otros debamos pedir la gracia o el don para perdonar, pues se dice con razón que el perdón es de DIOS. También se afirma que la persona que no ha experimentado el perdón de DIOS tiene grandes dificultades para perdonar a otros. Sin duda alguna que eso es así, pero además se debe añadir que aún siendo perdonado por DIOS la mezquindad humana es muy grande y el perdonado cierre el corazón para perdonar minucias a otros, como nos refiere la parábola del que debía diez mil talentos a su SEÑOR (Cf. Mt 18,21ss). Diez mil talentos es una cantidad impagable, y el deudor de esta cantidad no era capaz de perdonar a un compañero unos cuantos denarios que le debía. Sin perdón no hay Misericordia y viceversa. Es probable que la oración durante algún tiempo consista en pedir al SEÑOR: “dame un corazón nuevo para perdonar”.
“No nos dejes caer en la tentación” (v.4b)
La tentación se produce porque existe el tentador. Desde las primeras páginas de la Biblia el tentador viene actuando con éxito pues su objetivo es hacer caer al hombre en el fracaso de su vocación y apartarlo de DIOS. El éxito del tentador se describe a partir del capítulo tres del Génesis, y desde entonces la vida del hombre tiene que lidiar con todas las consecuencias interminables en las que han cristalizado las conductas contra DIOS. La falacia del tentador es siempre la misma, pero envuelta con infinidad de vistosos y atrayentes colores: “serás como DIOS”. Otra versión de lo mismo: “tú serás DIOS”. La tentación tiene perfiles más claros cuando nos referimos al hombre creyente que conoce los cauces previstos por DIOS, pero el tentador viene a proponerle que siga caminos propios, autónomos y pretendidamente libres. El tentador sabe hacer las cosas para disponer al hombre en situaciones irreversibles. El tentador procede paso a paso. Uno de muchos ejemplos: una persona joven con una cierta práctica cristiana de misa dominical y algo de oración se inscribe en un centro de yoga. En principio se trata de realizar ejercicios físicos, pero lo que no sabe esta persona que busca mejorar su estado físico es que las posturas o ejercicios del Hatha Yoga llevan nombres que tienen detrás entidades espirituales nada recomendables. Durante un tiempo parece que todo va bien, y el monitor aconseja que se dé el paso a la meditación, primero a través de la repetición de algún mantra y cuando pasa un tiempo ya la meditación opera a través de un mandala. Ambos elementos, mantra y mandala son ya puertas abiertas a la influencia de entidades espirituales nada recomendables y ajenas a JESUCRISTO. A todo esto la persona en cuestión hace algún tiempo que siente desgana por la misa dominical e incluso un cierto malestar en las últimas veces que estuvo. El endeble edificio doctrinal que tenía se ha cuarteado notablemente, y aquello sobre JESUCRISTO como la Segunda Persona de la TRINIDAD se queda muy lejos, pues esta persona está en la nueva onda que equipara a JESUCRISTO con Buda, Rama o Krishna, pues de ellos está recibiendo información elogiosa con asiduidad. De forma casi imperceptible esta persona está situada ciento ochenta grados de sus raíces cristianas y prácticamente en manos del tentador, pues lo que existe en esos mundos espirituales constituyen el polo opuesto al Evangelio. El tentador sabe crear mundos espiritualistas en los que languidecen las almas, considerando algunos que van por caminos de realización personal. El tentador es un especialista en la fascinación y la virtualidad; o sea, en mundos aparentes pero inexistentes.
El Malo y los males
San Mateo concluye el Padrenuestro, pidiendo al PADRE que nos libre del Malo, o de Satanás. El Malo viene a matar, robar y destruir (Cf. Jn 10,10). El Malo es el enemigo de las ovejas que pertenecen al BUEN PASTOR. Con san Mateo terminamos el Padrenuestro pidiendo al PADRE que nos libre de los malos y de los males, sabiendo que alguno de ellos se nos cruzará en el camino y con las armas de DIOS tendremos que hacerle frente. El fracaso, la enfermedad y la muerte llegarán en algún momento. Un accidente grave, la muerte de un familiar o una catástrofe natural, entran en el itinerario de nuestra breve historia. No obstante hacemos bien en pedir a DIOS que nos libre de los males y los malos que nos pueden dañar por encima de nuestras fuerzas.
“Pedid, llamad y buscad” (v.99)
La oración debe presidir la llamada diáfana a DIOS. La oración tiene que poner en clara evidencia la pobreza personal. La oración está en el centro de la búsqueda de DIOS. JESÚS dice: “llamad y se os abrirá; pedid y se os dará; buscad y encontraréis” (v.10). Llamamos o invocamos el Nombre de DIOS como el único PADRE. Pedimos el Pan de la EUCARISTÍA y todos los dones materiales y espirituales para crecer como hijos de DIOS. Buscamos con dedicación la instauración del Reino de DIOS en medio de nuestro mundo. El Padrenuestro es la oración idónea para llamar, pedir y buscar. JESÚS nos asegura que el PADRE nos escucha y responderá a la oración que le dirigimos con un resultado que supera cualquier cálculo humano. Nosotros le pedimos cosas, o auxilios materiales o espirituales, y ÉL nos dará su mismo AMOR, su misma VIDA, el ESPÍRITU SANTO: “si vosotros que sois malos sabéis dar cosas buenas a vuestros hijos, cuanto más vuestro PADRE del Cielo dará el ESPÍRITU SANTO a los que se lo pidan” (v.13).
San Pablo, carta a los Colosenses 2,12-14
Cuando san Pablo recibe la revelación de JESUCRISTO camino de Damasco le encajan las piezas del puzzle, aunque tuviera que transcurrir un periodo de tiempo suficiente para realizar los drásticos reajustes. Pero en las Escrituras estaba el MESÍAS encarnado en la persona de JESÚS de Nazaret, el HIJO de DIOS. A partir de ese punto, todo el resto pérdida y basura (Cf. Flp 3,8); o argumentos capciosos (Cf. Col 2,4); falacias filosóficas basadas en los elementos del mundo (Cf. Col 2,8). Todas aquellas falacias que circulaban entre los de Colosas se han ido reeditando en cada época y con gran proliferación en la presente.
Valor del Bautismo
“Sepultados con CRISTO en el Bautismo, también habéis resucitado con ÉL por la plena acción de DIOS, que resucitó de entre los muertos” (v.12) El acto sacramental del Bautismo se convierte para el cristiano en una fuente de Gracia con carácter ininterrumpido en un principio. El Bautismo es una inmersión en la Vida de DIOS, una iluminación que aporta la mente de CRISTO al bautizado. El Bautismo reviste de una nueva condición al creyente como ciudadano del Cielo e inscrito en el Libro de la Vida. El cristiano vuelve a los abismos cuando se entrega a las creencias supersticiosas en las que dominan los espíritus de las tinieblas.
Vida anterior de pecado
San Pablo habla del pecado no sólo como una categoría moral, sino como un estado de vida en el que se vive mal y afectados de muchos males morales y físicos. Un buen número de cristianos de Colosas lo pudieron entender perfectamente, pues no hacía mucho tiempo que aquellos habían salido de las oscuridades espirituales que los tenían prisioneros.
Liberados por JESUCRISTO
“ÉL nos perdonó todos nuestros pecados, y canceló la nota de cargo que había contra nosotros, las prescripciones con sus cláusulas desfavorables, clavándolas en la Cruz” (v.14). La Cruz de JESUCRISTO es redentora, por la condición del que muere en ella: JESÚS es el HIJO de DIOS. Ningún Ángel nos puede salvar, y menos todavía hombre alguno. Sólo DIOS perdona los pecados. Todos los pecados de los hombres, de los que han existido y de los que vendrán están perdonados en la Cruz de JESUCRISTO. Sin perdón de los pecados no hay Salvación, o no es posible la comunión con la TRINIDAD para siempre. Magistralmente expresado: “canceló la nota de cargo que había contra nosotros, las prescripciones con sus cláusulas desfavorables, y las suprimió clavándolas en la Cruz”. Cualquier hombre es perdonado a condición que reconozca que su pecado lo pagó o canceló JESÚS con su muerte en la Cruz. Si los de Colosas se apartan de esta revelación caerán en la ruina total.

