Del 29 al 31 de enero de 2026, el «camino o proceso sinodal» que ha sido impuesto a la Iglesia Católica, celebra la última Asamblea del Camino Sinodal en Stuttgart, Alemania, culminando seis años de un proceso de reforma.
En retrospectiva, este camino parece menos una renovación eclesial que una cruda revelación de profundas divisiones, desviaciones ideológicas y una crisis espiritual cuyo alcance trasciende con creces Alemania.
- Lanzado en 2019 por la Conferencia Episcopal Alemana y el Comité Central de Católicos Alemanes, el Camino Sinodal pretendía reunir a obispos y laicos para debatir temas delicados como el ejercicio del poder, la moral sexual, la forma de vida sacerdotal y el papel de la mujer.
- Cinco asambleas plenarias dieron como resultado la adopción de quince textos.
- Sin embargo, tras este resultado normativo se esconde la observación de un proceso que a menudo ha confundido la reforma pastoral con la adaptación cultural, con el riesgo de oscurecer el mensaje evangélico.
Grupos progresistas destacan varios avances, como:
- la bendición de parejas del mismo sexo o de católicos divorciados y vueltos a casar,
- la ampliación de las funciones confiadas a los laicos,
- la reforma de la legislación laboral de la Iglesia
- y el reconocimiento administrativo de situaciones relacionadas con la ideología de género.
Estas directrices, ampliamente difundidas por los órganos sinodales, se implementan, sin embargo, de forma fragmentada y no son jurídicamente vinculantes.
Al intentar responder
a las expectativas sociales,
el Camino Sinodal
sustituye el lenguaje teológico
por el psicológico e ideológico,
dejando de lado
la proclamación explícita
del Evangelio.
Este enfoque, denunciado por numerosos observadores, ha alimentado una persistente crisis de confianza, incluso entre los fieles. Las críticas se han concentrado especialmente en torno a ciertas iniciativas locales, en particular en la Arquidiócesis de Hamburgo, presidida por Stefan Heße.
- introducción de programas educativos que incorporan el reconocimiento de la «diversidad de género» en las escuelas católicas ha sido percibida por sus detractores como una transgresión de las normas.
- Estas medidas se han tratado de justificar oficialmente como «prevención» del abuso sexual.
- Sin embargo, para sus detractores, ilustran una peligrosa confusión entre la protección de los menores y la difusión de conceptos ideológicos ajenos a la antropología cristiana.
- Varias voces críticas creen que lo que estamos presenciando es menos una purificación de la vida eclesial que una adaptación doctrinal al vocabulario y las prioridades de los grupos de presión culturales dominantes.
En este contexto, las iniciativas alternativas, llevadas a cabo en particular por profesores y educadores católicos, recuerdan un enfoque más clásico de la protección de los menores, basado en el pudor, la responsabilidad adulta y la educación moral, más que en una sexualización precoz presentada como educativa.
Cabe recordar que las relaciones con la Santa Sede constituyen uno de los puntos más sensibles del Camino Sinodal.
Varios obispos
se han distanciado públicamente
del proceso,
algunos incluso
negándose a participar
en la sesión final.
Esta desunión
subraya la incapacidad
del Camino Sinodal
para mantener un mensaje episcopal
coherente.
Más allá de las estructuras y los textos, las cifras pintan un panorama preocupante.
- La continua disminución del número de fieles, el desplome de la asistencia a la misa dominical y la creciente marginación del matrimonio religioso apuntan a un profundo debilitamiento en la transmisión de la fe.
- Para muchos críticos, esta erosión no es meramente sociológica; refleja una pérdida de sustancia espiritual.
- El riesgo, enfatizan, es que una Iglesia obsesionada por adaptarse al mundo finalmente no logre ofrecer lo que el mundo no puede: la verdad del Evangelio, la cruz como camino de salvación y una moral arraigada en la Revelación.
- Desde esta perspectiva, la crisis alemana se presenta como una advertencia para toda la Iglesia europea.
La conclusión del Camino Sinodal no marca, por tanto, el fin de las tensiones. Abre una fase de gran incertidumbre, en la que la elección del próximo presidente de la Conferencia Episcopal Alemana y las decisiones de Roma serán decisivas.
La cuestión va más allá
del mero gobierno.
Afecta a la fidelidad doctrinal,
a la unidad visible de la Iglesia
y a su capacidad de anunciar a Cristo
sin disolverse
en las categorías del mundo.
En Stuttgart, el «gran final» del Camino Sinodal se presenta, pues, menos como la culminación de una reforma que como un punto de inflexión. Entre la auténtica conversión y la deriva ideológica, la Iglesia en Alemania se enfrenta ahora a una responsabilidad histórica.
Por QUENTIN FINELLI.
JUEVES 29 DE ENERO DE 2026.
TCH.

