Mientras la Iglesia conmemora el 153 aniversario del nacimiento de la monja carmelita de Lisieux, su testimonio espiritual aparece más que nunca enraizado en una historia familiar de santidad, antes de abrirse a una fecundidad universal que sigue inspirando la fe, la oración e incluso la creación cultural contemporánea.
El 2 de enero de 2026 se conmemora el 153.º aniversario del nacimiento de Santa Teresita de Lisieux, nacida como Teresita Martín en Alençon en 1873.
Más de un siglo después de su muerte, la joven carmelita normanda sigue siendo una de las figuras espirituales más queridas del catolicismo moderno.
Proclamada Doctora de la Iglesia en 1997, patrona de las misiones sin haber abandonado jamás su claustro, encarna una santidad accesible, arraigada en el Evangelio y profundamente marcada por la confianza en la misericordia divina.
La vida de Teresa no puede entenderse sin mencionar la santidad de sus padres, Celia Martin y Luis Martin, canonizados juntos en 2015. Su hogar, cimentado en una fe sólida, la oración diaria y una comprensión rigurosa de la vida cristiana, constituyó el caldo de cultivo espiritual en el que arraigó la vocación de su hija. Celia Martin, mujer de carácter y madre devota, vivió su maternidad como una misión recibida de Dios, mientras que Luis Martin, padre profundamente devoto, encarnó una piedad humilde, silenciosa y fiel. La santidad de Teresa no aparece, pues, como un surgimiento aislado, sino como el fruto de una transmisión espiritual paciente y encarnada.

Marcada desde muy joven por la muerte de su madre, Teresa desarrolló una profunda sensibilidad espiritual y una intensa vida interior. Apoyada por el ejemplo y la ternura exigente de su padre, maduró rápidamente en la fe. Su deseo de ingresar en la Orden Carmelita se manifestó desde la infancia y, tras numerosos esfuerzos, obtuvo el permiso excepcional para ingresar a los quince años. Esta decisión radical se enmarcaba en un ambiente familiar donde la búsqueda de la voluntad de Dios prevalecía sobre cualquier consideración mundana.
En el Carmelo de Lisieux, Teresa llevó una vida aparentemente ordinaria, estructurada por la oración, el trabajo y la vida comunitaria.
Ningún acontecimiento espectacular marcó su camino.
Sin embargo, en esta vida oculta, vivió una entrega total, aceptando los pequeños contratiempos, incomprensiones y sufrimientos cotidianos como oportunidades para amar.
Esta fidelidad en las cosas cotidianas sentó las bases de lo que ella llamaría su «caminito».
Este camino espiritual, fundado en la infancia espiritual, la confianza absoluta y la entrega filial, afirma que la santidad no está reservada a una élite religiosa, sino que es accesible a todos. Teresa no niega el esfuerzo ni las exigencias morales que conlleva, pero nos recuerda que todo se basa, ante todo, en recibir la gracia. Esta intuición, profundamente arraigada en el Evangelio, forma parte de una tradición familiar donde la fe ya se vivía con sencillez, fidelidad y entrega. Los últimos meses de la vida de Teresa estuvieron marcados por una intensa prueba espiritual. Atravesó una verdadera noche oscura del alma, marcada por la duda y la ausencia de cualquier consuelo tangible. Esta prueba, vivida en silencio y entrega, revela una santidad madura y probada, alejada de cualquier visión idealizada o sentimental. Confiere a su testimonio una relevancia única para el mundo contemporáneo, a menudo confrontado con la fragilidad de la fe y el silencio de Dios.

Canonizada en 1925 por Pío XI y proclamada patrona de las misiones por Pío XII, Santa Teresita de Lisieux se consolidó rápidamente como una de las grandes figuras espirituales del siglo XX. Su obra principal, Historia de un alma, traducida en todo el mundo, sigue siendo uno de los textos espirituales de mayor difusión, conmoviendo a generaciones de creyentes por su sencillez, profundidad teológica y realismo espiritual.
En el centenario de su canonización, este legado cobra una renovada relevancia en el ámbito cultural. JLA Productions y SAJE Productions han anunciado la producción de un largometraje titulado *Une Âme* (Un Alma), dedicado a la santa de Lisieux. Escrita y dirigida por Vincent Mottez, la película es una obra de ficción centrada en la vida interior de Thérèse Martin, lejos de ser un simple relato biográfico, con el objetivo de capturar la profundidad mística y el alcance universal de su mensaje. El rodaje, cuyo inicio está previsto para 2026, se realizará en estrecha colaboración con el convento carmelita y el Santuario de Lisieux, respetando el espíritu de la santa y su «pequeño camino». Con un presupuesto aproximado de cuatro millones de euros, el proyecto busca financiación colectiva, una muestra de su deseo de unir a la gente en torno a una obra que aspira a combinar fe, belleza y excelencia artística.

Más de 150 años después de su nacimiento, Santa Teresita de Lisieux permanece en el corazón de la vida espiritual de la Iglesia, sostenida por el ejemplo de toda una familia entregada a Dios. Su famosa promesa: «Quiero pasar el cielo haciendo el bien en la tierra», sigue resonando con fuerza.
En este 2 de enero de 2026, su testimonio nos recuerda que la santidad se transmite, se cultiva y se desarrolla en la humildad, la fidelidad diaria y la confianza absoluta en el amor de Dios: un legado discreto pero perdurable, ofrecido a todos.
Por PHILIPPE MARIE.
VIERNES 2 DE ENERO DE 2026.
TCH.

