Es Domingo de Ramos, entramos con Jesús a la semana mayor, en la cual celebramos el gran acontecimiento del Amor que nos mereció la Redención; celebraremos la Pasión, Muerte y Resurrección de nuestro Salvador. Será una semana de reflexión, de profundizar nuestra fe y hacer actuales los acontecimientos salvíficos que nos dan la vida nueva en Cristo; una semana propicia para configurar nuestra vida con Aquel que la entrega por nosotros.
Damos inicio con la entrada triunfal de Jesús en Jerusalén; quizá fueron pocas personas que lo vitorearon, pero mostró un destello de pacífico triunfo. Una entrada en la simplicidad, no hubo comité que organizara esa entrada, no hubo derroche de recursos en fiestas y comilonas, no hubo, como decimos en nuestro País, acarreados. Reconocen a Jesús como Rey montado en un burro, el Rey humilde y pacífico que ha cambiado las armas de la guerra por un corazón rebosante de paz, amor y misericordia. ¡Ese es nuestro Rey!, el humilde por excelencia, el que no llega por el poder, pues jamás lo quiso. El que no vino a “ser servido sino a servir y dar la vida por todos”. Un triunfo que durará poco tiempo. Hoy lo vitorean: “Viva el rey de los judíos”, unos días después le gritarán: “Que muera, crucifícalo”.
Hemos escuchado la Pasión narrada por San Mateo y deseo recordar las actitudes de algunos personajes frente a la persona de Jesús. Espero nos ayuden a reflexionar en nuestras actitudes:
- Pedro: Es un pescador que deja redes y barca para seguirlo. Presenció milagros, curaciones; escuchó predicar a Jesús en muchas ocasiones. Impetuoso por carácter; prometió acompañarlo hasta la muerte y lo negó. Recibió de Jesús palabras duras, como: “Apártate de mí Satanás”, pero también le confió las llaves del Reino. En la Pasión escuchamos aquellas palabras duras de Jesús: “Envaina la espada”. Pedro deseaba defenderlo con la espada, eso suponía que no había comprendido a Jesús. Podemos imaginar la alarma en aquella voz; a Jesús lo desconcierta una sola espada, no necesita ser defendido por espadas o palos; está en contra de la violencia. Desea ser defendido únicamente por el amor. Jesús no se asusta por las espadas y palos de los enemigos, le escandaliza una espada de los suyos. La espada no vence al mal, simplemente lo perpetúa. Pedro lo quiso defender con espada, tú ¿cómo defiendes a Jesús ante este mundo marcado por la incredulidad e indiferencia? Jesús desea adhesión de mente y voluntad a su persona y a su mensaje; el amor a Jesús se debe mostrar en el amor al hermano, así estaremos defendiendo su proyecto.
- Judas: Un apóstol que vivió muchas experiencias al lado de Jesús. Un personaje enigmático que, aún nos preguntamos ¿por qué lo vendió? ¿qué razones tuvo para ofrecerlo por 30 monedas? Se escandalizó de la debilidad de Dios. Venía hace tiempo pensando que Jesús había sido un gran farsante; su vida y su misión un enorme fraude, porque ¿cómo podía Dios estar con Jesús, si según él, todo le salía mal? ¿si sólo iba de fracaso en fracaso?. Su persona nos recuerda sí la traición, pero olvidamos su arrepentimiento, escuchamos de su ronco pecho: “Pequé, entregando la sangre de un inocente”. El traidor no ha querido sacar provecho de aquel dinero obtenido de manera infame, les arroja las monedas y hasta se confiesa; hace una profesión abierta de fe. No nos quedemos con la traición, valoremos el arrepentimiento que tuvo. Quizá muchas veces y de muchas maneras hemos traicionado a Jesús, pero la pregunta forzada es: ¿nos hemos arrepentido de todo corazón? ¿confesamos nuestro pecado?
- Sumos sacerdotes: Aquellos hombres se sintieron cuestionados por la actitud y las críticas de Jesús a la religión y al templo. Buscaron la oportunidad de deshacerse de él y lo consiguieron. Fueron capaces de comprar por un puñado de monedas a uno de sus discípulos. Aunque les devolvió el dinero, tuvieron la actitud de no tomarlo, pero lo aprovecharon para comprar un campo; parecía que si se compraba un campo para una obra buena, aquel dinero que chorreaba sangre se purificaría. Quizá eso pasa mucho en nuestros días, ese dinero que está estilando sangre por extorciones, por asesinatos, por drogas, claro que no se purifica con obras buenas, ni el dinero mal habido, ni quien lo ofrece. Quizá Judas se ha multiplicado en su careta de traidor; no olvidemos su arrepentimiento y confesión; ese reconocimiento de que se había equivocado: ojalá y los judas arrepentidos se multipliquen también. Los sumos sacerdotes, siguieron con su careta de buenos, pero cargando una conciencia de traiciones.
- Ladrones: Aquellos hombres tuvieron el privilegio de pasar a la historia al lado de Jesús. Mientras uno aprovecha esa tabla de salvación suplicando: “Acuérdate de mí, cuando estés en tu reino”; el otro, el de la izquierda, le exigía: “Sálvate a ti mismo y a nosotros”. Quizá era sencillo salvarse, pero a Jesús no lo sujetaban los clavos, lo sujetaba el amor a la humanidad. Qué difícil comprender el sufrimiento, pero es allí el momento de nuestra redención. Si Jesús está sujeto a la cruz por amor, pensemos: ¿Qué nos sujeta a esa cruz que llevamos? Cuando el sufrimiento toca nuestra piel ¿reniego o recuerdo el amor que sujeta a Jesús a la cruz?
Hermanos, en la Pasión del Señor, encontramos muchos personajes de distinta clase social y diferente oficio; con actitudes positivas o negativas frente a Jesús, intereses muy diversos. Es momento para que leamos la Pasión del Señor con calma en nuestros hogares y reflexionemos en dichas actitudes, sin duda nos ayudarán para analizar nuestra actitud frente a Jesús.
Hermanos, dejémonos sorprender por esta celebración, es necesario, y hoy más que nunca, elevar no tanto nuestras palmas, cuanto nuestros corazones al Señor. Es hora de despertar. Hay demasiados cristianos dormidos. Es el momento de recuperar el gusto por las cosas que Jesús nos ha dejado y nos ha dicho. Hoy es un momento sagrado, hoy es un día santo para ti que buscas un sentido cristiano a estos días de pasión. Recordemos que lo que nos hace cristianos es seguir a Jesús. Nada más. Este seguimiento no es algo teórico o abstracto, significa seguir sus pasos, comprometernos como Él a humanizar la vida y vivir así contribuyendo a que, poco a poco, se vaya haciendo realidad su proyecto de un mundo donde reine Dios y su justicia. Seguir a Jesús es una tarea apasionante, es difícil imaginar una vida más digna y noble. Preguntémonos: ¿Con qué actitud interior acogemos el dolor y las dificultades que nos vienen por seguir a Jesús en nuestra vida? ¿Los podemos vivenciar en clave pascual y anteponer la voluntad de Dios a la nuestra?
Les bendigo a todos, en el nombre del Padre, y del Hijo, y del Espíritu Santo. Feliz domingo para todos.

