Un país latinoamericano, tradicionalmente católico, pero que ahora se enfrenta a la secularización y a las consecuencias de la crisis de abusos sexuales.
- Chile ha sido considerado durante mucho tiempo uno de los países católicos más importantes de Latinoamérica. Sin embargo, el lugar de la Iglesia en la sociedad chilena ha cambiado considerablemente en las últimas décadas.
- En este contexto, el Papa León XIV recibió el lunes 26 de octubre a James Sydney Sinclair Manley, el nuevo embajador de Chile ante la Santa Sede, quien presentó sus credenciales. Nacido en 1952 en Iquique, casado y padre de tres hijos, este diplomático de carrera ha servido como embajador en Indonesia, Timor Oriental y Singapur.
- Su nombramiento se produce en un momento en que las relaciones entre la Iglesia y la sociedad chilena siguen marcadas por una historia particularmente rica, pero también por profundas heridas.

Una nación moldeada por cinco siglos de catolicismo.
El cristianismo llegó a Chile en el siglo XVI con los conquistadores españoles y los misioneros franciscanos, dominicos, mercedarios y jesuitas. La evangelización acompañó a la colonización, en un contexto marcado también por la violencia de la conquista y la resistencia de las poblaciones indígenas, en particular la mapuche. A lo largo de los siglos, la Iglesia desarrolló una vasta red de parroquias, escuelas, universidades y organizaciones benéficas. Desempeñó un papel central en la formación cultural del país, cuya independencia fue proclamada en 1818. Hasta 1925, el catolicismo gozó del estatus de religión oficial. Entre las grandes figuras espirituales chilenas se encuentran Santa Teresa de Jesús de los Andes, una joven monja carmelita que murió en 1920 y fue canonizada en 1993, y San Alberto Hurtado, sacerdote jesuita y fundador del Hogar de Cristo, un hogar para los miembros más pobres de la sociedad.
Durante la dictadura militar de Augusto Pinochet, entre 1973 y 1990, una parte importante de la Iglesia Católica desempeñó un papel crucial en la defensa de las personas perseguidas. El cardenal Raúl Silva Henríquez, arzobispo de Santiago, apoyó notablemente la creación del Vicariato de Solidaridad en 1976, una institución que brindaba asistencia legal y humanitaria a las víctimas de la represión. Este compromiso sigue siendo un capítulo fundamental en la historia contemporánea del catolicismo chileno, si bien la postura del clero hacia el régimen militar no fue uniforme.
Una mayoría católica en declive y la crisis de los abusos, una herida que aún persiste.

Las últimas cifras oficiales ilustran la magnitud de esta transformación. Según el censo nacional de 2024, publicado en 2025, el 54% de los chilenos mayores de 15 años se identifican como católicos, frente al 76,9% en 1992. Los protestantes y evangélicos representan ahora el 16,3% de esta población, mientras que el 25,8% declara no tener afiliación religiosa. Este cambio es particularmente notorio entre los jóvenes. Según la encuesta del Bicentenario 2025 de la Universidad Católica de Chile, solo el 33% de los jóvenes de entre 18 y 34 años se identifican como católicos, mientras que el 51% declara no tener afiliación religiosa. El mismo estudio indica que la confianza en la Iglesia Católica ha alcanzado solo el 22%, a pesar de cierta mejora.
La visita del Papa Francisco a Chile en enero de 2018 puso de manifiesto la magnitud de la crisis de abusos sexuales y los encubrimientos dentro de la Iglesia local. Tras defender inicialmente al obispo Juan Barros, implicado por sus estrechos vínculos con el sacerdote abusador Fernando Karadima, Francisco reconoció graves errores de juicio. Una investigación dirigida por el arzobispo Charles Scicluna desencadenó posteriormente una crisis episcopal sin precedentes: en mayo de 2018, todos los obispos chilenos presentes en Roma presentaron su renuncia al Papa.
Esta crisis
ha debilitado permanentemente
la confianza
de los fieles y de la sociedad
en la Iglesia.
Asimismo,
ha hecho necesario trabajar
para reconocer a las víctimas,
buscar justicia
y reformar las prácticas de gobierno.
A pesar de estas dificultades, la Iglesia chilena mantiene un papel importante en la educación, la salud, la asistencia social y el apoyo a las poblaciones desfavorecidas. Instituciones como el Hogar de Cristo, fundado por San Alberto Hurtado, dan testimonio de este compromiso histórico con las personas sin hogar y las más vulnerables. También participa en los debates éticos que impregnan el país, particularmente en lo que respecta a la protección de la vida humana, el aborto, la eutanasia y la familia. En una sociedad cada vez más pluralista, sus posturas ya no tienen el mismo peso social que antes.
Un nuevo contexto político marcado por cuestiones sociales.
Esta reunión se desarrolla además en un contexto político particular. Desde el 11 de marzo de 2026, Chile está liderado por José Antonio Kast, un presidente católico conservador, casado y padre de nueve hijos, cuyas posturas en temas sociales coinciden con varias enseñanzas de la Iglesia Católica.
Opuesto al aborto, la eutanasia y el matrimonio entre personas del mismo sexo, sucedió a Gabriel Boric, quien había defendido una política más liberal en estos temas. En Chile, el aborto es legal desde 2017 en tres situaciones: peligro para la vida de la madre, embarazo resultante de violación o patología fetal incompatible con la vida extrauterina. La eutanasia sigue prohibida, mientras que el matrimonio entre personas del mismo sexo es legal desde 2022 y el reconocimiento legal de género está permitido bajo ciertas condiciones desde 2018. El 7 de octubre, ante el Consejo de Derechos Humanos de las Naciones Unidas, un representante chileno declaró que el aborto no es un derecho reconocido internacionalmente, lo que marcó un cambio en la posición diplomática del país.
Fue en este contexto que el nuevo embajador chileno presentó sus credenciales a León XIV, pocos días antes del viaje del Papa a Sudamérica, aunque Chile no figuraba entre las paradas anunciadas. Para la Iglesia chilena, el desafío ahora va más allá de preservar su patrimonio histórico. Se trata de recuperar la confianza, transmitir la fe a las nuevas generaciones y continuar su misión evangelizadora en un país donde el catolicismo sigue siendo la religión mayoritaria, pero ya no es una práctica cultural incuestionable.
Por FABIAN FERTAL.
LUNES 26 DE OCTUBRE DE 2026.
CIUDAD DEL VATICANO.
TCH.

