Franciscano condenado por “falso misticismo y solicitación en confesión”

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La noticia apareció como una más en esta serie de nombres relacionados con abusos sexuales, de poder, de conciencia. Pero no tiene la misma repercusión.

Una información que se publicó sin citar el nombre de la persona en el titular, “La Rota condena a un franciscano de la provincia de Arantzazu por abusos contra varias religiosas” o éste otro “La Rota condena a un franciscano de Arantzazu por dos casos de “falso misticismo y solicitación en confesión”.

No, no se trata de un franciscano desconocido, de un franciscano que haya pasado inadvertido en sus trabajos de servicio humilde y callado al pueblo de Dios. Se trata de un franciscano al que muchos, yo incluido, hemos leído con gusto y, supongo, con provecho espiritual

Por lo tanto, se trata de un referente de la literatura espiritual, cuya obra publicada estaba en todas las bibliotecas de casas religiosas de España y del mundo hispano, de Seminarios, de cualquiera que haya leído más de diez libros de esta materia.

Repasen su bibliografía y se darán cuenta de que no hay editorial de las denominadas religiosas que no haya publicado un libro suyo. Citas de sus libros te las encuentras donde menos te lo esperas.  

Un gurú de la espiritualidad, también de la franciscana.

La verdad es que cuando uno se topa con un caso así no puede más que pensar en el misterio que anida en el corazón del hombre. Un misterio en el que se mezcla la gracia y el pecado. Parafraseando a san Agustín, en esta materia del pecado no soy ni un ingenuo, ni un prepotente. No se me ocurre, ni por asombro, juzgar a nadie, ni mucho menos a quien ya ha sido juzgado por la justicia canónica. Comparto la perplejidad, el asombro, la sorpresa ante lo que está pasando. Dios, su misericordia y su conciencia. Y punto.

Aunque también cierta denuncia de una especie de doble vara de medir, autocrítica periodística. Si la persona a la que hubiera condenado la Rota hubiera sido, no sé, -voy a utilizar nombres históricos- el P. Royo Marín, el P. Rodríguez, Diego de Estella, Alejo Venegas, Juan de los Ángeles o Bernardino de Laredo, me imagino los titulares de determinados medios.

Tuve una sensación parecida cuando un amigo romano me contó, antes de que se hiciera público, lo que estaba pasando con el P. Rupnik, a quien también he leído e incluso conocido un poco a propósito de una tesis doctoral que codirigí sobre su obra. Caso el del Rupnik pendiente de aclarar en varios aspectos, por cierto.

Añadiré, incluso, que en la bibliografía sobre espiritualidad de este franciscano ahora condenado había, y hay, una mezcla de tradición y de modernidad, de horizontes de psicología bien aplicada que nacen de su conocimiento teórico y experiencial del alma humana, que era muy atractiva. Ya se ve que esa profundidad se utilizaba de forma ambivalente.

Me pongo en el lugar de las víctimas. Qué sufrimiento. Solicitación en confesión, un tipo penal que siempre me costó imaginar cuando estudiaba derecho canónico.

Pero la historia no termina aquí. Porque tenemos que analizar este caso en contexto, incluso temporal. La nota de la provincia franciscana lógicamente no da muchos detalles. Las sentencias de esta naturaleza no se publicitan, no estoy seguro de que lleguen incluso a las partes, como en el derecho civil. Ya me gustaría analizar la sentencia para ver cómo se abordó la cuestión del “falso misticismo”.

Hay una serie de preguntas que uno se hace cuando se enfrenta a un caso de esta naturaleza, preguntas que están en los análisis de los procesos y que afectan a aspectos que ahora se consideran sustantivos, que han llevado en determinadas causas a piezas subsiguientes. Preguntas que nos tenemos que hacer en este caso y en los que vengan.

¿En qué fecha se cometieron los actos delictivos objetos de denuncia y condena? ¿Qué proceso de denuncia, investigación, se ha seguido en este caso? ¿Quiénes eran sus superiores inmediatos y no tan inmediatos? ¿Qué hicieron con las primeras denuncias? ¿Qué credibilidad le confirieron? ¿Cómo actuaron? ¿Quiénes han sido parte actora, han intervenido en este proceso? …

El nombre del franciscano es Javier Garrido, por cierto.

José Francisco Serrano Oceja

JOSÉ FRANCISCO SERRANO OCEJA .

elconfidencialdigital.

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