El Jueves Santo, durante su última cena con sus discípulos, Jesús tomó pan, dio gracias a Dios, su Padre, partió el pan en pedazos y se lo dio a sus amigos, diciéndoles:
Tomad y comed, este es mi cuerpo, entregado por vosotros».
Al día siguiente, Viernes Santo, cuando lo vieron morir en la cruz, entregando su vida y su perdón, tal vez comenzaron a comprender que el pan partido representaba su cuerpo quebrantado en la cruz.
Esto era aún más cierto porque Jesús había añadido, tomando una copa de vino:
Recordaron que Jesús había dicho:
Haced esto en memoria mía».
Así pues, en su memoria, repetían cada domingo esta celebración de compartir el pan y el vino. Este pan que comemos en cada misa alimenta nuestra fe, nuestra esperanza, nuestro amor.
Una oración:
Señor, es maravilloso poder recibirte en nuestro interior a través del Pan de Vida. ¡Muchísimas gracias!
Una acción:
Durante la misa, escucha lo que dice el sacerdote, observa lo que hace en el altar y cómo los cristianos reciben el Cuerpo de Cristo.

Por LUC AERENS.
CATHOBEL.

