Eucaristía y sacerdocio

Pablo Garrido Sánchez
Pablo Garrido Sánchez

La Cena del SEÑOR inicia el Triduo Pascual y deja atrás el tiempo de Cuaresma. Por la mañana del Jueves Santo, los obispos se reúnen en la Misa Crismal con sus respectivos presbiterios en la Misa Crismal para bendecir los santos óleos, que durante el año van a ser utilizados dentro de la celebración de los distintos sacramentos: el Bautismo, la Confirmación, el Orden sacerdotal y la Unción de los enfermos. La celebración de  la Misa Crismal visibiliza la unión del Obispo con el clero  que lo acompaña en el peregrinar de la Iglesia en la Diócesis correspondiente, y se completa esta instantánea con la presencia del mayor número de seglares, que visibilizan el Pueblo de DIOS en marcha. Las dos figuras de la Iglesia quedan explicitadas en esos momentos: la imagen del Cuerpo de CRISTO ofrecido por san Pablo de forma especial, en el que  la jerarquía representa a CRISTO Cabeza  unido a los diferentes miembros representados por los seglares. Y la otra imagen más dinámica que mira al Pueblo de DIOS en marcha y peregrina en medio de las procelosas circunstancias de este mundo.

La promesa de JESÚS recogida en el capítulo seis de san Juan sobre el PAN de VIDA, se hace realidad el día de la última Cena. JESÚS pronuncia las palabras consecratorias sobre el pan y el vino, para que adquieran una condición totalmente nueva: el pan pasa a ser el CUERPO de CRISTO; y el vino sacramentalizado es la SANGRE de CRISTO. JESÚS de Nazaret, el CRISTO y el SEÑOR, permanecerá de modo especial en este sacramento, hasta que vuelva y presente al PADRE todas las cosas sometidas o cristificadas, según afirma la primera carta a los Corintios, en su capítulo quince. Por tanto la EUCARISTÍA no es un sacramento como los otros que están destinados a una determinada participación en CRISTO, sino que la EUCARISTÍA es el mismo JESUCRISTO, meta y fuente de toda la vida de la Iglesia. Los testimonios de los evangelios muestran que la noche de la Última Cena estuvo envuelta en densos nubarrones espirituales, en los que pasó desapercibido el profundo misterio eucarístico. Pero como otras cosas de las Escrituras y de la persona misma de JESÚS, fueron los acontecimientos posteriores los que ayudaron a releer  todo lo que había sucedido. La Resurrección, la venida del ESPÍRITU SANTO y la experiencia de la vida comunitaria en los primeros tiempos, dieron claro discernimiento sobre lo que había acontecido. Las comunidades pronto fueron conscientes de la necesidad de sostenerse en cuatro columnas: la enseñanza de los Apóstoles, la fracción del Pan; la comunión y las oraciones. El testimonio de san Pablo sobre la Cena del SEÑOR, en el capítulo once de la primera carta a los Corintios, pone de  relieve sobre qué ejes pivotaban las primeras comunidades cristianas; y, por ende, toda la iglesia en el futuro. Sin la EUCARISTÍA no se concibe la comunidad cristiana.

El Sínodo de la Amazonía puso de manifiesto con cierta alarma la carencia de sacerdotes en las zonas indígenas de misión. Un solo sacerdote puede tener encomendada una extensión de territorio, que le permite celebrar la Santa Misa una vez en el año por los poblados, que le son encomendados. Previamente a este Sínodo la cuestión de los “viri probati” –varones casados idóneos- estuvo en el debate; y de hecho constituyó uno de los puntos fuertes del Sínodo. La propuesta fue aprobada por una mayoría de los presentes en el Sínodo, cuyas actas y documentos fueron haciéndose públicos a lo largo del propio Sínodo. Como sabemos las conclusiones de un sínodo tienen que ser refrendadas por la exhortación apostólica correspondiente redactada y firmada por el Papa en tiempo y forma. Después de afirmar el papa Francisco, que daría por bueno lo aprobado por mayoría en el Sínodo, el Papa en la exhortación correspondiente dejó a un lado conclusiones importantes del Sínodo, y entre otras la concerniente a la ordenación de lo hombres casados con formación suficiente para asumir el presbiterado y paliar así, en lo posible, la escasez de presbíteros, que llevasen la celebración de la Misa a los lugares más apartados de los territorios de misión.

Saltaron todas las alarmas en los sectores más radicalizados pro celibato y Francisco dio marcha atrás, escribió su exhortación más poética y dejó el Sínodo en un intento de distintos objetivos. Nadie habló de eliminar el celibato, pues es una opción vivida por el propio JESÚS, que no le impidió aceptar en su compañía apóstoles casados como se comprueba en distintos lugares del Nuevo Testamento. Para algunos el Sacramento del Matrimonio no es un verdadero sacramento como para los protestantes, pues no le conceden gracia de estado alguna. El Sacramento del Matrimonio ha venido, según san Pablo, para hacer de los cónyuges una visibilización de la unión de JESUCRISTO con la Iglesia. Alguien que ama como JESUCRISTO  ama, y es amado como JESUCRISTO es amado, ¿no es digno de recibir el sacramento del Orden? El papa Francisco palió en alguna medida la proscripción de los sacerdotes que solicitan la dispensa de celibato para poder casarse con un rescripto rebajando en las prohibiciones y rechazo institucional de los anteriores; pero la institución sigue manteniendo una gran deuda de misericordia con los sacerdotes que han dedicado un buen número de años de su vida a la labor apostólica y se ven separados de sus funciones como si fueran réprobos. Se considera que desde el Concilio Vaticano II hasta estos momentos, ciento cincuenta mil sacerdotes dejaron el ministerio, de los cuales una buena parte ya van muriendo. No deja de ser una sangría de personas capacitadas, muchas de ellas con una alta cualificación; y en estos tiempos que corren la institución sigue mirando hacia otro lado con una impasibilidad total. Haber pedido la dispensa de celibato no es en modo alguno una traición como se ha hecho creer al pueblo católico sencillo. Los sacerdotes dispensados no son herejes, ni apóstatas; tan sólo han visto que su modo de estar en la Iglesia no se ajusta a la exigencia del celibato.

¿Saben los lectores que dentro de la Iglesia Católica existen sacerdotes casados provenientes de las iglesias orientales? La iglesia Católica tiene dos vertientes: la Iglesia Católica de rito latino, en la que los sacerdotes se comprometen a vivir el celibato; y los católicos de rito oriental cuyos sacerdotes están casados y ejercen sus funciones con total normalidad. Estos últimos actúan de modo general en países eslavos, aunque en España tenemos alguno dado la escasez de sacerdotes. El Papa quiso tener un gesto especial de acercamiento hacia los sacerdotes dispensados, y en el año jubilar último realizó la última visita no programada a tres sacerdotes jóvenes casados, que vivían en la Diócesis de Roma. Aquello se quedó en un gesto y se licuó toda la fuerza profética que tal acción podía llevar a cabo. Estos días estamos asistiendo a la Pasión de JESÚS y su muerte es pedida por la turba que de modo estridente exterioriza sentimientos religiosos heridos. En el rechazo al celibato opcional hay mucho desconocimiento de la materia, muy altas dosis de miedo ante situaciones nuevas y muy poco análisis sereno de algo capital, que podría traer múltiples beneficios a la Iglesia. JESUCRISTO no rechazó en el círculo más estrecho de los Doce a varones casados.

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