¿Estás viviendo como hijo o como huérfano?

¿Alguna vez has pensado que la fe puede vivirse sin mojarse demasiado, sin involucrarse a fondo, sin dejar que toque lo más delicado de tu vida? A veces preferimos una religión correcta, ordenada, pero segura. Y sin embargo, hoy el Evangelio te muestra a Jesús entrando al Jordán, bajando al agua, colocándose en la fila de los pecadores.

Jesús no se queda al margen, se mete de lleno en la historia humana. Jesús pide ser bautizado por Juan el Bautista y Juan se resiste. ¿Cómo el santo puede mezclarse con los pecadores? Pero Jesús responde con una frase decisiva: “Es necesario, le dice, cumplir toda justicia”, es decir, es necesario obedecer plenamente la voluntad del Padre que le ha mandado ir en búsqueda de los pecadores, aunque eso implique humillarse, cargar, descender. Así comienza la misión de Jesús, no con poder, sino con entrega.

Y lo que Jesús vive en el Jordán no es solo un acontecimiento suyo. Es la revelación de lo que el bautismo significa para ti. Porque cuando tú fuiste bautizado, no recibiste solo un rito exterior. Fuiste hecho hijo adoptivo de Dios, no por mérito, sino por gracia.

Dejaste de ser solo criatura para convertirte en hijo. Fuiste incorporado a la Iglesia no como espectador, sino como miembro vivo de un solo cuerpo. Te convertiste en una nueva criatura, con una vida nueva que no nace de la carne, sino del Espíritu.

Por eso cuando el Evangelio dice que se abrieron los cielos, está diciendo también que para ti el cielo quedó abierto. El bautismo te abrió las puertas de la vida eterna. Sembró en ti la vida de la gracia, la misma vida de Dios.

Desde ese día, Dios no solo está contigo, vive en ti. Tu cuerpo se volvió templo del Espíritu Santo, morada de una presencia que no se retira jamás. Sin embargo, el bautismo no actúa mágicamente.

Puede quedar dormido, apagado por la rutina, por el pecado, por una fe superficial. Y entonces el Evangelio te pregunta hoy, ¿estás viviendo como hijo o como huérfano? ¿Como miembro vivo de la iglesia o como alguien que cumple o ni eso? ¿Como templo del Espíritu o como si Dios no habitara en ti?

La voz del Padre sigue resonando: “Este es mi Hijo amado”. Y en Cristo esa voz también te alcanza a ti.Dios te ama por lo que eres, tú también eres su hijo. Pero ese amor exige una respuesta, te pide conversión, no puedes seguir viviendo como antes.

La invitación es clara esta semana, haz dos cosas. Primero, renueva conscientemente tu bautismo. Cada mañana, cuando hagas la señal de la cruz, recuerda que eres hijo de Dios, no esclavo. Segundo, cuida lo que eres, evita aquello que ensucia el templo de Dios que es tu cuerpo y da un paso concreto de conversión.

Hoy, al acercarte a la Eucaristía, recuerda, el mismo Cristo que bajó al Jordán viene a encontrarte para reavivar en ti la vida nueva que un día recibiste. Vive como hijo, como el cristiano que eres, y deja que el Espíritu Santo vuelva a abrir el cielo dentro de ti.

¡Feliz domingo! Dios te bendiga.

Comparte:
No hay comentarios

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *