Ese campo eres tú…

¿Alguna vez has sentido que en tu vida crecen al mismo tiempo cosas buenas y cosas que no quisieras tener?

Hay días en los que deseas amar más, tener paciencia, perdonar, confiar en Dios, pero también descubres en tu corazón miedos, enojos, heridas o pecados, y entonces te preguntas, ¿por qué sigo siendo así?

En el Evangelio de hoy, Jesús cuenta la historia de un hombre que sembró buena semilla en su campo, pero mientras todos dormían, su enemigo sembró cizaña entre el trigo.

Cuando apareció, los trabajadores quisieron arrancarla de inmediato. Sin embargo, el dueño les pidió paciencia para no destruir tan bien el trigo. Al final, en el tiempo de la cosecha, todo quedaría en su lugar. La imagen del campo ilumina toda tu vida. Ese campo eres tú.

Dios ha sembrado en ti una buena semilla, la fe, el amor, la capacidad de hacer el bien, el deseo de ser santo, pero también existe la cizaña, el pecado, las heridas, las tentaciones y todo aquello que intenta apartarte de Él. Lo más importante del Evangelio es descubrir que Dios no se desespera contigo. Él ve el trigo que todavía está creciendo, incluso cuando tú solo alcanzas a ver la cizaña.

Su paciencia no es indiferencia, es misericordia. Él nunca deja de creer en lo que Su gracia puede hacer en ti. ¿Cuántas veces eres duro contigo mismo con los demás? ¿Quisieras que tu familia cambiara de un día para otro, que un hijo madurara enseguida, que un matrimonio sanara de inmediato o que una persona dejara de fallarte? También puede caer en la tentación de etiquetar a alguien por sus errores.

Pero Jesús te invita a mirar como Él mira, con esperanza. Donde tú ves un fracaso, Él sigue viendo una semilla capaz de dar fruto. Eso no significa conformarte con el mal.

La cizaña no tendrá la última palabra. Jesús te llama a colaborar con Su gracia para que cada día el trigo crezca más fuerte. La conversión comienza cuando dejas de fijarte solo en lo malo y permites que Dios cultive en ti lo mejor que sembró desde el día de tu bautismo.

Esta semana, cada vez que descubras una debilidad en ti o en alguien más, recuerda, Dios nunca abandona el campo que Él mismo sembró. Y graba esa certeza en tu corazón: La paciencia de Dios no retrasa la cosecha. Hace posible que el trigo llegue a ser abundante.

Esta semana, haz dos cosas. Primero, antes de juzgar o corregir a alguien, pídele a Dios que te ayude a poder mirar a esa persona con los ojos pacientes y misericordiosos de Jesús.

Segundo, identifica una buena semilla que Dios ha puesto en ti, como la paciencia, la generosidad o la oración, y cultívala cada día con una acción concreta.

“Señor Jesús, gracias porque nunca te cansas de esperar y de creer en mí. Tú conoces mi trigo y también mi cizaña, pero no dejas de amarme. Arranca de mi corazón todo lo que me aleja de ti y fortalece la buena semilla que sembraste el día de mi bautismo. Hazme paciente conmigo mismo y misericordioso con los demás para que un día pueda dar el fruto abundante que tú esperas de mí.

¡Feliz domingo. Dios te bendiga!

No hay comentarios

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *