- Arrodillarse no es un mero gesto accesorio.
- Desde los tiempos de las Escrituras, la humanidad se ha arrodillado para adorar, orar e implorar.
- A lo largo de los siglos, el reclinatorio se ha convertido en su instrumento tangible.

El nuevo obispo designado por León XIV, Daniel García, ha ordenado retirar los rfeclinatorios, expresamente para impedir que los fieles puedan comulgar de rodillas.
En la Diócesis de Austin, la decisión de retirar los reclinatorios utilizados para la Sagrada Comunión ha provocado indignación.

Muchos la consideran un ataque directo a la reverencia eucarística y un intento de erradicar la antigua práctica de arrodillarse.
En un memorándum fechado el 12 de noviembre de 2025, el Reverendísimo James A. Misko, Vicario General de la Diócesis de Austin, instruye a los párrocos a retirar los reclinatorios utilizados durante la distribución de la Sagrada Comunión. El documento afirma que la presencia de un reclinatorio podría confundir a los fieles respecto a las normas litúrgicas o ejercer una presión indebida sobre quienes prefieren comulgar de pie. Estos argumentos han sorprendido profundamente a muchos católicos.
Porque un reclinatorio no obliga a nadie.
Es simplemente un apoyo, un lugar de descanso respetuoso que permite a quienes desean arrodillarse, especialmente a los ancianos o frágiles, hacerlo con dignidad y sin riesgo.
Quitarlo dificulta, incluso imposibilita, arrodillarse para quienes más lo necesitan.
Muchos ven esto como una forma indirecta de eliminar un acto de devoción perfectamente legítimo.
Esta decisión resulta aún más chocante porque afecta a un objeto cuyo significado trasciende con creces su función práctica.
El reclinatorio forma parte
de la historia viva
de la piedad católica.
Originario de la Edad Media,
se fue consolidando gradualmente
en capillas e iglesias
como el mueble esencial para la oración.
Su estructura
—un pequeño banco para la rodilla,
un apoyo para las manos—,
expresa
de forma sencilla y clara
la actitud fundamental del cristiano:
humillarse ante Dios,
elevando las manos hacia Él.
Nos recuerda
que cuerpo y alma oran juntos,
que uno no entra
en la presencia de Cristo Eucarístico
como quien entra en una sala de reuniones.
Quitar un reclinatorio no es simplemente mover un mueble. Es tocar un profundo símbolo de humildad y adoración.
- En muchas familias, el reclinatorio se transmitía como una reliquia espiritual, usado para la oración vespertina o en momentos de gran dificultad.
- Guardaba el recuerdo de generaciones arrodilladas ante Dios.
- Hoy, en las iglesias, continúa expresando esta piedad, particularmente durante la Comunión, donde arrodillarse no es solo una elección personal, sino un acto público de fe.
La Instrucción General del Misal Romano afirma explícitamente que todos los fieles pueden comulgar de rodillas. El comunicado de la Diócesis de Austin cita este pasaje, pero adopta una medida que contradice su espíritu: dice que se permite arrodillarse, pero luego elimina el objeto mismo que permite experimentarlo en la práctica. Esta paradoja no pasa desapercibida.
¿Cómo se puede hablar de libertad litúrgica
cuando se suprimen
los medios concretos para alcanzarla?
Para muchos fieles, esta prohibición del reclinatorio simboliza una tendencia preocupante: una liturgia cada vez más estandarizada donde los gestos tradicionales de adoración parecen fuera de lugar, como si se hubieran convertido en una anomalía.
Justo cuando miles de jóvenes católicos redescubren el significado de lo sagrado, del silencio y de la postración ante la presencia real de Cristo, se les arrebata uno de los signos más sencillos y poderosos de su fe.
La pregunta crucial sigue siendo:
- ¿por qué eliminar algo que nos ayuda a adorar?
- ¿Por qué desconfiar de la piedad, como si se hubiera vuelto sospechosa en ciertas parroquias?
- ¿Por qué despreciar un mueble que, lejos de dividir, simplemente permitía a los fieles expresar su amor a Dios según una tradición antigua y respetada?
Conmocionados y dolidos, los católicos de Austin esperan ahora una aclaración. Ante todo, esperan respeto por su devoción, su libertad y este acto de culto que ha moldeado siglos de fe cristiana: arrodillarse ante su Señor.
Por MANON BORDIER.
DOMINGO 16 DE NOVIEMBRE DE 2025.
TCH.

