Es tiempo de entrar en el desierto de nuestra existencia…

Bienvenidos a esta reflexión desde la Palabra de Dios en el I Domingo de Cuaresma.

La vida es un camino hacia la Vida, el tiempo es un camino hacia la eternidad, la cuaresma es un camino hacia la Pascua.

En el primer domingo de cuaresma, año con año escuchamos “la estadía de Jesús en el desierto donde fue tentado por Satanás”. Pero cada año, leemos el Evangelio de acuerdo al ciclo litúrgico que toca. Como estamos en el ciclo A, escuchamos la narración que San Mateo nos presenta.

Después de recibir el bautismo, conducido por el Espíritu al desierto, donde todo invita a un encuentro profundo con Dios, Jesús se da tiempo de reflexión y de oración, antes de iniciar su ministerio. Allí encontrará la fuerza necesaria para el cumplimiento de su misión. En este ambiente, siente una necesidad muy humana; su cuerpo requiere alimento, siente hambre. Cuando su apariencia mostraba debilidad, se presenta el tentador, Satanás; y le propone una forma de mostrar su mesianismo a la humanidad. Trata de seducirlo para cambiar su proyecto de salvación para toda la humanidad. Satanás le presenta tres tentaciones, como dirá Fiódor M. Dostoievski: “Allí se resumen las grandes aspiraciones del ser humano, las grandes tentaciones ante las cuales se rinde la persona humana; esas tentaciones que nos centran en nosotros mismos y nos apartan de Dios”. La tentación es siempre un engaño, nos promete plenitud, felicidad, sentido, verdad… y es una inmensa mentira. Y toda tentación, todo pecado, viene de la misma clave: del engaño de que sin Dios seríamos más plenos, más felices.

La intención del tentador no es que Jesús elija entre el bien y el mal, sino simplemente que elija el bien aparente propuesto por Satanás y no el bien real querido por Dios. Así lo empuja por caminos de nuestra lógica, caminos brillantes, hermosos. Satanás propone a Jesús la redención sin dolor; lo que Fulton Sheen definió como tres atajos para no pasar por la cruz.

Veamos algo sobre las tentaciones:

1ª- Un reformador social: En la primera tentación, se le propone a Cristo, que reduzca su función redentora a una reforma social; que convierta las piedras en pan, primero para sí y después para los demás. Ese gran sueño que han tenido los pueblos de contar con el vientre satisfecho; ese pan que hace alusión al dinero, al confort, al placer, al paraíso en la tierra. Ese materialismo de distinto color que se presenta como lo más importante y que hoy domina el mundo. Jesús recuerda que Él no es un repartidor de pan, sino que trae algo más importante y muy distinto: la Palabra de Dios, único alimento que puede saciar definitivamente el corazón del hombre. Jesús trae la Palabra de Dios que, si es aceptada, traerá el pan de la tierra por añadidura; Jesús sabe que con sólo pan no consigue el amor, pero que con el amor, se puede conseguir el reparto equitativo de los bienes materiales. No olvidemos que el demonio sigue tratando de engañar, que sólo de pan vive el hombre y los seguidores de Jesús seguimos anunciando que sí hay que buscar el pan material de cada día, pero primero hay que buscar el Pan de Vida, que es Dios y su Amor, Pan de cada día para todos.

A lo largo de la historia, han surgido sistemas políticos que ponen de trasfondo esta tentación; ya que ofrecen pan, dádivas al pueblo; prometen lo que no pueden sostener y así tenemos los “programas sociales”, que el pueblo se sienta agradecido por migajas, aunque le falte lo esencial, que es el amor, la libertad y la paz. Ésta es una tentación muy actual y somos testigos de cuántos hermanos, engañados, caen en esa tentación.

2ª- La tentación del uso de Dios: Satanás propone a Jesús un mesianismo milagrero y fosforescente. Que se arroje del templo como entrada triunfal, eso haría que todos se pongan de pie tras Él. Es la carrera detrás del milagro, como dicen algunos: “que se haga el milagro, aunque venga del diablo”. Muchos prefieren una mentira brillante a cien verdades grises. En esta tentación, entra en juego el concepto de Dios y el absurdo modo de entenderlo como una fuente de beneficios. Por eso, el diablo incita a Jesús a usar a Dios, poniéndolo al servicio de sus intereses o de su misión. Este dilema sigue muy presente en los cristianos de hoy, lo podemos formular así: ¿Hay que eliminar la cruz para hacer un cristianismo más llevadero?. Claramente vemos que Jesús se rehúsa a realizar milagros con esa intencionalidad.

3ª- La tentación del poder: En esta tentación es donde el diablo muestra su verdadera naturaleza; no sabemos qué admirar más, si la audacia o el descaro con que pide ser adorado o si la tranquilidad con la que alardea de que todo el poder de este mundo es suyo y puede dárselo a quien quiera. El diablo se muestra como un ídolo, como lo que él quisiera ser: un anti-dios. Pretende que Jesús se contente con el mundo y se olvide de las almas, así, el poder ayudaría a dominar el mundo y después el mundo podría escuchar su mensaje. El diablo lo tienta para inducir su mesianismo por otros derroteros; aunque Jesús le enseña al diablo que existe un poder que no es de este mundo; un poder que camina por las sendas del amor, del fracaso aparente y de la cruz. Jesús sabe que el poder de este mundo corrompe; desde la altura de un trono es difícil o casi imposible, amar, ya que el trono aleja, mientras que la cruz acerca. El Señor sabe que con oro se compran conciencias, pero eso sería una conquista, no una redención. Jesús comienza derrotando al demonio y a las falsificaciones del mesianismo.

Hermanos, no cantemos victoria al saber que Satanás fue vencido por Jesús en el desierto, recordemos que sigue buscando la ocasión para apartarnos de los caminos de Dios. Al inicio de esta cuaresma, pensemos: ¿De qué manera me está tentando Satanás? ¿Soy consciente que el tentador sigue cerca de mí? Estas tentaciones: ¿Cómo se presentan en el mundo? Descubramos los falsos mesianismos que algunos sistemas políticos presentan a sus pueblos; descubramos el anzuelo detrás de la carnada y resistamos la tentación.

Es tiempo de entrar en el desierto de nuestra existencia, de nuestra propia historia; de dejarnos guiar y llenar por el Espíritu para descubrir cuáles son nuestras tentaciones, aquellas que tratan de someter nuestra libertad y dignidad como hijos de Dios.

Hermanos, Cristo ha vencido al diablo; las falacias y promesas mentirosas de Satanás fueron rebatidas con prontitud y con decisión por nuestro Señor Jesucristo. Apoyados en la gracia de Dios, que no nos ha de faltar, también nosotros venceremos a nuestro más encarnizado enemigo, a Lucifer. Entonces, como Jesús, hallaremos el consuelo y la paz, la satisfacción en nuestras ansiedades y deseos. Jesús nos enseña ahora a superar la tentación que nos puede conducir al pecado. Creo que la clave es la confianza en Dios y la escucha continua de su Palabra. Esa es nuestra fuerza.

Les bendigo a todos, en el nombre del Padre, y del Hijo, y del Espíritu Santo. Feliz domingo para todos.

Obispo de la Diócesis de Apatzingan
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