El Vaticano admite que «La transmisión de la fe prácticamente se ha detenido»: ¿pero…quién es el culpable?

ACN
Depositphotos
Depositphotos

Como con sorpresa, como si se tratara de algo novedoso, inesperado, el Vaticano bajo la dirección de León XIV, acaba de emitir un documento más, el «Vente ad me» («Venid a mí»), en el que admite algo que desde el termino del Concilio Vaticano II ha flagelado a la sociedad y sacudido a la Iglesia Católica: «La transmisión de la fe prácticamente se ha detenido «.

Reconocerlo, repetirlo, no tiene mérito ni sentido.

Desde que según el Papa Paulo VI «el humo de Satanás penetro en la Iglesia» como fruto amargo del Concilio Vaticano II, para la sociedad y la Iglesia, el panorama ha sido catastrófico y desalentador:

  • Iglesias semi vacías.
  • Seminarios sin seminaristas.
  • Desplome del número de sacerdotes y religiosos en el mundo.
  • Cientos de sacerdotes acusados y sentenciados por abuso homosexual y pederasta.
  • Caída drástica del número de católicos en países «avanzados » de Europa,
  • Etcétera, etcetera, Etcétera.

Asi que la afirmación
del nuevo documento
del Vaticano , no es de llamar la atención.

Simple y llanamente,
es la presentación
de lo evidente,
lo constatable,
lo innegable:
una Iglesia Católica enferma

Lo que importa en éste momento, como sucede con cualquier enfermo, es la diagnosis.

Porque si la diagnosis es equivocada, la terapia será incorrecta…y hasta mortal

El lugar común para tratar de justificar el lamentable estado de la Iglesia posconciliar, es culpar a «la secularizacion». Y después, apelar al buen ejemplo individual y la desarticulación del núcleo familiar. Esto es, al llamado «testimonio» personal.

Pero el problema principal que hoy afrontan el catolicismo y la Iglesia en sí para una consistente y fructífera transmisión de la fe a la sociedad, deriva no de cada persona, ni de cada familia —en buena medida víctimas de la Revolución moral, desafortunadamente alentada desde algunos sectores bien efinidos de la propia jerarquía eclesiástica–…sino de sacerdotes, obispos y cardenales que:

  • dan mal ejemplo con una conducta sexual impropia que ha dejado miles de víctimas en el mundo;
  • que tratan de legitimar la sodomia y fomentan la sodomizacion;
  • que bendicen a parejas en pecado mortal;
  • que han convertido las misas en espectáculos;
  • que han abierto la puerta a ritos paganos, so pretexto de la «inculturacion»;
  • que celebran liturgias «interreligiosas» en las que el catolicismo queda diluido..

¿Por qué se muestra sorprendido el Vaticano de que «la transmisión de la Fe prácticamente se haya detenido»…si incluso desde la propia Santa Sede se ha insistido en «no hacer proselitismo»?

¿Por qué se muestra sorprendido ahora el Vaticano de que «la transmisióndelaFe se haya detenido»…si incluso desde la misma Santa Sede se dice todas las religiones son iguales?

¿Por qué se muestra sorprendido ahora el Vaticano de que «la transmisión de la Fe se haya detenido»…si desde la propia Santa Sede se equipara el catolicismo con otras «tradiciones religiosas»?

¿Para que convertirse, hacer suya la Fe –dicen algunos–, si ahora sacerdotes, obispos y cardenales ‘catolicos’ están legitimando formas, experiencias de vida pro abortivas, pro homosexualistas, pro feministas, que se encuentran en otros credos, en otras «tradiciones religiosas» y no requieren conversión alguna?

El nuevo documento del Vaticano tiene el mérito de reconocer lo que todos sabemos, pero sólo «tira la piedra y esconde la mano «.

La transmisión de la Fe prácticamente se ha detenido…no porque la doctrina, los principios milenarios para evangelizar, para catequisar, sean obsoletos o carezcan de valor, sino precisamente por lo contrario: es decir, porque precisamente tras el Concilio, los progresistas gan diluido tanto los co tenidos como la actividad pastoral de la Iglesia, que el Catolicismo se presenta desabrido, insípido.

Sí, el nuevo documento del Vaticano presenta una alarmante evaluación del deterioro en la transmisión de la fe entre generaciones, pero esconde la mano.

No acepta la responsabilidad de la gerarquia posconciliar – sinodalista en esa crisis.

El documento insiste en la necesidad de reposicionar a Jesucristo, pero olvida citar que en reuniones y documentos «interreligiosos», se le ha omitido. No se ha citado el nombre de Jesucrito.

Sin embargo, a pesar de esta práctica «interreligiosa», el documento del Vaticano insiste en la necesidad de redescubrir el kerygma , la proclamación fundamental de Jesucristo, quien murió y resucitó para la salvación de la humanidad. Recuerda las palabras de san Pablo: «Si Cristo no ha resucitado, vana es nuestra predicación y vana también vuestra fe» (1 Corintios 15:14). Por lo tanto, el cristianismo no puede reducirse a valores humanitarios, compromiso social o una moral de fraternidad. Se fundamenta en la Revelación del Dios Trino y en la victoria de Cristo sobre el pecado y la muerte.

Esta prioridad otorgada al encuentro personal con Jesús no implica, sin embargo, el abandono de la doctrina. El texto distingue entre fides qua , el acto personal de creer, y fides quae , el contenido objetivo de la fe.

El documento otorga gran importancia a la liturgia, el arte sacro y la belleza cristiana. Recuerda el adagio lex orandi, lex credendi : la ley de la oración expresa la ley de la fe. La liturgia no puede reducirse a una simple reunión comunitaria. Introduce a los fieles al misterio de Cristo. La dignidad de las celebraciones, el canto, el silencio y los símbolos sagrados contribuyen así a la transmisión de la fe. El Dicasterio también subraya cómo la belleza puede conducir a Dios, narrando, en particular, el viaje de un joven de familia atea, profundamente influenciado por la música y por su descubrimiento de la catedral de Chartres. Esta es una lección esencial para una época en la que el patrimonio religioso se considera con demasiada frecuencia únicamente desde una perspectiva cultural: las iglesias y catedrales se construyeron ante todo para glorificar a Dios.

Sí, eso dice el texto, pero no menciona que desde la propia Santa Sede se está en guerra contra la Misa Tradicional. ¿Cuál transmisión de la Fe puede darse, si como dijo Benedicto XVI, lo que la Iglesia consideró sagrado…ahora se le cuestiona y se e califica de ilícito, casi delictivo?

Por JOSÉ ANTONIO PEREZ STUART.

VIERNES 23 DE OCTUBRE DE 2026.

PUEBLA, MÉXICO.

ByACN
Follow:
La nueva forma de informar lo que acontece en la Iglesia Católica en México y el mundo.
No hay comentarios

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *