El Papa León XIV llama a abstenerse de “las palabras que ofenden”

ACN

*»Evitad los juicios precipitados, escuchad y ayunad… para un auténtico arrepentimiento»

León XIV ha publicado su mensaje para la Cuaresma de 2026, titulado “Escucha y ayuna”. En este texto, invita a los fieles a poner a Dios en el centro de sus vidas, a redescubrir la primacía de la Palabra y a experimentar un ayuno que afecta no solo al cuerpo, sino también a la palabra, las relaciones y el corazón.

En el centro de su exhortación se encuentra un llamado concreto y exigente:

  • practicar la abstinencia de palabras hirientes,
  • renunciar a los juicios precipitados, la calumnia y la difamación.

Esta propuesta se arraiga en la tradición ascética de la Iglesia y compromete profundamente la conversión personal y comunitaria.

Desde el inicio de su mensaje, el Papa León XIV nos recuerda que la Cuaresma es el tiempo en que la Iglesia nos invita a «poner el misterio de Dios en el centro de nuestras vidas». 

La conversión, desde esta perspectiva, no es principalmente un esfuerzo moral aislado, sino un reenfoque teológico. Se trata de devolver a Dios al primer plano para que la fe recupere su impulso y el corazón deje de estar disperso por las ansiedades y las distracciones.

El Papa enfatiza que todo camino de conversión comienza cuando una persona se deja alcanzar por la Palabra y la recibe con docilidad.

  • La transformación cristiana no surge de una estrategia humana, sino de la aceptación de un don.
  • La Palabra precede, ilumina y convierte.
  • Al evocar la zarza ardiente y las palabras de Dios a Moisés: «He visto la miseria de mi pueblo… He escuchado sus gritos «, el Papa nos recuerda que escuchar pertenece, ante todo, a Dios mismo.
  • Para un cristiano, escuchar significa adentrarse en esta forma divina de estar presente en el mundo.

León XIV estableció un estrecho vínculo entre la escucha de la Palabra en la liturgia y la escucha de la realidad. Las Sagradas Escrituras educan el oído del creyente para que reconozca la voz que se alza ante el sufrimiento y la injusticia.

Este enfoque evita tanto el espiritualismo incorpóreo como el activismo puramente horizontal. La escucha cristiana une contemplación y responsabilidad, oración y discernimiento. La «disposición interior de receptividad» evocada por el Papa se refiere a la obediencia bíblica, ob-audire, escuchar bajo la autoridad de Dios. En la segunda parte de su mensaje, el Papa aborda el ayuno como una práctica concreta que prepara para recibir la Palabra. La abstinencia de alimentos es un ejercicio ascético antiguo e irremplazable. Al involucrar el cuerpo, el ayuno revela lo que la humanidad verdaderamente anhela. Nos permite discernir nuestros apetitos, ordenar nuestros deseos y mantener viva la sed de justicia. Citando a San Agustín, el Papa nos recuerda que la tensión del deseo expande el alma y la abre a la plenitud futura. Sin embargo, el ayuno debe vivirse con humildad y fe, de lo contrario corre el riesgo de convertirse en orgullo o mera actuación.

Es en este marco que se sitúa el llamado a abstenerse de las palabras hirientes : «Comencemos por desarmar el lenguaje renunciando a las palabras hirientes, a los juicios apresurados, a las calumnias sobre los ausentes que no pueden defenderse y a las calumnias».

Esta exhortación toca un punto sensible de la vida contemporánea, marcada por la violencia verbal, especialmente en debates públicos y en redes sociales.

  • El Papa no nos pide que abandonemos la verdad ni que suavicemos las exigencias doctrinales.
  • Nos llama a purificar nuestro lenguaje, a elegir con cuidado nuestras palabras y a cultivar la amabilidad.
  • Las palabras involucran a toda la persona; pueden edificar o destruir.
  • El ayuno del lenguaje se convierte así en un verdadero acto de penitencia.
  • No se trata de callar por miedo, sino de hablar con caridad.
  • La verdad debe decirse, pero debe decirse con justicia y sin violencia.
  • Desarmar el lenguaje significa reconocer que la conversión también implica cómo hablamos de los demás y cómo juzgamos.

Finalmente, el Papa enfatiza la dimensión comunitaria de la Cuaresma. Al igual que el pueblo reunido en tiempos de Nehemías para escuchar la Ley y ayunar juntos, las parroquias, las familias y las comunidades están llamadas a un camino compartido.

La conversión no es solo una cuestión de conciencia individual; afecta al estilo de las relaciones, la calidad del diálogo y la capacidad de escuchar el clamor de los pobres. }Al pedir la gracia de una Cuaresma que nos haga más atentos a Dios y a los más vulnerables, y la fuerza de un ayuno que también implica hablar, el Papa León XIV propone un camino exigente para 2026, arraigado en la tradición de la Iglesia y orientado al arrepentimiento genuino. Es un retorno a lo fundamental: escuchar como Dios escucha, ayunar para purificar el deseo y hablar para edificar, no para herir.

Texto completo del mensaje del Papa León XIV

“  Escucha y rápido.”

La Cuaresma como tiempo de conversión

Queridos hermanos y hermanas:

La Cuaresma es el tiempo en el que la Iglesia, con materna solicitud, nos invita a volver a poner el misterio de Dios en el centro de nuestra vida, para que nuestra fe recupere impulso y nuestro corazón no se disperse entre las preocupaciones y distracciones de cada día.

Todo camino de conversión comienza cuando nos dejamos tocar por la Palabra y la recibimos con una mente abierta. Existe, por tanto, una conexión entre el don de la Palabra de Dios, el espacio de hospitalidad que le ofrecemos y la transformación que produce. Por eso, el camino cuaresmal se convierte en una oportunidad propicia para escuchar la voz del Señor y renovar nuestro compromiso de seguir a Cristo, recorriendo con él el camino que conduce a Jerusalén, donde se despliega el misterio de su pasión, muerte y resurrección.

Escuchar

Este año quisiera llamar la atención, ante todo, sobre la importancia de dejar espacio a la Palabra a través de la escucha , porque la disponibilidad a escuchar es el primer signo con el que se manifiesta el deseo de entrar en relación con el otro.

Dios mismo, al revelarse a Moisés desde la zarza ardiente, demuestra que escuchar es un rasgo distintivo de su ser: «He visto la aflicción de mi pueblo en Egipto y he escuchado su clamor» ( Éxodo  3:7). Escuchar el clamor de los oprimidos es el comienzo de una historia de liberación en la que el Señor también involucra a Moisés, enviándolo a abrir un camino de salvación para sus hijos esclavizados.

Un Dios comprometido nos alcanza hoy con pensamientos que resuenan en su corazón. Por eso, escuchar la Palabra en la liturgia nos educa a una escucha más auténtica de la realidad: entre las muchas voces que impregnan nuestra vida personal y social, la Sagrada Escritura nos permite reconocer la que surge del sufrimiento y la injusticia, para que no quede sin respuesta. Entrar en esta disposición interior de receptividad significa dejarnos instruir por Dios hoy para escuchar  como  Él lo hace, hasta el punto de reconocer que «la condición de los pobres es un grito que, a lo largo de la historia de la humanidad, interpela constantemente nuestras vidas, nuestras sociedades, nuestros sistemas políticos y económicos y, finalmente y sobre todo, a la Iglesia». [1]

Rápido

Si bien la Cuaresma es un tiempo para escuchar,  el ayuno  es una práctica concreta que nos prepara para recibir la Palabra de Dios. La abstinencia de alimentos es, de hecho, un ejercicio ascético muy antiguo e irremplazable en el camino de la conversión. Precisamente porque involucra el cuerpo, hace más evidente lo que anhelamos y lo que consideramos esencial para nuestro sustento. Sirve, por tanto, para discernir y ordenar nuestros apetitos, para mantener vigilantes nuestra hambre y sed de justicia, liberándolas de la resignación y alimentándolas para que se conviertan en oración y responsabilidad hacia el prójimo.

San Agustín, con perspicacia espiritual, insinúa la tensión entre el momento presente y la plenitud futura que impregna esta protección del corazón, cuando observa que: «Durante la vida terrena, es propio de los hombres tener hambre y sed de justicia, pero saciarse de ella pertenece a la otra vida. Los ángeles se sacian de este pan, de este alimento. Los hombres, en cambio, lo anhelan; todos se sienten atraídos por su deseo. Esta tensión en el deseo expande el alma, aumenta su capacidad». [ 2]  El ayuno, entendido en este sentido, nos permite no solo disciplinar el deseo, purificarlo y hacerlo más libre, sino también ampliarlo para que se vuelva hacia Dios y se oriente a hacer el bien.

Sin embargo, para que el ayuno conserve su verdad evangélica y evite la tentación del orgullo, debe vivirse siempre con fe y humildad. Esto requiere permanecer arraigados en la comunión con el Señor, porque «nadie ayuna verdaderamente si no sabe nutrirse de la Palabra de Dios». [3]  Como signo visible de nuestro compromiso interior de apartarnos, con el apoyo de la gracia, del pecado y del mal, el ayuno debe incluir también otras formas de privación destinadas a ayudarnos a adquirir un estilo de vida más sobrio, pues «solo la austeridad hace auténtica y fuerte nuestra vida cristiana». [4]

Por lo tanto, quisiera invitarlos a una forma muy concreta y a menudo impopular de abstención: abstenernos de palabras que hieren y hieren a los demás. Comencemos por desarmar el lenguaje, abandonando las palabras duras, los juicios precipitados, las habladurías sobre quienes están ausentes y no pueden defenderse, y las calumnias. En cambio, esforcémonos por aprender a medir nuestras palabras y cultivar la amabilidad: en las familias, entre amigos, en el trabajo, en las redes sociales, en los debates políticos, en los medios de comunicación y en las comunidades cristianas. Entonces, muchas palabras de odio darán paso a palabras de esperanza y paz.

Juntos

Finalmente, la Cuaresma resalta la dimensión comunitaria de la escucha de la Palabra y la práctica del ayuno. La Escritura también enfatiza este aspecto de muchas maneras. Por ejemplo, en el libro de Nehemías, se relata cómo el pueblo se reunió para escuchar la lectura pública del Libro de la Ley y, observando el ayuno, se preparó para la confesión de fe y el culto a fin de renovar la alianza con Dios (cf.  Ne  9,1-3).

Asimismo, nuestras parroquias, familias, grupos eclesiales y comunidades religiosas están llamadas a emprender un camino compartido durante la Cuaresma, donde escuchar la Palabra de Dios, así como el clamor de los pobres y de la tierra, se convierta en una forma de convivencia, y donde el ayuno sustente un arrepentimiento genuino. Desde esta perspectiva, la conversión no solo concierne a la conciencia individual, sino también al estilo de las relaciones, la calidad del diálogo, la capacidad de ser interpelados por la realidad y la capacidad de reconocer lo que realmente guía nuestros deseos, tanto en nuestras comunidades eclesiales como en la sed de justicia y reconciliación de la humanidad.

Amados, pidamos la gracia de una Cuaresma que nos haga más atentos a Dios y a los más vulnerables. Pidamos la fuerza de un ayuno que también involucre nuestras lenguas, para que las palabras hirientes disminuyan y crezca el espacio para la voz de los demás. Y asegurémonos de que nuestras comunidades se conviertan en lugares donde se escuche el clamor de quienes sufren y donde la escucha genere caminos de liberación, haciéndonos más dispuestos y diligentes para contribuir a la construcción de la civilización del amor.

Os bendigo de todo corazón a vosotros y a vuestro camino cuaresmal.

Vaticano, 5 de febrero de 2026, memoria de santa Águeda, virgen y mártir.

León PP. XIV

________________

[1]  Exhortación. después de  Dilexi te  (4 de octubre de 2025), 9.

[2]  San Agustín,  La utilidad del ayuno , 1, 1.

[3]  Benedicto XVI,  Catequesis  (9 de marzo de 2011).

[4]  San Pablo VI,  Catequesis  (8 de febrero de 1978).

Fuente del Vaticano

Por QUENTIN FINELLI.

VIERNES 13 DE FEBRERO DE 2026.

TCH.

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