* ¿Se puede proclamar la unidad con quienes están fuera de la Iglesia y excomulgar a los católicos fieles a la Tradición?
Recientemente, el Papa León XIV dijo a los anglicanos en un servicio de oración ecuménico en el Vaticano que «ya somos uno». Esta declaración, si se toma en serio, no es un simple comentario cortés o diplomático. Es una afirmación teológica con implicaciones teológicas concretas.
Las palabras pronunciadas por un papa implican principios sobre la naturaleza de la unidad cristiana, la Iglesia y la relación entre la verdad, el culto y la comunión.
Si se afirma la unidad eclesial con los anglicanos —quienes no están en comunión con la Iglesia católica, rechazan la autoridad papal y cuya teología sacramental es, según los estándares católicos, defectuosa—, entonces la unidad con los católicos en plena comunión con Roma, reconociendo la autoridad legítima del Papa, profesando la totalidad de la doctrina católica y celebrando un rito canonizado por siglos de uso ininterrumpido, sin duda debe aplicarse con mayor rigor.
¿Incoherencia, inconsistencia o insinceridad?
¿No constituye el trato de León XIV a los católicos de tendencia tradicionalista un caso de prueba decisivo?
- Estos católicos no están apegados a ninguna novedad,
- Ni han formado una religión paralela.
Son simplemente católicos que viven una expresión litúrgica que se desarrolló orgánicamente a lo largo de los siglos, promulgada por los papas y ligada inseparablemente a la doctrina católica mediante el principio de lex orandi, lex credendi .
¿Acaso la propia Iglesia no ha venerado durante mucho tiempo este rito como una valiosa salvaguardia de la ortodoxia y de la unidad doctrinal y litúrgica?
El trato de León XIV con estos católicos, revela si su llamado a la unidad es auténtico y sincero, o retórico y falso.
Quien cree verdaderamente que la unidad precede a la uniformidad, defiende el derecho de los católicos a practicar libremente su culto en un rito consagrado por la Iglesia, sin tolerancia condescendiente, acoso ni desprecio.
Si, por el contrario, estos católicos son despreciados, estigmatizados o injustamente retratados como «divisivos», ¿no se convierte la proclamada «unidad» en una farsa, un engaño, una estafa? ¿No se convierte en un eslogan vacío? Se invoca cuando no cuesta nada, pero se rechaza cuando exige respeto por la verdadera unidad.
Aquí es donde la honestidad del Papa León XIV se sostiene o se hunde.
Quienes predican un «ecumenismo» inspirado en el Vaticano II, bajo las banderas del amor, la paz y la unidad, están moralmente obligados a demostrar su sinceridad practicando lo que predican.
Revelan su incoherencia e insinceridad al practicar selectivamente el «ecumenismo» y toda la retórica post-Vaticano II que lo rodea.
Quienes buscan genuinamente la unidad aplicarán este principio ante todo a quienes están dentro de la Iglesia. A los fieles que se aferran a la Tradición Católica y al Magisterio.
¿Eclesiología auténtica o retórica barata?
¿Acaso proclamar la «unidad», al aceptar las diferencias externas, mientras se castiga la fidelidad interna… es la verdadera unidad católica?
¿O es simplemente retórica barata utilizada para disfrazar la manipulación ideológica?
¿No invierte la eclesiología católica al tratar a quienes están fuera de la Iglesia como si estuvieran en plena comunión, mientras excluye de ella a quienes están plenamente dentro de ella? ¿Acaso este enfoque sanará las divisiones? ¿En serio? ¿O solo profundizará las heridas y, en última instancia, destruirá la unidad eclesial al socavar la confianza, la credibilidad moral y el respeto mutuo?
¿Se trata realmente de la unidad, o más bien de la obediencia ciega a una nueva religión?
¿Busca el Papa León la unidad como una realidad teológica que edifica a la Iglesia, o como una estratagema retórica que esconde un objetivo siniestro y nefasto?
¿Cómo puede un Papa, al proclamar la unidad con quienes están fuera de la Iglesia, excomulgar a los católicos fieles a la Tradición, quienes, precisamente por eso, son auténticamente católicos?
En definitiva, ¿no es el respeto y la solicitud pastoral —o la falta de ellos— que León muestra a los católicos fieles a la Tradición el espejo mismo que revela su honestidad y sinceridad, o la escandalosa ausencia de ambas?
La pelota está en la cancha de León. «Por sus frutos los conoceréis», enseña Nuestro Señor Jesucristo (San Mateo 7:16). ¿Qué mejor prueba?

Por DR. ELADIO JOSÉ ARMESTO.
MARTES 17 DE FEBRERODE 2026.
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