«El mundo no se salva afilando espadas «, afirmó hoy León XIV «sino mediante un esfuerzo constante de comprensión, perdón y aceptación».
Las palabras pronunciadas por el Papa cobran singular importancia, enmedio de la controversia suscitada dentro de la propia Iglesia por los ataques lanzados por Donald Trump en Nigeria y Venezuela, que han sido presentados dentro de la por la administración estadounidense como una especie de acción ‘salvadora’.
«Cada día puede convertirse, para cada persona, en el comienzo de una nueva vida gracias al amor generoso de Dios, a su misericordia y a la respuesta de nuestra libertad», comentó hoy León XIV.
Al recordar que María dio rostro humano a la misericordia de Dios, el Papa enfatizó que la libertad humana encuentra en ella una expresión ejemplar. Su » sí» no elimina la libertad, sino que la realiza plenamente en la aceptación confiada de la voluntad divina. María aparece así como una figura donde la gracia y la libertad no se oponen, sino que se unen.
El Papa León XIV desarrolló entonces una reflexión sobre el rostro de Dios, que describe como «desarmado y desarmante». Inspirándose en San Agustín, recuerda que Dios aceptó la vulnerabilidad de la infancia para liberar a la humanidad. Este enfoque conduce a una comprensión de la paz que rechaza cualquier lógica de dominación.
«El mundo no se salva afilando espadas, sino mediante un esfuerzo constante de comprensión, perdón y aceptación».
Durante el Ángelus, el Papa declaró:
«El corazón de Jesús late por cada hombre y mujer, por quienes están dispuestos a acogerlo, como los pastores, y por quienes no lo desean, como Herodes. Su corazón no es indiferente a quienes no tienen corazón para el prójimo; late por los justos, para que perseveren en su devoción, y por los injustos, para que cambien de vida y encuentren la paz… Comencemos hoy a construir un año de paz, desarmando nuestros corazones y absteniéndonos de toda violencia».
En este pasaje, el Papa León XIV nos recuerda que el amor de Cristo no se limita a quienes lo acogen o viven según el Evangelio.
Al mencionar tanto a los pastores como a Herodes, enfatiza que el corazón de Jesús permanece abierto incluso ante el rechazo y la hostilidad. Esta universalidad no niega el imperativo moral, pues el corazón de Cristo sostiene a los justos en su fidelidad mientras llama a los injustos a la conversión.
La paz a la que nos invita el Papa no es, por lo tanto, un simple equilibrio externo ni un compromiso, sino un desarme interior. Al llamar al desarme de los corazones y a la renuncia a toda violencia, sitúa el origen de la paz en la transformación personal, condición esencial para una reconciliación duradera entre la humanidad.
Para inaugurar el año 2026, León XIV se inspiró en la bendición sacerdotal del Libro de los Números: «El Señor te bendiga y te guarde», presentada como una palabra fundacional para el inicio de los tiempos.
Esta bendición, recordó, no es un mero deseo, sino un acto mediante el cual Dios se vuelve hacia su pueblo, le manifiesta su cercanía y le concede la paz. Coloca inmediatamente la existencia humana bajo una mirada que precede a toda iniciativa personal.
Al situar esta bendición en el contexto de la consagración de los nazareos, destacó la dimensión del don recíproco. La humanidad ofrece a Dios lo que ha recibido, y Dios responde con una presencia benévola. Esta dinámica ilumina la relación entre la gracia y la libertad, tema central de la homilía, donde la libertad humana nunca se concibe como autónoma, sino como respuesta a un don originario.
La referencia a la historia del pueblo de Israel permitió entonces al Papa León XIV introducir una reflexión sobre la liberación. Israel es descrito como un pueblo «nacido de nuevo» tras la esclavitud, liberado por la intervención de Dios y la mediación de Moisés.
«En Egipto, este pueblo gozaba de ciertas seguridades», recordó, «pero estas seguridades estaban ligadas a una servidumbre opresiva«.
Esta oposición entre seguridad y libertad recorre toda la homilía y ofrece una clave para comprender el discernimiento espiritual contemporáneo. El desierto, lejos de ser idealizado, se presenta como un lugar de despojo, pero también como un espacio de apertura. Las certezas del pasado desaparecen, pero son reemplazadas por «un camino abierto al futuro «, el don de una ley de sabiduría y la promesa de una tierra. Este viaje se convierte en imagen de la condición del creyente, llamado a aceptar la incertidumbre para acceder a una libertad orientada hacia el futuro.
La evocación de San Juan Pablo II y el Jubileo del Año 2000 sitúa esta homilía en una continuidad magisterial. El recuerdo de los dones recibidos, del perdón experimentado y de la presencia de Dios en la historia compromete a los creyentes con una responsabilidad misionera. El Papa León XIV se hace eco de esta perspectiva, invitando a los fieles a reemprender el camino, a ser testigos y a llevar el Evangelio a las culturas y sociedades.
Finalmente, el pesebre se ofrece como lugar simbólico para comenzar el año. Presentado como un espacio de paz, «desarmado y desarmante», se convierte en un punto de referencia para la vida cristiana. Al acercarse al pesebre, se invita al creyente a releer su propia historia a la luz de las maravillas realizadas por Dios y a reemprender el camino en alabanza y acción de gracias.
Así, en este primer día del año 2026, el Papa León XIV ofreció una lectura espiritual del tiempo venidero, articulando bendición, libertad y gracia, e invitando a todos a hacer de cada día un comienzo renovado, vivido en la confianza, la fidelidad y el testimonio.
CIUDAD DEL VATICANO.
JUEVES 1 DE ENERO DE 2026.

