Al amanecer, cuando la primera luz ilumina la nieve del monte Ararat , la montaña hace algo extraño: parece tan cerca que se puede tocar, pero a la vez imposiblemente distante. Durante siglos, esa misma paradoja ha definido la historia que la rodea:
- El Arca está cerca.
- El Arca está lejos.
- La verdad es visible.
- La verdad es controvertida.
Una nueva evaluación académica retoma una de las narrativas más antiguas de la humanidad, no para sensacionalizar imágenes satelitales ni revivir teorías conspirativas, sino para examinar cómo una sola montaña conlleva tres poderosas interpretaciones espirituales a la vez.
El estudio compara:
- las escrituras cristianas con las expediciones históricas,
- la identidad religiosa armenia
- y la teología islámica.
El resultado se centra menos en demostrar dónde aterrizó el Arca y más en comprender por qué la pregunta sigue siendo relevante.
En el mundo cristiano, la historia comienza en el Libro del Génesis.
- Tras el diluvio, el Arca descansa sobre los montes de Ararat .
- Esa frase —breve, casi discreta— ha alimentado siglos de fe y exploración.
- Los peregrinos medievales arriesgaban sus vidas escalando laderas heladas.
- Los exploradores del siglo XIX regresaban con bocetos e historias.
- Los aventureros del siglo XX llevaban cámaras y esperanza.
- Cada expedición estaba impulsada por el mismo deseo: unir las escrituras con la piedra.
Pero incluso sin pruebas físicas, la montaña tiene peso teológico.
- Para los cristianos, Ararat no es solo un lugar; es el lugar donde termina el juicio y comienza la misericordia.
- Representa la alianza, la renovación y el frágil reinicio de la humanidad tras la catástrofe.
- Ya sea interpretada literal o simbólicamente, el Arca que reposa sobre Ararat encarna el perdón divino tras la destrucción.
- La nieve se convierte en parte de la historia.
- La altura, en parte de la esperanza.
Desde la capital, Ereván, Ararat domina el horizonte. Aparece en el escudo nacional. Inunda pinturas, poesía y recuerdos. Sin embargo, trasciende las fronteras modernas de Armenia.
Esta tensión —visibilidad sin posesión— ha convertido a Ararat en algo más que un monumento religioso. Se ha convertido en un símbolo de continuidad.
En la tradición cristiana armenia, la narrativa del Arca se entrelaza con la ascendencia nacional:
- Los primeros historiadores armenios describieron a su pueblo como descendientes del linaje de Noé .
- En esta narración, las laderas del Ararat no solo son el lugar donde la humanidad sobrevivió, sino también donde la civilización se reanudó.
- La montaña se convierte en cuna y brújula a la vez.
- Incluso hoy, muchos armenios describen el Ararat como el centro espiritual de su identidad, un testigo silencioso de la supervivencia a través de siglos de agitación.
Luego está la perspectiva islámica, que presenta paralelismos y divergencias fascinantes.
- En el Corán, se describe al profeta Noé como un hombre de extraordinaria paciencia, que predicó durante siglos antes de la llegada del diluvio.
- Se construye el Arca.
- Las aguas suben.
- Los creyentes se salvan.
- Pero el Corán no menciona el Ararat.
- En cambio, dice que el Arca se posó sobre “Al-Judi”.
Esta diferencia ha suscitado siglos de debate académico:
- Algunos eruditos musulmanes asocian Al-Judi con una montaña del sureste de Turquía.
- Otros argumentan que el énfasis no es geográfico en absoluto.
- En la teología islámica, la lección prevalece sobre la ubicación.
- La historia subraya la responsabilidad moral, la perseverancia y el principio de que la fe, y no el linaje, determina la salvación.
- Ni siquiera el propio hijo de Noé sobrevive, un duro recordatorio de que la creencia es personal, no hereditaria.
Lo que hace que el nuevo estudio sea tan convincente no es que opte por una interpretación sobre otra. No lo hace. Al contrario, las compara y pide a los lectores que consideren cómo una montaña puede albergar múltiples geografías sagradas simultáneamente:
- En el pensamiento cristiano, es el cumplimiento de una alianza.
- En la conciencia armenia, es el recuerdo de la patria.
- En la comprensión islámica, es un escenario para la verdad moral, más que para una reivindicación territorial.
Mientras tanto, la ciencia observa en silencio.
Los geólogos describen el Monte Ararat como un estratovolcán formado por flujos de lava, movimiento glacial y fuerzas tectónicas. Los arqueólogos señalan la ausencia de evidencia física verificada del Arca. Las condiciones climáticas, las avalanchas y siglos de erosión hacen improbable su conservación. Sin embargo, la falta de madera no ha debilitado la leyenda. Al contrario, ha fortalecido su simbolismo.
Quizás esa sea la revelación más profunda.
- El poder del Ararat no reside en vigas de madera congeladas en el hielo.
- Reside en la persistencia narrativa.
- A través de tres tradiciones religiosas, la historia del diluvio habla de colapso y continuidad, castigo y misericordia, pérdida y reconstrucción.
- Toda cultura que enfrenta un desastre puede reconocerse en ese ritmo.
En una región a menudo definida por la tensión política, el monte Ararat se erige como línea divisoria y herencia compartida. Es visible desde una nación, se encuentra en otra, se menciona en múltiples escrituras y nadie lo reivindica con absoluta certeza. Pertenece, en cierto sentido, a un lugar al que se busca su significado tras la devastación.
Y quizás esa sea la razón por la que la montaña todavía importa.
Mucho después de que las expediciones regresan con las manos vacías, mucho después de que continúan los debates sobre Al-Judi y Ararat, la imagen perdura: una embarcación encallada después del caos, la humanidad volviendo a pisar tierra firme y un pacto que se extiende como un arcoíris sobre cielos inciertos.
Tres religiones. Una montaña. Una historia que se niega a hundirse.
Por ORGUZ KAYRA.
JUEVES 26 DE FEBRERO DE 2026.
ARKEONEWS.
Crédito de la imagen de portada: Ilustración digital del monte Ararat, con su historia geológica,
formaciones volcánicas, características glaciares y sus picos gemelos. Efe, A. (2025)

