
Ese día, la Virgen María reveló a los tres jóvenes videntes una visión del infierno, les confió el famoso secreto de Fátima y les pidió fervientemente oraciones, sacrificios y penitencia para la salvación de las almas.
El 13 de julio de 1917 no fue una aparición cualquiera.
- Para muchos teólogos, representa la esencia misma del mensaje de Fátima.
- Ese día, ante Lucía dos Santos y sus primos Francisco y Jacinta Marto, la Santísima Virgen alzó las manos y les concedió una visión que jamás olvidarían: una visión del infierno.
- Lucía la describiría más tarde con asombrosa precisión.
- Los tres niños vieron «un mar de fuego» en el que demonios y almas humanas se encontraban sumidos en un sufrimiento indescriptible.
- Esta visión, que según sus testimonios duró apenas un instante, los marcó para siempre.
- Francisco y Jacinta, aún muy pequeños, quedaron profundamente conmovidos.
- A partir de entonces, multiplicaron sus sacrificios, privaciones y horas de oración para obtener la conversión de los pecadores.
La Virgen explicó entonces a los niños
que muchas almas se perdían
porque nadie rezaba
ni hacía sacrificios por ellas.
Fue en este contexto que les enseñó la famosa oración que ahora se recita después de cada decena del Rosario:
Oh Jesús mío,
perdona nuestros pecados,
líbranos del fuego del infierno,
lleva al cielo a todas las almas,
especialmente a las más necesitadas de tu misericordia».
Esta invocación, conocida como la «Oración de Fátima», resume toda la espiritualidad del mensaje: confianza en la misericordia divina, conciencia del juicio eterno e intercesión por la salvación de las almas.
La aparición del 13 de julio también incluye la primera parte del «secreto de Fátima», así como el anuncio de futuras pruebas para la Iglesia y el mundo si la gente no se convierte. María llama a la penitencia, al rezo diario del Rosario y a la reparación por las ofensas cometidas contra Dios.
En tiempos en que la realidad del infierno
suele silenciarse,
o incluso negarse explícitamente,
el mensaje de Fátima se presenta
como un impactante recordatorio
de la doctrina constante de la Iglesia.
El Catecismo de la Iglesia Católica enseña la existencia del infierno y la posibilidad de que la humanidad se condene libremente a él al rechazar definitivamente a Dios.
Fátima simplemente sitúa esta verdad en el centro de la conciencia cristiana, no para infundir miedo, sino para llamar a la conversión. El poder del mensaje reside precisamente en su equilibrio.
La Virgen no muestra el infierno
para sumir a las personas en la desesperación,
sino para salvarlas.
Inmediatamente después
de esta visión aterradora,
llega el llamado
a la oración,
a la penitencia
y
a la confianza en la misericordia de Cristo.
La esperanza nunca está ausente:
toda alma puede salvarse
si alguien ora,
ofrece sus sufrimientos
y responde a la gracia.
En este aniversario de aquella aparición decisiva, miles de peregrinos vuelven a congregarse en el santuario de Fátima para velar en oración. Más de 109 años después de los sucesos de 1917, el llamado de la Virgen María sigue siendo sorprendentemente relevante: «Oren mucho y hagan sacrificios por los pecadores, porque muchas almas van al infierno porque no tienen a nadie que se sacrifique y ore por ellas». Una advertencia exigente, pero también una poderosa invitación a participar, mediante la oración y la caridad, en la obra de la salvación.

Por ELISABETH VIMELE.
LUNES 13 DE JULIO DE 2026.
TCH.

