El fuego evangelizador

2Reyes 4,8-11.14-16a Salmo 88 Romanos 6,3-4.8-11 Mateo 10,37-42

Se han hecho criterios fundamentales para la evangelización: nuevos métodos, nuevas expresiones y nuevo ardor. Fue san Juan Pablo II en los primeros años de su pontificado quien promovió este sencillo esquema, que resume muchas páginas sobre el evangelizador y el cometido encomendado. Todavía se puede simplificar si tuviésemos que determinar el principio fundamental del evangelizador para concretar con éxito su misión. El ardor renovado es la clave evangélica que el discípulo debe priorizar en cuanto seguidor de JESÚS y difusor de su Mensaje. Si nos preguntamos en qué se traduce un ardor renovado, acertamos cuando buscamos la presencia del ESPÍRITU SANTO, que es el mismo AMOR, para encender de nuevo la luz encerrada en los textos de la Escritura, un nuevo ánimo en el corazón para superar cualquier rémora originada por la rutina; el Nuevo Fuego alcanza directamente al Corazón de JESÚS y redescubre una nueva relación personal; el nuevo ardor del ESPÍRITU SANTO acrecienta las aspiraciones santas por los bienes espirituales, que se acreditan porque están prometidos de forma expresa o velada en la Escritura, y su existencia ofrece un contenido de primer nivel al Mensaje que se está difundiendo. El verdadero ardor no es un entusiasmo pasajero, sino una acción de calado por parte del ESPÍRITU SANTO, que ofrece convicciones profundas. El que es TESTIGO de lo que hay en DIOS infunde seguridad y certeza en el corazón de los hombres. Todavía un paso más: el evangelizador tiene que predicar o hablar de JESUCRISTO, que es el HIJO de DIOS y nuestro SALVADOR. Todo lo que se predique o diga en la evangelización es añadidura con respecto a la predicación sobre la persona misma de JESÚS. Por tanto, sin desdecirnos de lo anterior, el nuevo ardor es el resultado de una nueva relación con el MAESTRO, JESÚS de Nazaret. El evangelizador necesariamente tiene que ser discípulo del MAESTRO con unas características propias, pues el contenido a difundir no son nuevas doctrinas, sino los rasgos esenciales del propio JESÚS de Nazaret. El nuevo ardor necesario para que el evangelizador lleve a buen puerto su encargo es equivalente a su Amor por el MAESTRO. Es muy probable que el evangelizador haya tenido que dedicar mucho tiempo al estudio y meditación de los textos sagrados, y también que haya dedicado esfuerzo en conocer lo que está contenido en el Magisterio de la Iglesia, pero el resultado final no puede ser otro que la persona misma de JESUCRISTO. Todo lo estudiado, testimoniado y meditado se concentra en la persona de JESUCRISTO a quien hay que proponer como el único SALVADOR.

Dos situaciones

El itinerario de san Pablo es el más extenso en el Nuevo Testamento como discípulo de JESÚS. El libro de los Hechos de los Apóstoles describe su conversión camino de Damasco, y la carta a los Gálatas ofrece el testimonio personal de su transformación de perseguidor de los cristianos a discípulo de JESÚS con la categoría de apóstol. Los Hechos de los Apóstoles describen los primeros pasos del converso, y la carta a los Gálatas nos dice algo del proceso de maduración en la Fe después del encuentro inicial con el SEÑOR. Nadie pasa de perseguidor a cristiano adulto en unos instantes, días o semanas, y el testimonio de san Pablo así lo corrobora. Todas estas consideraciones deben tenerse presentes a la hora de proceder con aquellos que en un momento dado participan de un retiro o encuentro espiritual, en el que de forma ostensible el SEÑOR se manifiesta y los participantes tiene su encuentro personal que por un tiempo hace sus vidas distintas. Se provocó en ese caso una caída de los pedestales en los que se estaba y el SEÑOR mostró su rostro y la realidad misma del sujeto. Bien, un nuevo ardor prende en el corazón, pero lo que normalmente no se sabe es que ese estado no tiene carácter definitivo. Se inicia, entonces, un camino semejante al del Apóstol, que va a resultar laborioso. Veamos la historia en sus rasgos principales.

San Pablo se dirige a Damasco decidido a terminar con los cristianos, que ponen en peligro el Judaísmo. Él es un discípulo perfectamente observante de la escuela de Gamaliel y se le ha dado autorización para apresar a todos los cristianos que encuentre. Saulo de Tarso no es alguien fácilmente sugestionable, y en el camino de Damasco JESÚS sale a su encuentro, lo derriba por tierra y le pregunta: “Saulo, Saulo, ¿por qué me persigues? La luz en la que Saulo se ve inundado y la voz que le habla se identifican, y en un instante Saulo el perseguidor pierde todos los motivos que llevaba para apresar a los cristianos y se convierte en seguidor de JESÚS. Un breve tiempo, tres días, transcurre en la incertidumbre por la ceguera sobrevenida, pero la intervención de Ananías, enviado por el SEÑOR, restablece la visión y Saulo comienza a dar testimonio de JESÚS en Damasco. En esta ciudad había una abundante población judía, que no podía aceptar de buen grado la predicación de Saulo pues este había girado en sus postulados ciento ochenta grados y deciden acabar con él. Lo llevan a Jerusalén donde, según el libro de los Hechos de los Apóstoles, Saulo sorprende con su nueva doctrina y es llevado por Bernabé a su ciudad natal, que era Tarso para evitar que lo matasen. Lo que importa en esta breve descripción es considerar el ímpetu y fuego inicial del converso. Saulo de Tarso después de testimoniar valientemente el Nombre de JESÚS necesitaría un tiempo más prolongado para dar consistencia a una nueva personalidad cristiana. El testimonio de la carta a los Gálatas complementa en cierta medida el itinerario espiritual que siguió san Pablo, que inicia como Saulo de Tarso hasta llegar hacer Apóstol acreditado del SEÑOR. Uno de los graves inconvenientes que san Pablo encuentra en su ministerio es la siembra de mala doctrina -cizaña- por parte de los que él califica en segunda Corintios, como “superapóstoles” (Cf. 2Cor 11,5). Los de Galacia habían recibido el Evangelio con experiencias espirituales relevantes. El Apóstol se lo recuerda y ofrece unas breves pinceladas de su biografía cristiana: “os digo hermanos, que el Evangelio anunciado por mí no es de origen humano, pues lo aprendí de JESUCRISTO y no de hombre alguno; pues estáis enterados de mi conducta en el Judaísmo cómo perseguía a la Iglesia, superando en el celo a muchos por las tradiciones de los padres. Pero cuando AQUEL que me llamó desde el seno de mi madre tuvo a bien en mí revelar a su HIJO para anunciarlo entre los gentiles, sin pedir consejo a la carne ni a la sangre, sin subir a Jerusalén para ver a los Apóstoles anteriores a mí, me fui a Arabia de donde volví a Damasco. De allí a tres años volví a Jerusalén para conocer a Cefas y permanecí quince días en su compañía. Vi también a Santiago el hermano del SEÑOR. Luego me fui a las regiones de Siria y Cilicia -primer viaje apostólico-“ (Cf. Gal 1,11-21). Se especula que san Pablo pasó los tres años mencionados con la tribu árabe navatea de carácter nómada, que al mismo tiempo que practicaba la trashumancia confeccionaban tiendas para las legiones romanas. La profesión familiar de Saulo de Tarso era precisamente la confección de prendas -abrigos- y fabricación de tiendas con la lana de las ovejas de Cilicia. Pero lo que nos interesa ahora es comprobar cómo el camino del discípulo compromete, en realidad, toda la vida, y tiene que superar los estadios iniciales en los que podría suponerse que el converso queda instalado en un estado paradisíaco. Sólo un corazón encendido en el Amor a JESUCRISTO puede perseverar en la tribulación y como testimonio tenemos lo que dice san Pablo después de unos veinte años de aquella revelación que cambió del todo su vida. Ahora son los de Corinto quienes ponen a prueba la integridad del Apóstol, y con el ánimo de fortalecer la Fe de aquellos no escatima en recursos, llegando a ponerse en evidencia. Lo dice así: “¿qué son ellos, hebreos?, también yo; ¿que son israelitas?, también yo; ¿son descendencia de Abraham?, también yo; ¿ministros de CRISTO?, voy a decir una locura, yo más que ellos. Los adelanto mucho más en trabajos, en cárceles, en peligros de muerte, en azotes. Cinco veces recibí de los judíos cuarenta azotes menos uno. Tres veces fui azotado con varas, una vez apedreado, una vez naufragué. Un día y una noche pasé en el abismo. Peligros de ríos, peligros de salteadores, peligros de los de mi raza, peligros en la ciudad y en despoblado, peligros entre falsos hermanos. Trabajos y fatigas, noches sin dormir, muchas veces hambre y sed, y muchos días sin comer, hambre y desnudez” (Cf. 2Cor 11,22-27). La conversión de san Pablo fue extraordinaria y única, y también lo fue su respuesta al SEÑOR. De muchas formas el Apóstol señala que el Amor al SEÑOR está en el centro de la vida cristiana. Nos basta recordar la propuesta de la Caridad (Cf. 1Cor 13) como el carisma que da consistencia y sentido a todos los otros.

JESÚS completa el “Shemá”

Algunas páginas del Evangelio corresponden directamente a lo que algunos dan en llamar “la pretensión de JESÚS”, que encierra elementos destinados a resaltar la figura de JESÚS como el HIJO de DIOS. Entre estas manifestaciones encontramos la reinterpretación de preceptos dados bajo la forma, “habéis oído que se dijo a los antiguos…, pero YO os digo” (Cf. Mt 5,21-22); JESÚS pide una exclusividad para seguirlo como discípulos, que solo le pertenece a DIOS. Los signos realizados por JESÚS llevan el sello de su mesianidad: “nadie puede realizar los signos que TÚ haces, si DIOS no está con ÉL” (Cf. Jn 3,2). En el evangelio de este domingo, JESÚS habla de un grado de adhesión a su persona equivalente a la que pide la Escritura para YAHVEH en el “Shemá” (Cf. Dt 6,4-9). El Amor entre el discípulo y el MAESTRO surte un efecto similar a la savia que recorre el árbol y hace posible el fruto. San Juan emplea la alegoría de la “vid y los sarmientos” (Cf. Jn 15) para significar el hecho esencial de la unión con JESÚS. Recibimos el Sacramento del Bautismo y se establece una unión esencial, que el discípulo tiene que actualizar con inteligencia y corazón: “porque, si profesas con tus labios que JESÚS es SEÑOR, y crees con tu corazón que DIOS lo resucitó de entre los muertos, serás salvo” (Cf. Rm 10,9). La adhesión del corazón es la comunión amorosa entre el Corazón de JESÚS y el discípulo. JESÚS de Nazaret busca un seguimiento que supere la ejemplaridad. No es poca cosa seguir al MAESTRO por lo que dice y transmite: en este caso se trata de un intercambio de Vida. El discípulo sigue al MAESTRO, porque su Presencia amorosa inhabita en su corazón.

El profeta Eliseo

Eliseo es discípulo del profeta Elías y realiza su profetismo a finales del siglo nueve y comienzos del ocho, antes de CRISTO. Tanto a Elías como a Eliseo les toca vivir una época de gran tensión contra los cultos idolátricos. A Eliseo lo va a caracterizar un número de signos importantes. En el momento de la separación de su maestro, a Eliseo se le prometió que recibiría parte del espíritu que acompañaba a Elías, si era capaz de verlo en el arrebatamiento que se iba a producir (Cf. 2Re 2,9-15). Así ocurrió, y Eliseo recibió el manto que Elías dejó caer en su ascenso e inmediatamente se manifestó que Eliseo era continuador del poder profético de Elías con la separación de las aguas del Jordán, al golpear las aguas en la orilla. Eliseo remedia males particulares e interviene en las grandes causas que afectan al Pueblo en general. Elías y Eliseo constituyen la excepción con respecto a los grandes profetas bíblicos y las manifestaciones extraordinarias. Los grandes profetas como Isaías, Jeremías, Amós u Oseas, siendo claramente hombres de DIOS, sin embargo se caracterizan por su predicación y mensaje, y no se registran señales prodigiosas para acreditarse ante los suyos. La Biblia recoge algunos signos milagrosos que avalaban la actividad profética de Eliseo. Fue la sirvienta judía tomada como esclava, la que propuso al general sirio afectado de lepra, que visitara al profeta que había en su tierra para librarse de la enfermedad (Cf. 2Re 5,3ss) La curación del general Naamán se cuenta dentro de otros signos, que acreditan a Eliseo como profeta delante del Pueblo, de modo similar a cómo Moisés también fue respaldado por YAHVEH ante los israelitas en el desierto (Cf. Ex 19,9). Los tiempos de Elías y Eliseo fueron críticos para la religión heredada de los padres y el profeta tuvo que hacer frente a una gran oposición. Algunos signos recogidos pertenecientes al ciclo de Eliseo: en el nombre del SEÑOR sanó con sal las aguas de las fuentes de Jericó (Cf. 2Re 2,19-22). Un signo controvertido consta en la biografía del profeta: unos muchachos que se burlaron del profeta recibieron una maldición por parte de éste, y cuarenta y dos de ellos murieron a manos de unos osos que les salieron al encuentro (Cf 2Re 2,23-25). Predijo el éxito de la expedición militar contra Moab (Cf. 2Re 3,11-27). Multiplicó el aceite de una viuda para su supervivencia (Cf. 2Re 4,1-7). Predijo el nacimiento de un hijo a un matrimonio que le ofreció hospitalidad y no tenían hijos como muestra la primera lectura de hoy (Cf. 2Re 4,14-16), y cuando este niño murió lo devolvió a la vida (Cf. 2Re 4,37). Puso un antídoto contra el alimento venenoso que iban a ingerir los profetas (Cf. 2Re 4,38-41). Durante una hambruna alimentó a cien hombres con veinte panes de cebada (Cf. 2Re 4,42-44). La codicia de su criado, al servirse con engaño de los regalos traídos por Naamán el sirio, fue sancionada con la misma lepra de la que el general había sido curado (Cf. 2Re 5,20-27). Reveló al rey de Israel los movimientos de sus enemigos los sirios (Cf. 2Re 6,8,12). Eliseo hirió de ceguera a dos hombres que el rey de Siria envió para que lo detuviesen (Cf. 2Re 6,18-23). Declaró antes que se lo dijeran la presencia de un sicario del rey de Israel que había venido a quitarle la vida (Cf. 2Re 9,32-33). Todavía a la muerte del profeta se produjo la revivificación de un cadáver echado junto al suyo (Cf. 2Re 13,20-21).

Hospitalidad y bendición

La primera lectura de este domingo está tomada del ciclo del profeta Eliseo, en relación con una de las promesas dadas en el Evangelio, que asegura recompensa “al que diere a un discípulo un vaso de agua por ser discípulo de JESÚS” (Cf. Mt 10,42). Eliseo viene a significar “DIOS es mi salvación”, y la mujer sunamita que brindó la hospitalidad a Eliseo muestra una intuición especial en ese sentido. Nos dice el texto: “un día pasó Eliseo por Sunam, y una mujer principal le insistió para que entrase a su casa para comer. Posteriormente, siempre que pasaba se quedaba allí a comer” (Cf. 2Re 4,8). El mismo JESÚS dando instrucciones a los discípulos, según Lucas, les manda que no estén de casa en casa cuando lleguen a un lugar de misión. Si son bien acogidos en una casa y en ella hay personas de Paz reposará sobre ellos la Paz (Cf. Lc 10,5-6) Los discípulos del SEÑOR son portadores de bienes espirituales que necesitamos las personas para humanizar y espiritualizar nuestra vida. Eliseo es un hombre de DIOS y es capaz de dar gratis lo que gratis ha recibido, aunque mantenga necesidades primarias como el descanso o la comida, que se atienden mediante la hospitalidad que otros ofrecen con toda generosidad. Aquella mujer sunamita insiste al profeta que acepte su hospitalidad, sin esperar nada especial de aquel hombre de DIOS, tan sólo bastaba con que él aceptase la invitación. El libro del Levítico, uno de los principales para la vida religiosa de los judíos en la antigüedad, resalta las condiciones de las cosas sagradas o santas con el fin de extender la santidad a todas las áreas de la vida del creyente judío. Lo primero que se establece es la forma de resolver el pecado, en segundo lugar se proponen listados de alimentos puros e impuros; los sacerdotes y participantes en la liturgia tienen prescripciones propias; todas las personas están llamadas a vivir dentro de las normas de la pureza, que abarca un campo mucho más amplio que el referido a la sexualidad, aunque este último aspecto es tratado de forma muy especial con respecto a la familia extensa -padre, madre, hijos, tíos y parientes por afinidad-, pues importa de forma especial la estabilidad familiar en orden a la procreación, educación de los hijos y renovación generacional dentro del Pueblo, que vive de la trasmisión de la religión y costumbres transmitidas oralmente generación tras generación. Como dice el Salmo: “vamos a contar las hazañas del SEÑOR” (Cf. Slm 118,17). El libro del Levítico interviene también en la pureza de las casas e incluso de las ropas, cueros y tejidos. El espacio con todas sus cosas tiene que evocar a su manera la santidad de DIOS, y cobra un significado especial el Templo que alberga el Santo de los Santos. DIOS es el tres veces SANTO (Cf. Is 6,3), y reclama la santidad de sus hijos, por lo que establece desde el comienzo la santificación del tiempo con la celebración semanal del descanso sabático (Cf. Gen 2,2; Ex 20,8-10). Además del tiempo o día santo semanal dedicado al SEÑOR están las fiestas, los años sabáticos y los años jubilares cada cincuenta años. El trabajo es necesario y no es en absoluto una maldición, pero el hombre está destinado a la eternidad y los distintos tipos de descanso tratan de hacernos vivir ya en este mundo, lo que DIOS nos tiene preparado para la otra vida. La religión siempre tuvo la densidad suficiente para llenar la vida de las personas y en la antigüedad con una mayor facilidad. Eliseo era un hombre dotado de unos dones singulares, que esta mujer sunamita percibió con claridad.

El hombre de DIOS

“Dijo la mujer sunamita a su marido: mira sé que es un santo hombre de DIOS que siempre viene por casa” (Cf. 2Re 4,9). Los profetas no tenían que mantener relación alguna con la clase sacerdotal oficial, y de hecho Eliseo se movía por el Reino del Norte, aquellas tribus desgajadas del Reino de Judá al morir Salomón y sucederlo su hijo Roboam. A pesar de la centralidad religiosa en el Templo de Jerusalén -Reino de Judá-, el SEÑOR no abandonó nunca a las tribus del Reino del Norte, que se deslizaron con mucha frecuencia por la vía de la idolatría. Este es el caso de los profetas Elías, Eliseo o Amós. El profeta se mueve con la fuerza de su palabra, que DIOS confirma con señales de Poder. El hombre de DIOS no es confundido con un mago, adivino o nigromante. DIOS mismo es la fuente de todo don que asiste al verdadero profeta u hombre de DIOS. No todo poder extraordinario viene de DIOS, pues las fuerzas satánicas tienen también sus satélites y usurpan un importante radio de acción. Eliseo muestra su integridad cuando rechaza los ricos presentes que el general sirio le ofrece tras la curación: el don de DIOS no tiene precio material. Pero su criado quiso obtener beneficio a su manera y cayó sobre él la enfermedad de la lepra de la que Naamán se había librado (Cf. 2Re 5,20-27). La envidia es muy mala, la soberbia agota cualquier calificación negativa, pero la avaricia es también mortal (Cf. 1Tm 6,10).

Portador de DIOS

El profeta ofrece su voz a las palabras que DIOS pone en su corazón. El profeta no suplanta a DIOS, sino que es portador de ÉL. El poder taumatúrgico, o de realizar señales extraordinarias en el nombre de DIOS, predispone a recibir las bendiciones de DIOS. Los versículos siguientes recuerdan el episodio de Pedro en casa de Simón el curtidor, que también había preparado al Apóstol un aposento en la terraza como lugar apropiado para su retiro espiritual (Cf. Hch 9,43). La mujer sunamita le dice a su marido: “vamos a hacerle una pequeña alcoba en la terraza y le pondremos una cama, una silla, una mesa y una lámpara, y cuando venga por casa que se retire allí” (Cf. 2Re 4,9-10). Se entiende que el hombre de DIOS mantiene un trato especial y personal con ÉL, y es de justicia favorecerle el retiro necesario con objeto de realizar bien su vocación y misión. Muy mal cuando una sociedad o comunidad, abandona o denigra, a los que deben tener tiempos de retiro más prolongados de lo habitual para entenderse con el SEÑOR. Cada una de esas personas es otro Moisés, Elías o Eliseo, que interceden por el Pueblo. Todos los bautizados pertenecemos a “un pueblo de reyes y sacerdotes” (Cf. Ex 19,6; 1Pe 2,9; Ap 1,6), pero algunos del Pueblo de DIOS tienen encomendada una intercesión especial, que la sociedad necesita. Eliseo era un misionero itinerante, que se movía en el Reino del Norte, entre la Baja y Alta Galilea, y aquella mujer proveyó, inspirada por el SEÑOR, a ofrecer el descanso apropiado al profeta itinerante.

La recompensa

La donación a fondo perdido en la Divina Providencia da como resultado un fruto de eternidad. La familia que acoge a Eliseo de forma tan generosa y desinteresada, va a recibir el mayor bien o herencia que concede DIOS a los hombres en esta vida: “la herencia que da el SEÑOR son los hijos, su salario el fruto del vientre” (Cf. Slm 127,3). El criado de Eliseo avisa al profeta, que el matrimonio anfitrión no tiene hijos y Eliseo le dice a la mujer que para el año próximo, cuando ellos vuelvan, habrán tenido un hijo. Como Sara, la mujer de Abraham que era estéril, también esta acoge inicialmente la promesa con incredulidad (Cf. 2Re 4,15-16). Aquel matrimonio se llenó de nueva vida con el nacimiento de su hijo. La esterilidad se veía o aceptaba como una gran desgracia, y la fertilidad se entendía como signo de la bendición de DIOS. Los ejemplos en la Escritura son significativos: Sara la mujer de Abraham (Cf. Gen 18,9); La mujer de Manoj y madre de Sansón (Cf. Jue,13,2-3); Ana la mujer de Elcaná y madre de Samuel (Cf. 1Sm 1,19-20); e Isabel la mujer de Zacarías y madre de Juan Bautista (Cf. Lc  1,13). No terminan aquí las obras extraordinarias de Eliseo en esta casa, pues pasados unos años, el niño que estaba en tiempo de crecimiento, fallece y el hombre de DIOS lo devuelve a este mundo y a la casa de sus padres (Cf. 2Re 4,20-37).

Otra lectura de las cosas

JESUCRISTO es el que puede implantar el Reino de DIOS en este mundo. El Reino de DIOS es una acción continuada de DIOS mismo en el corazón del hombre, en la Iglesia y en todas las estructuras de la acción humana. JESÚS en san Marcos lo expresa así: “se ha cumplido el tiempo, está cerca el Reino de DIOS; convertíos y creed en el Evangelio” (Cf. Mc 1,15). No se puede pensar en un primer momento que la propuesta de JESÚS fuese a caer mal a persona alguna. Todo puede renovarse desde la raíz, porque el Poder de DIOS está en medio de nosotros como lo habían anunciado los profetas, por eso el tiempo se ha cumplido. DIOS está más cerca que nunca de los hombres, porque se está haciendo presente en su HIJO JESUCRISTO. Al hombre concreto se le ofrece cambiar su condición moral y espiritual mediante la conversión; y por último, el programa del Evangelio confiere un nuevo sentido a esta vida, que se proyecta como el preámbulo de la Vida Eterna. San Juan, en el Prólogo de su Evangelio, señala la reacción desfavorable de un buen número de personas que en un principio estaban destinadas a recibir la revelación como miembros del Pueblo elegido: “vino a los suyos y no lo recibieron, pero a cuantos lo recibieron les dio poder de ser hijos de DIOS” (Cf. Jn 1,11-12). San Mateo ofrece la actitud del mundo frente a la Paz de DIOS: “no penséis que he venido a traer Paz a la tierra: no he venido a traer Paz, sino espada. He venido a enfrentar al hombre con su padre, a la hija con su madre, a la nuera con su suegra; y los enemigos de cada cual serán los que conviven con él” (Cf. Mt 10,34-36). Frente al Evangelio y los rasgos que caracterizan la personalidad de CRISTO se produce una reacción brutal, que trata de eliminar cualquier manifestación en ese sentido. Unos versículos del libro de la Sabiduría describen lo que emana de la maldad del corazón y rechaza el Bien, la Verdad y la Belleza: “tendamos lazos al justo, que nos fastidia y se enfrenta a nuestro modo de obrar. Nos echa en cara faltas contra la ley y nos culpa de faltas contra nuestra educación. Se gloría de tener el conocimiento del SEÑOR, y se llama a sí mismo hijo del DIOS. Es un reproche para nuestros criterios, su sola presencia nos es insufrible. Lleva una vida distinta de todos y sus caminos son extraños. Nos tiene por bastardos, y se aparta de nuestros caminos como de impurezas” (Cf. Sb 2,12-16). Los versículos de san Mateo señalan dónde se encuentran los que se sienten especialmente molestos de los criterios evangélicos y sobre todo de las conductas en ese sentido. Con facilidad hacemos causa de beligerancia asuntos referentes a la religión o la política, y el enfrentamiento está servido. En el momento presente la política está entrando en todos los rincones de la vida particular. Los dogmas religiosos están dejando paso a los dogmas sociales y políticos. La lista de los nuevos dogmas es más larga y visceral que la planteada por la religión.

Prioridad en la elección y el Amor

“El que ama a su padre o a su madre más que a MÍ no es digno de MÍ. El que ama a su hijo o a su hija más que a MÍ no es digno de MÍ.” (Cf. Mt 10,37). La decisión de un componente de la familia en aceptar a JESUCRISTO como el único SALVADOR, si esto sucede dentro de una mentalidad islámica, creará grandes tensiones que es fácil acaben en ruptura. La decisión fundamental por JESUCRISTO no es una trivialidad. Un caso similar sucede con una persona que se encuentra dentro de un círculo en el que los planteamientos opuestos a JESUCRISTO son manifiestos: cuando alguno de los componentes de ese grupo se toma en serio la Fe, de forma automática cambia la perspectiva en el grupo y se predispone la ruptura. Las palabras de JESÚS de estos versículos cobran especial actualidad en estos tiempos. Las decisiones tomadas a favor de JESÚS y su Evangelio se ponen a prueba a cada paso, pues los criterios familiares están impregnados del clima de opinión que se respira en la sociedad, y la capacidad de reacción de los componentes familiares es insignificante en general. El amor de un padre por un hijo, o a la inversa, es de los afectos más consistentes. JESÚS propone un desafío que obliga a replantear la doctrina expuesta en el “Shemá” (Cf. Dt 6,4-9). Es DIOS el que ha de ser amado sobre todo, y el hombre tiene que esforzarse en hacerlo con todo el corazón, con toda el alma, con todo el ser. Y este precepto se guardará en el corazón con garantía de trasmisión a los hijos. DIOS ahora quiere ser amado en su ENVIADO JESUCRISTO con todo el ser, con todo el corazón, con todas las fuerzas. El discípulo de JESÚS recibe el don de la proximidad de su MAESTRO, pero tiene que actualizar permanentemente su decisión por ÉL.

La CRUZ

“El que no coge su cruz y me sigue detrás, no es digno de MÍ” (Cf. Mt 10,38). La Cruz que la persona lleva, y de forma especial el cristiano se vive como contradicción. La Cruz es ir muriendo por JESUCRISTO día a día. Cada día que pasamos en este mundo es una etapa en nuestra particular vía sacra. No sólo nos acompañan el dolor, el sufrimiento, las enfermedades, los fracasos, las equivocaciones o los pecados, sino que todo eso acrecienta su tamaño con la incertidumbre propia del presente estado de vida.

Vida evangelizadora

“El que encuentre su vida la perderá, y el que pierda su vida por MÍ la encontrará” (Cf. Mt 10,39). Fuera de la Fe está previsto que no encontremos certidumbre y seguridad alguna a un plazo medio o largo. El discípulo sigue al SEÑOR haciendo entregas de las propias seguridades a las que se pueda aferrar. Las seguridades se encuentran allí donde se concentran los criterios de las mayorías. La postura cristiana es en toda época una postura crítica con los sistemas establecidos. También la Iglesia se puede mundanizar cuando abandona los criterios evangélicos y el recto discernimiento. La Iglesia no se salva con el mundo, sino frente al mundo como instancia profética que revisa los estados de opinión inducidos para formar consensos falsos y mayorías domesticadas. El Evangelio nació en el desierto, traído por JESÚS que recibió directamente la unción del PADRE. JESUCRISTO no es del mundo (Cf. Jn 17,14-16), y los que lo siguen tampoco son del mundo. El camino de la Fe se plantea ligero de equipaje, y de esa forma se tiene poco que perder. Es imposible ser el salvador de uno mismo, pues nos estaremos agarrando a cosas que no resuelven la fragilidad esencial de la propia condición que se manifiesta con la muerte. Los que afirman seguridades permanentes en este mundo son vendedores de humo, que consiguen recoger un rebaño de incautos. Bien mirado, esta vida es un camino de desprendimiento para encontrar la otra Vida, que sólo puede dar JESUCRISTO. No basta con saber o tener certeza de la pervivencia del alma más allá de este mundo, pues el destino de los que mueren sin JESUCRISTO en el más allá es penoso, porque estando en los planos espirituales, pueden no estar donde está la Vida, porque no han optado por JESUCRISTO. El Evangelio es dado en este mundo con la finalidad de prepararnos para el Reino que no es de este mundo (Cf. Jn 18,36). JESÚS entrega su Vida por todos los hombres, para que recuperemos la Vida Eterna en ÉL. Es nuestra decisión, y este mundo presente el campo de pruebas. Al poner como estilo de vida la doctrina del Sermón de la Montaña se puede llegar a sentir que las seguridades de este mundo se desvanecen, pero es más seguro optar por la actitud misericordiosa, que mantenerse en el resentimiento; parece mejor cultivar la mansedumbre y la humildad, que dejarse llevar de la prepotencia y la soberbia. Parece más tranquilizador confiar en la Divina Providencia, que pretender establecer el control imposible sobre todas las vertientes de la vida. Mantener hoy los criterios que atienden al Bien, la Bondad y la Belleza, constituye algo revolucionario, porque muchos no admiten que la Verdad exista, que la Ley Natural esté inscrita en el corazón del ser humano; o que DIOS sea en último término el garante de la dignidad del hombre. Es DIOS el que da el auténtico valor al hombre, que lo pensó a imagen de su HIJO JESUCRISTO.

El enviado es un discípulo

“Quien a vosotros recibe a MÍ me recibe, y quien me recibe a MÍ recibe al que me ha enviado” (Cf. Mt 10,40). El discípulo que ha pasado por las distintas pruebas está en condiciones de salir al campo misionero. El verdadero evangelizador es aquel que ungido por el ESPÍRITU SANTO es enviado a transmitir el Mensaje que los hombres deben escuchar y aceptar para su salvación. La formación principal del que es enviado radica en la unión con el MAESTRO: “el que a vosotros recibe a MÍ me recibe”. La doctrina es necesaria porque el espíritu humano demanda criterios, razones e inteligencia de las cosas; pero de forma especial cualquier persona está necesitada prioritariamente de la intimidad con DIOS. San Pablo nos lo dice muy bien: “AQUEL que se dignó revelar a su HIJO en mí” (Cf. Gal 1,15-16). Se pueden transmitir muchas cosas, pero fundamentalmente a JESUCRISTO, que llega a través de aquel que ÉL envía. La misión alcanza su meta máxima cuando el enviado nos ofrece la Presencia Viva de JESÚS en la EUCARISTÍA, pues en esa circunstancia se produce el mayor acercamiento entre el Cielo y la tierra: “JESÚS es el PAN de VIDA que baja para dar la Vida al mundo” (Cf. Jn 6,51).

Distintas gracias

“Quien reciba a uno por ser profeta tendrá recompensa de profeta; y el que reciba a un justo por ser justo, recompensa de justo recibirá” (Cf. Mt 10,41). JESÚS es el VERBO, la PALABRA eterna del PADRE. ÉL es mucho más que profeta. JESÚS no habla en nombre de DIOS, sino que es la misma PALABRA que vive desde siempre con DIOS (Cf. Jn 1,1). No es igual recibir el Evangelio desde la perspectiva anterior a reducir las palabras del Evangelio a la información o testimonio de un profeta del Antiguo Testamento. JESÚS no sólo es un hombre al que no se le puede atribuir culpa de pecado alguno (Cf. Jn 8,46); sino que es el único que justifica a los hombres. Si recibimos a JESÚS como AQUEL que nos reviste de una nueva dignidad para la Vida Eterna, entonces estaremos haciendo valer su misión salvadora; pues somos salvados en la medida en la que JESÚS nos justifica por su sangre redentora ante el PADRE. El discípulo enviado tiene la misión de hacer próxima la salvación.

Colaboración con la misión

“Todo aquel que dé de beber aunque sea un vaso de agua fresca a uno de estos pequeños por ser mis discípulos, os aseguro que no perderá su recompensa” (Cf.  Mt 10,42). Si pensamos en las horas del mediodía por las regiones de Judea, entonces vemos mejor la oportunidad de un vaso de agua fresca. Pero JESÚS quería resaltar una vez más, que el gesto sencillo a favor del evangelizador y la evangelización adquiere un valor especial y no pasa desapercibido a los ojos de DIOS. Así había sucedido con la sunamita que acogió en su casa a Eliseo. La evangelización necesita de medios materiales, porque el Mensaje es dado a los hombres en el medio actual que nos encontramos. No se trata de ir a instruir a los espíritus que se encuentran en otras regiones (Cf. 1Pe 3,19), pues en esos casos serán precisos exclusivamente dones espirituales especiales. Pero mientras discurramos por este mundo el Evangelio y los evangelizadores tienen que contar con los medios suficientes, para los que el resto de la comunidad ha de sentirse concernida.

San Pablo, carta a los Romanos 6,3-4,8-11

La Vida en CRISTO comienza con el Sacramento del Bautismo: “Id y haced discípulos de todos los pueblos, bautizando en el nombre del PADRE, y del HIJO, y del ESPÍRITU SANTO” (Cf. Mt 28,19). Pronto las primeras comunidades establecieron el Sacramento del Bautismo como la puerta de entrada en la comunidad eclesial. Cuando los reunidos oyeron el discurso de Pedro dando razón de lo que el ESPÍRITU SANTO acababa de realizar a través de ellos, le preguntaban qué tenían que hacer, y Pedro les dice: “convertíos y bautizaos en el Nombre de JESÚS para que se os perdonen los pecados y recibáis el ESPÍRITU SANTO, porque la Promesa es también para vosotros” (Cf. Hch 2,37). Hemos recuperado en la Iglesia, después del Concilio Vaticano II, el catecumenado preparatorio a los Sacramentos de la Iniciación Cristiana: Bautismo, Confirmación y Eucaristía. La espiritualidad cristiana es fundamentalmente bautismal. Los dones, virtudes y carismas recibidos nacen en esta fuente bautismal básica. El Sacramento del Bautismo nos justifica: perdona los pecados y une esencialmente con JESUCRISTO.

Inmersión en la muerte de CRISTO

“¿Ignoráis que cuantos fuimos bautizados en CRISTO JESÚS, fuimos bautizados en su muerte?” (v.3). El Sacramento del Bautismo es el acto sacramental por el que entramos en el ámbito espiritual de la muerte de JESÚS, que destruye en una sola acción el pecado y la misma muerte originada por aquel. La primera parte del Sacramento del Bautismo resuelve el problema de la muerte y el pecado que la originó. Sólo JESÚS el JUSTO podía entrar en la muerte y destruirla por dentro por su santidad de vida. La muerte está vencida y paulatinamente los que nos vamos adhiriendo a CRISTO por el Sacramento del Bautismo reafirmamos la acción del SEÑOR, que murió en la Cruz por todos nosotros. JESÚS cargó con los pecados de todos y cada uno de nosotros y con esa carga letal subió a la Cruz para morir perdonándonos a todos sin excepción. Despreciar este acto de CRISTO supone quedarse sin perdón y apertura a la Vida Eterna.

Morir para resucitar

“Fuimos, pues, sepultados por el Bautismo en su muerte, a fin de que, al igual que CRISTO fue resucitado por medio de la Gloria del PADRE, así también nosotros vivamos una vida nueva” (v.4). El hombre puede llevar a cabo un estilo de vida según el Evangelio, porque la GLORIA del PADRE -el ESPÍRITU SANTO- habita en nosotros. Esta GLORIA del PADRE es quien resucitó a JESÚS de entre los muertos. Por el Sacramento del Bautismo recibido, DIOS nos capacita en este mundo para vivir según el ideal evangélico, porque no sólo se nos da el cómo vivir, sino la fuerza espiritual para llevar a cabo el Plan diseñado por DIOS.

Una Vida Eterna

“Si hemos muerto con CRISTO, también creemos que viviremos con ÉL” (v.8). La Resurrección de CRISTO es nuestra Resurrección, que nos anuncia una vida plena en el Cielo con el SEÑOR que nos ha redimido. Este es el eje central de la Esperanza cristiana. Las realidades futuras que el cristiano debe esperar están en la órbita de los bienes de la Redención obtenidos por CRISTO para todos nosotros.

Con CRISTO para siempre

“Sabiendo que CRISTO una vez resucitado de entre los muertos ya no muere más, y la muerte ya no tiene señorío sobre ÉL” (v.9). Lo mismo que JESÚS resucitó una sola vez porque se muere una sola vez (Cf.  Hb 9,27), también nosotros después de resucitados con el SEÑOR ya no volveremos a este estado de vida, porque es del todo pasajera. El hecho de la Resurrección deja sin base alguna todos los mitos del eterno retorno, que prevén periodos larguísimos de presencia y ausencia del cosmos actual. Nada de eso entra dentro del horizonte cristiano basado en JESUCRISTO y su Mensaje.

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