El dolor de las mujeres como capital para las mujeres políticas

Alejandra Yañez

Sabemos que México es un país donde lamentablemente existe el machismo. En ciertos lugares, las niñas no son tratadas de la misma manera que los niños, y por esa razón no pueden ejercer sus derechos humanos. En otros lugares, sabemos que hay mujeres que sufren violencia y que no tienen herramientas para salir de ese entorno. En algunas comunidades, las niñas son intercambiadas como objetos. Hace unos años conocí a una mujer que trabajaba en una tienda de telas, en el Centro histórico de la CDMX, quien me confesaba con enojo y tristeza, que ganaba menos que sus compañeros de trabajo, cuando los tres hacían exactamente lo mismo.

Lo comento porque en varias ocasiones he escuchado decir a algún despistado que la causa de las mujeres ya está agotada, que “ya tenemos los mismos derechos”. Las mujeres y los hombres tenemos los mismos derechos reconocidos en la Constitución; el problema radica en el reconocimiento y en el acceso de estos. Claro que ha habido avances. Pero aún existen leyes injustas y discriminatorias que nos vulneran. Por ejemplo, en el Código Civil de Chihuahua, se reconocía al esposo como administrador de la sociedad conyugal si no se estipulaban capitulaciones. No fue sino hasta el 2018, cuando la Corte reconoció el mismo derecho a las mujeres casadas bajo sociedad conyugal, para que ellas también pudieran administrar sus bienes. Y si hablamos de las mujeres viudas, éstas pueden perder su pensión de viudez si se vuelven a casar o si se embarazan. ¿Qué acaso esto no es injusto? Si la pensión de viudez proviene de los recursos que el marido trabajó en vida, entonces… ¿por qué les quitarán las prestaciones que devienen del esfuerzo del cónyuge fallecido?

La perspectiva de género es una herramienta que debería haber dotado de “igualdad de armas” a las mujeres cuando éstas lucharan en desventaja. Pero nuestra Corte y nuestros legisladores se negaron a incorporar esta herramienta durante décadas, y cuando por fin lo hicieron, lo hicieron mal. Hoy en día se colocan a los grupos de la diversidad sexual por encima de las necesidades de las mujeres y de la infancia. Y a eso hay que añadir que las mujeres que se dedican a la política están utilizando los mecanismos de la violencia política en razón de género para oprimir y censurar.

El dolor de las mujeres se utilizó para dotar de supra derechos únicamente a un sector:  a las políticas. Existe un registro nacional de personas sancionadas por violencia política en razón de Género, pero no hay registros nacionales de feminicidas, ni de personas agresoras sexuales …. ¿Ganamos todas?  No, sólo ganaron algunas. Y hoy utilizan ese poder para lastimar, perseguir y debilitar a periodistas, medios de comunicación y ciudadanos comunes. Se les olvidó que, por la función pública que escogieron ejercer, deberían soportar un mayor escrutinio. ¿Qué podemos hacer? Visibilizar esta distorsión para obligar a los legisladores a corregir. Las mujeres que más requieren apoyo y atención siguen abandonadas.

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