El cristiano no puede estar unido al mal

Bienvenidos a esta reflexión desde la Palabra de Dios en el XX Domingo del Tiempo Ordinario.

Hoy nos encontramos con unas expresiones de Jesús que nos cuesta entender del todo; esa expresión de: “He venido a traer fuego a la tierra. Sabemos que el fuego en el Antiguo Testamento, simbolizaba la intervención soberana de Dios para purificar las conciencias, ya que debe purificar lo que está destinado al Reino. El fuego simboliza la fuerza del Espíritu Santo, recordemos Pentecostés. El amor que Dios Padre tiene para con la humanidad es Jesús mismo que viene a implantarlo y su deseo es que prenda, que arda en los corazones de todos sus seguidores; un fuego que se expande. No podemos olvidar que Jesús trajo un mensaje y se difunde por contagio; ese fuego debe convertirse en incendio. Otra expresión es: “No he venido a traer la paz, sino la división”. Jesús nos deja claro que no acepta la paz a cualquier precio; su intención no es apoyar la tranquilidad del status quo sino traer la crisis que separa a los que están de parte de los hambrientos, de los que se sienten satisfechos. No es que Jesús provoque la división, pero frente a su misión y su mensaje, hay que decidirse y esta decisión trae como consecuencia la división.

Jesús sabe muy bien de lo que está hablando, ese fuego que es contradictorio; porque, por un lado, alumbra, ilumina, calienta, pero por otro, consume, destruye; su mensaje trae división, mientras que unos creen en su Palabra, otros no creen y la rechazan. Jesús nunca habla de una paz pasiva, una paz ausente de problemas; una paz individual y egoísta; Jesús desea que la persona se decida, con Él y con el bien o contra Él y a favor del mal; pero Jesús rechaza la indiferencia, el no compromiso, el que nos de igual lo que pasa o deje de pasar. Es verdad que la Palabra de Jesús causa división, pero es una consecuencia que debemos afrontar al aceptar su mensaje y su misión; su Palabra no puede dejarnos satisfechos ante tanta injusticia y maldad que existe en el mundo, su Palabra nos conduce a tomar una decisión y darle un golpe a la indiferencia, a la falta de compromiso. El discípulo ha de confrontar con su estilo de vida al mundo, a la comunidad, y si es necesario, a la propia familia, defendiendo el amor, la misericordia y la bondad.

Hermanos, si meditamos el mensaje de Jesús nos provocará primero división en nuestro interior, ya que allí nos daremos cuenta de las cosas que hacemos y no son correctas; allí viene la primera división y la toma de postura personal; debo decidirme, Jesús no quiere tibios, debemos permitir que su fuego purifique nuestras conciencias; permitir que su fuego queme y destruya todo aquello que está en contra de Dios y de los hermanos, que destruya todo aquello que nos deshumaniza. Porque el discípulo de Jesús, no puede conformarse con vivir tranquilo en su zona de confort, en medio de las injusticias del mundo, que son contrarias al Evangelio. Entendamos que Cristo nos quiere resueltos; que no seamos maquilladores de los problemas, de la injusticia social, de la corrupción, sino gente que cree que existen soluciones reales, que cree en la verdad, en la justicia y que lucha por ella.

Hermanos, si acogemos la Palabra de Jesús, sepamos que nos traerá división con aquellos que viven según los criterios de este mundo, manejados por sus caprichos individuales; con aquellos que se han dejado seducir por los placeres del mundo y la felicidad pasajera. Acoger la Palabra de Jesús es tomar partido por el bien; no se puede hacer concesiones o alianzas con el mal, no se

puede ser indiferente. El acoger la Palabra de Jesús, nos impide hacernos indiferentes o vivir como si nada pasara; como si yo dijera que en esta tierra caliente no pasa nada, cuando la realidad es que, día tras día personas pierden la vida a voluntad del crimen organizado; que los cobros de piso se siguen dando; que sigue habiendo desplazados en nuestras comunidades de este Municipio de Apatzingán y del Municipio de Tepalcatepec, comunidades que por segunda vez sufren desplazamiento forzado, como la comunidad de Las Mesas del Terrenate y comunidades vecinas.

Aceptar el Evangelio, es aceptar ese fuego que debe expandirse por contagio. El predicador es un apasionado del Evangelio, es devorado por ese fuego interior que es incontenible; si no contamos con esa pasión, nuestro ministerio se convertirá en oficio y en la causa del Evangelio no se necesitan funcionarios, burócratas, intelectuales a modo. En nuestros días podemos ver algunos predicadores acalorados y siempre surge la duda: ¿será por las luces de las cámaras o será por el fuego interior?

Hermanos, siempre que se habla de división, lo entendemos como algo negativo, pero el cristiano no puede estar unido al mal; allí se debe crear la división y una división consciente, debemos rechazar el mal con la fuerza de Dios y con nuestra voluntad. Seamos conscientes que el bien y el mal no pueden vivir unidos, es mejor la división y eso lo dice Jesús.

Hermanos, cuando ustedes sientan en su interior el deseo de hacer algo, pero su conciencia les indica que es algo erróneo o es un mal para otra persona, tengan la valentía de rechazar esa idea, ese deseo, por muy placentero que sea para ustedes, por mucha satisfacción que crean que les traerá. No tengamos miedo, podemos ser mal vistos o criticados por familiares y amigos, decidámonos por Jesús y la verdad; no olvidemos que Jesús vino a traernos una fe que debe convertirse en incendio; la figura de Jesús y su mensaje perturbaron a los poderosos de su tiempo; que la verdad se difunda como el fuego en un pastizal; no caigamos en la tentación de dulcificar el Evangelio, de darle esas interpretaciones al gusto de quienes nos escuchan.

Hermanos, que nos quede claro, no es que Jesús sea violento, Él nos dijo: “La paz les dejo, mi paz les doy” (Jn 14,27), lo que Jesús no quiere es una falsa paz. Jesús es humilde, pero también es apasionado. Esforcémonos por ser cristianos completos, no solo con la versión tranquila de Jesús, sino también con esa versión que implica denunciar el pecado, denunciar la mentira, los atropellos; ese es el verdadero cristiano y es el camino que nos muestra el Evangelio de este domingo. Permitámosle actuar a Jesús en nuestra vida, Él sacará lo mejor de nosotros. No olvidemos que el mensaje divino ilumina, señala, desinstala, remueve y eso gusta poco. Quien denuncia y defiende dicho mensaje, sufre las iras de los que prefieren seguir como están o mantenerlo todo como está, aunque sea camino hacia la ruina.

Hermanos, todos los bautizados participamos del carisma profético de Cristo, lo que importa es que seamos fieles al Mesías, hasta dejarnos bautizar por el bautismo de su Pasión y dejarnos encender por ese fuego que Él ha encendido desde lo alto de la Cruz. Que nuestra participación en la Eucaristía, nos de la fuerza que necesitamos para ser en todo momento, fieles discípulos suyos.

Les bendigo a todos, en el nombre del Padre, y del Hijo, y del Espíritu Santo. Feliz domingo para todos.

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Obispo de la Diócesis de Apatzingan