El progresivo desplazamiento del Canon Romano en las celebraciones pontificias se ha convertido en un hecho observable que ya no admite ser interpretado como mera contingencia.
Bajo el pontificado de León XIV, la elección sistemática de las plegarias eucarísticas modernas —especialmente la III— confirma una preferencia por los textos introducidos tras la reforma litúrgica de 1968, en detrimento del venerable Canon que durante siglos constituyó el núcleo invariable del rito romano.
No se trata de un episodio aislado ni de una opción puntual condicionada por circunstancias pastorales. La reiteración en contextos de máxima solemnidad, como el Domingo de Ramos, revela un patrón consolidado: el Canon Romano ha dejado de ser la referencia ordinaria incluso en aquellos momentos en los que su densidad teológica y su peso simbólico resultarían más coherentes con el contenido celebrativo.
En su lugar, se opta por fórmulas más recientes, de estructura más simple y ejecución más ágil, cuya génesis responde a criterios pastorales propios de la segunda mitad del siglo XX.
Este desplazamiento no es neutro.
El Canon Romano
no es simplemente
una plegaria más entre otras posibles,
sino la expresión histórica
de la lex orandi del rito romano,
con un desarrollo orgánico
que remite a los primeros siglos
de la Iglesia latina.
Su lenguaje sacrificial,
su sobriedad austera
y su continuidad,
lo convierten
en un testimonio privilegiado
de la tradición litúrgica.
Sustituirlo,
por plegarias de redacción reciente,
implica de hecho,
una alteración
en la percepción misma
de la continuidad litúrgica.
La preferencia por las plegarias eucarísticas modernas sugiere, por tanto, un determinado modo de entender la liturgia: menos anclado en la recepción de una tradición recibida y más orientado a la funcionalidad celebrativa.
El resultado es una praxis en la que el Canon Romano, lejos de ocupar el lugar central que le correspondería por su propia naturaleza, queda relegado a una presencia cada vez más excepcional.
La práctica pontificia, en este sentido, no es irrelevante. Aunque no establece por sí misma una norma jurídica, sí ejerce una función paradigmática. Lo que el Papa celebra de manera habitual termina configurando, de facto, el horizonte de lo que se percibe como ordinario o preferible. Y en ese horizonte, hoy, el Canon Romano aparece cada vez más ausente.
LUNES 30 DE MARZO DE 2026.
INFOVATICANA.

