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Zacarías 9,9-10 | Salmo 144 | Romanos 8,9.11-13 | Mateo 11,25-30

Pablo Garrido Sánchez
Pablo Garrido Sánchez

Lo ideal es que a una persona desde los primeros instantes de su vida se le ofrezca el abanico más amplio de posibilidades para que tome sus decisiones en orden a sus gustos, preferencias y convicciones. Con el debido acompañamiento de los padres, el niño manifiesta sus gustos e inclinaciones. A medida que va creciendo argumenta lo que le parece acorde con sus capacidades. Pasado el tiempo en el que los estados de ánimo oscilan entre la euforia y el desaliento, estarían iniciándose la afirmación de las convicciones contrastadas para ofrecer una orientación a la propia vida. El evangelio de este domingo en pocos versículos señala la meta mística del cristiano: “venid a MÍ” (Cf. Mt 11,28). La cosa es para darle unas vueltas, pues no atinamos los bautizados en orientar nuestros pasos con decisión hacia el SEÑOR que nos llama y reclama. Niños, adolescentes y adultos, que pasamos por la vida con múltiples centros de interés en orden de dar cumplimiento a la realización de las aspiraciones fundamentales. En los primeros años de la infancia, son los mayores quienes debieran orientar con ciencia y prudencia los gustos e inclinaciones que el hijo manifiesta. Llegada la adolescencia el acompañamiento se hace difícil, porque el adolescente se reafirma a sí mismo frente al adulto y lo hace poniendo por delante el escudo del no. Para romper el adolescentrismo, que podría perdurar el resto de sus días, habría que ofrecer las herramientas para la búsqueda de lo esencial, que permanece para toda la vida. El niño, el adolescente y el adulto se aceptan como una unidad de tres dimensiones perfectamente integradas: “que el mismo DIOS de la paz os santifique totalmente, y que todo vuestro espíritu, alma y cuerpo, se mantenga sin reproche hasta la venida de nuestro SEÑOR JESUCRISTO” (Cf. 1Tes 5,23). Los padres vuelcan sus cuidados en los aspectos físicos y psíquicos del bebé y el niño; pero hoy en día se olvida la oración con el hijo y hablarle de DIOS, que es su verdadero PADRE, pues el hálito (Cf. Gen 4,1) dado en la gestación no es obra de los progenitores. Estos años de la infancia en los que el niño mantiene en la mayoría de los casos una serenidad anímica, todavía es favorable para una experiencia de encuentro con el SEÑOR, que le podría servir de una gran reserva interior para afrontar con éxito situaciones difíciles que con toda probabilidad lo esperan en las edades posteriores. Las palabras de JESÚS pueden tomarse como un mandato, un deseo del MAESTRO o una queja: “dejad que los niños se acerquen a MÍ, porque de los que son como ellos es el Reino de los cielos” (Cf. Mt 19,14). Tristemente muchos padres bautizados ya no saben las oraciones básicas para transmitirlas a sus hijos. Produce un cierto vértigo pensar, que algo tan elemental al alcance de cualquier persona no se esté realizando por desidia y enfriamiento interior. Qué fácil sería dedicar los últimos minutos del día a los hijos con la lectura de una Biblia infantil y unas oraciones básicas. No menos al alcance de la mano está la recuperación del rezo del Santo Rosario en familia con breves lecturas bíblicas de los misterios. El tiempo dedicado a esta oración particular o familiar no excede la media hora. Los resultados serían espectaculares, y devolvería a las casas y a las familias en verdadero espacio de luz y paz espiritual. El niño necesita observar que sus padres llaman a DIOS y le dicen PADRE; entonces es fácil que el propio niño se sienta cercano e hijo del PADRE que sus padres invocan. Recordamos una vez más, que el “Shemá” viene dado con un encargo a los padres: “lo guardarás en tu corazón, y hablarás de él a tus hijos; acostado y levantado” (Cf. Dt 6,6). El alma del niño hace poco tiempo que salió de las manos de DIOS como una nueva creación y en su mente libre de las censuras de los adultos pueden aflorar gracias infusas que para el adolescente y el adulto encuentran mayores dificultades. ¿Por qué privar a los niños de los beneficios espirituales, que sólo a esas edades son recibidas?.

Las señales ayudan a buscar

El capítulo once de san Mateo comienza con el encuentro entre los discípulos de Juan Bautista y JESÚS, que acuden a ÉL para disipar alguna perplejidad. También aquellos discípulos del Bautista buscaban el momento del MESÍAS, pero se sentían en deuda con Juan Bautista, y éste permanecía encarcelado por Herodes. Aquel grupo de discípulos acude a JESÚS, porque estaban desconcertados por su conducta, que no seguía la línea ascética del Bautista. El Juicio Divino que se produciría con la aparición del MESÍAS según Juan Bautista no se estaba dando, y JESÚS parecía condescender demasiado con algunos grupos de personas, pero en realidad lo que JESÚS estaba ofreciendo era una moratoria a las conductas marcadas por el pecado. También lo había dicho el profeta: “no quiero la muerte del pecador, sino que se convierta de su conducta y viva” (Cf. Ez 33,11). Juan Bautista intuyó algo de esa verdad cuando reconoció a JESÚS como “el CORDERO de DIOS que quita el pecado del mundo “ (Cf. Jn 1,29).JESÚS toma sobre SÍ los pecados de los hombres (Cf. Is 53,4-11). El tiempo de la venida de JESÚS a este mundo hasta su Segunda Venida es el tiempo de la Divina Misericordia para los hombres. Habrá episodios de corrección de costumbres por el bien de todos y cada uno de nosotros. Si DIOS hubiera actuado con estricta Justicia, puede ser que el género humano ya no estuviese sobre la faz de la tierra. Juan Bautista había denunciado con energía a los sectores principales: a los escribas y fariseos los había calificado de “raza de víboras” (Cf. Mt 3,7); y a Herodes Antipas lo denunció públicamente porque no le era lícito convivir con la mujer de su hermano según lo prescrito en el Levítico (Cf. Lv 18-16). La corrupción de costumbres religiosas y sociales parten de iniciativas particulares con nombre y apellidos. Los discípulos de Juan Bautista buscan a JESÚS para preguntarle si ÉL era el verdadero MESÍAS, o debían esperar a otro. JESÚS responde a los seguidores de Juan con los signos que acompañaban su predicación y misión: “los ciegos ven, los sordos oyen, los cojos andan, los leprosos quedan limpios, los muertos resucitan; se anuncia el Evangelio a los pobres; y dichoso el que no se escandaliza de MÍ” (Cf. Mt 11,5-6; Lc 7,22-23). Es el tiempo mesiánico de las señales, que son dadas para leerlas con los ojos de la Fe. También hoy se dan señales extraordinarias, que ofrecen indicios razonables de la intervención de DIOS. La gran reliquia de la Sábana Santa de Turín, los milagros eucarísticos, unos reconocidos oficialmente y otros de conocimiento local; los fenómenos carismáticos y las curaciones extraordinarias; las apariciones reconocidas de la santísima VIRGEN; los testimonios públicos de verdaderas conversiones después de un encuentro con el SEÑOR, al estilo de san Pablo camino de Damasco; las experiencias cercanas a la muerte (ECM), que habiendo en ellas una gran variedad, sin embargo originan cambios personales percibidos por los que están alrededor. Un gran apartado en nuestra religión lo forman el conjunto santos y místicos, que nos dejan su doctrina y testimonio en una gran variedad de formas. Todos estos signos o señales valen como indicadores de dirección y sentido. Nada de todo esto queda fuera de la Iglesia, pero la gran señal de la presencia del SEÑOR en medio de nosotros es la Iglesia con sus luces y sombras en lo humano. La Gracia sacramental nos llega a través de la Iglesia, lo mismo que la Escritura y la lectura adecuada de la misma a través del magisterio. Se debe mencionar con preferencia el gran don de la EUCARISTÍA como la Gracia principal que fundamenta todas las otras, pues es el mismo JESUCRISTO con todo su cuerpo, sangre, alma y divinidad. Este signo tan habitual en la Iglesia, pues el SEÑOR está presente en cada tabernáculo, sobre pasa cualquiera de las señales antes mencionadas. En cada sagrario debería escribirse con letras grandes: “Venid a MÍ”.

Una lección necesaria y urgente

Cuanto más pronto aprenda la persona que la vida tiene su dosis de sufrimiento, dolor y renuncia, será mucho mejor.  El principio del placer a toda costa destruye a la persona, porque eso no es posible. Nada puede garantizar que el individuo viva entretenido y saturado de placer y sin embargo esta ilusión se oferta de modo permanente en la sociedad de consumo pletórico. Que no falte de nada mientras el sujeto se queda vacío por dentro de modo inevitable, porque el interior no está siendo alimentado de forma adecuada. El hombre tiene el derecho a buscar la felicidad, pero sin hipotecarla exclusivamente al placer dado por los impulsos primarios. La felicidad debe ser alcanzada por el camino de la Verdad, la Bondad y la Belleza. La Sabiduría se ofrece en la Biblia como fuente de Verdad, que traerá al fiel seguidor toda clase de bienes. Pero la Sabiduría requiere que expresamente se la busque.

Los dos caminos frente a la Sabiduría

Se repite la pauta frente a JESÚS de la empleada con la Sabiduría. Distintos casos tomados de los libros sapienciales reflejan las disposiciones del corazón del hombre, a la hora de seguir las mociones de DIOS y sus inspiraciones. Dice proverbios: “la Sabiduría clama por las calles, por las plazas alza su voz. Llama en las esquinas de las calles concurridas, a la entrada de las puertas de la ciudad pronuncia sus discursos” (Cf. Pv 1,20-21). Cabe decir con el autor de la carta a los Hebreos: “de muchas maneras habló el SEÑOR a los antiguos, a través de los profetas, y llegada la plenitud de los tiempos nos ha hablado por su HIJO, JESUCRISTO” (Cf. Hb 1,1-2). La Sabiduría de DIOS no dejo de asistir a los hombres, hasta el punto de albergar cada ser humano un principio de Sabiduría Divina en su conciencia: “ÉL es la LUZ que alumbra a todo hombre que viene a este mundo” (Cf. Jn 1,4). Algo grave y caótico tuvo que suceder para perturbar de tal modo la conciencia humana, con el resultado de perder gravemente la orientación hacia el Bien y la Verdad. Pero nos fijamos ahora en estas palabras del libro sagrado, que anuncian a su modo, lo que va a protagonizar JESÚS de Nazaret, “que recorría ciudades y aldeas predicando y enseñando por los poblados, campos y sinagogas” (Cf. Mt 9,35). “La fama” o el buen nombre y crédito de JESÚS se extendió inicialmente por todas partes y acudían a ÉL (Cf. Mt 4,24). La Divina Sabiduría sabe aplicar lo que DIOS quiere a la vida en este mundo. DIOS quiere para nosotros lo que nos beneficia en orden a esta vida y a la futura. Lo que DIOS revela debe ser aceptado como principio para la construcción del edificio moral. Alguien con autoridad moral puede ofrecer con claridad los principios que están en la base de la formación moral y espiritual. Los principios dados para el comportamiento no son muchos, hasta compendiarlos en Diez Palabras o Decálogo. Los libros sapienciales constituyen una ampliación o comentario mediante consejos de las Diez Palabras básicas.

Los “entierra talentos”

Recordamos aquel siervo que recibe un talento -entre veinticinco y cuarenta kilos de oro- para hacerlo productivo y lo entierra, según él para no perderlo y dedicar su tiempo a otros menesteres distintos de lo  encargado (Cf. Mt 25,18). En el capítulo once viene unos versículos en los que JESÚS se queja por la indolencia de los que no hicieron caso a la predicación severa del Bautista ni a la oferta inédita de la Divina Misericordia, que trae a este mundo el MESÍAS, el HIJO de DIOS. La queja es conocida: “esta generación se parece a unos niños que en la plaza se dicen unos a otros: hemos tocado la flauta y no habéis bailado; hemos tocado lamentaciones y no habéis llorado; porque vino Juan Bautista, que no comía ni bebía y decían, tiene un demonio. Viene el Hijo del hombre que come y bebe, y decís, ahí tenéis a un comilón y a un borracho” (Cf. Mt 11,16-19). El mensaje del Bautista estaba respaldado por un estilo de vida rigurosamente ascético, pero los inamovibles perezosos espirituales encontraron pronto la gran excusa: “tiene un demonio”. Colgada esta etiqueta, ya no era necesario preocuparse del mensaje, pues su origen no venía de DIOS. Los mismos tenían que hacer un buen entierro al Mensaje de JESÚS, y el epitafio decía: “aquí yace el mensaje de un comilón y un bebedor”, porque el perezoso espiritual se niega a realizar un movimiento que lo desplace del sopor en el que está instalado. La sentencia que transmite el sabio es inquietante, pero merecedora de tener en cuenta: “comerán del fruto de su conducta, de sus propios consejos se hartarán” (Cf. Pv 1,31). El raquitismo intelectual y la pobreza espiritual del hombre de hoy tiene nutrientes suficientes en la propaganda, la denigración de la verdad, la demolición de las tradiciones fundamentales e incluso la demonición de la religión como oscurantismo de antaño. Lo que se ofrece a los espíritus de esta época es todo el contenido específico que se encuentra en el juego, la frivolidad y la ausencia de cualquier compromiso firme.

El ejercicio de la virtud

No existen los valores, sin el ejercicio de la virtud. Los valores en el horizonte constituyen la gran trampa y el engaño manifiesto, porque sin el ejercicio de la virtud esos valores no existen en la realidad. La felicidad se propone como valor, pero ésta no se consigue sin el ejercicio de la virtud; y la virtud es sinónimo de esfuerzo. Multitud de acciones realizadas en orden al bien y de forma positiva forjan un entramado virtuoso, que poco a poco alumbra un estado de Paz interior cercano a la felicidad, y el hombre lo puede experimentar en este mundo. El hombre prudente tiene que pararse en más de un momento y preguntar por “la vieja senda” (Cf. Jr 6,16). La “vieja senda” es el camino seguro de la Sabiduría, que se revela a quien la busca. Veamos el consejo del Sabio: “hijo mío, si das acogida a mis palabras, y guardas en tu memoria mis mandatos, prestando tus oídos a la Sabiduría, inclinando tu corazón a la prudencia. Si invocas a la inteligencia y llamas a voces a la prudencia; si la buscas como la plata y como un tesoro la rebuscas, entonces entenderás el temor de YAHEVH y la ciencia de DIOS encontrarás” (Cf. Pv 2,1-5). El Sabio propone un camino de búsqueda para encontrar a DIOS. El temor del SEÑOR está íntimamente unido a la Piedad, que es el don de la unión filial. DIOS no es un colega cualquiera, sino es el PADRE de todos y mi PADRE, que está dispuesto a enseñarme a vivir como PADRE que es. La Ciencia de DIOS es para cada uno en particular y nos acercamos a ella con inteligencia y prudencia. Dotados estamos de una inteligencia que nos hace semejantes a DIOS, aún en nuestra insignificancia; pero si queremos que nuestra inteligencia no acabe absorbida por la soberbia, tenemos que llamar a gritos a la prudencia, que nos proporcione el “saber estar” ante DIOS. El Sabio habla a su discípulo como un padre a su hijo. El padre, y la madre, deberían ser el Sabio que transmite la Sabiduría del camino realizado a los hijos: “hijo mío, si das acogida a mis palabras, y guardas en tu memoria mis mandatos…” (v.1). Una familia estable de padre y madre puede mantener la historia humana y espiritual, ofrecer fundamentos y enraizar a las nuevas generaciones. El hijo tocado de la piedad filial sabrá valorar la trasmisión espiritual de sus mayores. Como cualquier casa la espiritual necesita sus arreglos, pero demoler la construcción anterior es una gran insensatez, que en la actualidad se está produciendo, pues sin la tradición anterior, sólo queda la intemperie. El adanismo presente es una falsa construcción de cartón piedra, que dura el tiempo en el venga una llovizna fina o un ligero viento.

Zacarías 9,9-10

El profeta Zacarías ejerce su ministerio profético en el tiempo de la construcción del segundo Templo de Jerusalén, a finales del siglo sexto y comienzos del quinto (a.C.). La ocasión del retorno a la tierra es motivo para el profeta de tratar el cumplimiento de la reunificación del Pueblo elegido disperso. No sólo los israelitas, sino también otros extranjeros querrán participar del nuevo tiempo de salvación que DIOS va a conceder a su pueblo: “los habitantes de una ciudad irán a la otra diciendo, ¡ea! vamos a buscar el Rostro de YAHVEH. Vendrán pueblos numerosos a buscar a YAHVEH Sabaot en Jerusalén. En aquellos días diez hombres de todas las lenguas asirán por la orla del manto a un judío diciendo: queremos ir con vosotros, porque hemos oído decir, que DIOS está con vosotros” (Cf. Za 8,20-23). El profeta ve a cada uno de los de su Pueblo como portador del mensaje universal que late en el corazón de la revelación. DIOS habla a todos los hombres un mismo lenguaje de paz, justicia y reconciliación; pero como bien sabemos no siempre lo entendemos.

El SEÑOR cuida a su Pueblo

“YO acamparé junto a mi casa como guardia contra quién va y quién viene, y no pasará opresor sobre ellos, porque ahora miro YO con mis ojos” (v.8). DIOS se va a manifestar y la ciudad con su Templo reconstruido; pero tiene que darse un periodo suficiente de paz, en el que Israel no se vea agredido. La promesa de protección por parte del SEÑOR no es una cuestión menor. Una de las características del estado de vida presente es la inseguridad, aunque le damos una importancia preponderante a la inseguridad física; sin embargo la mayor inseguridad está en la desprotección espiritual. En el Padrenuestro tenemos dos peticiones directamente relacionadas con la protección espiritual: “no nos dejes caer en la tentación y líbranos del Malo” (Cf. Mt 6,13). Lo mismo que una planta o un jardín hay que protegerlos para que crezcan sucede que las personas necesitamos una protección espiritual. Recordamos lo que dice el salmista: “si el SEÑOR no guarda la ciudad, en vano vigilan los centinelas” (Cf. Slm 127,1). Las virtudes tienen que crecer en el clima espiritual adecuado, pues de lo contrario tal cosa no sucede.

El Manso Profeta

Una profecía mesiánica para los tiempos posteriores a la restauración de Jerusalén: “Exulta hija de Síon, canta de alegría hija de Jerusalén. He aquí que viene a ti, tu REY, justo y victorioso; humilde y montado en un asno, en un pollino cría de asna” (v.9). Como sabemos transcurrirán cuatrocientos años aproximadamente para el cumplimiento de esta palabra. Como sucede con otras profecías, da la impresión, que al profeta se le ofrece la película de los hechos que están por venir, y habla de ellos con una convicción sorprendente; y a veces parecería que lo anunciado está a la vuelta de la esquina, pero en este caso pasarán cuatrocientos años, que es el tiempo suficiente para dar origen a un cambio de época. En esos tiempos la dominación helénica con su civilización fue asumida por Roma, que domina toda la Cuenca Mediterránea. JESÚS nace en tiempos de Augusto, y los hechos previstos por el profeta Zacarías tienen lugar en tiempos del emperador Tiberio. Cada Domingo de Ramos evocamos esta secuencia que da inicio a la semana en Jerusalén de los grandes acontecimientos de la Salvación. JESÚS es el REY victorioso indiscutible en el momento de la Resurrección; pero la entrada en Jerusalén es la llamada de atención del mismo JESÚS, adoptando el modo manso y humilde del Siervo de YAHVEH. Los sencillos reconocen la verdadera identidad de JESÚS como hacía treinta y tres años, en ese mismo templo lo habían reconocido el anciano Simeón y Ana de Fanuel (Cf. Lc 2,29-38). Aquel NIÑO indefenso es el adulto actual que es entronizado en la ciudad Santa cabalgando sobre un sencillo pollino. Traído de la aldea cercana de Betfagé para cumplir ese cometido (Cf. Mc 11,1-10).JESÚS mantiene la línea de una manifestación discreta, de un perfil bajo y sin exaltaciones conducentes a falsas conclusiones. Como bien sabemos, a pesar de toda la prudencia, JESÚS no se libró de las falsas acusaciones e interpretaciones valorando los hechos lejos de la verdad de lo realmente dicho y acontecido. JESÚS desconcertó a los discípulos más cercanos, pero estos superaron las múltiples pruebas por el Amor hacia su MAESTRO. Los que odiaban a JESÚS tuvieron en los mismos hechos de aprobación de sus discípulos, la excusa para su rechazo y condenación. La batalla que libra el Manso Profeta es netamente espiritual. La inclinación de los corazones a favor o en contra de JESÚS tiene la misma raíz espiritual.; y en este punto las cosas siguen igual después de dos mil años. La destrucción de cruces y de otros símbolos cristianos no es una cuestión cultural simplemente, sino el antagonismo de fuerzas que no aceptan la victoria de JESUCRISTO.

La Paz a las naciones

La Paz mesiánica es una profunda aspiración del corazón humano; y por otro lado con cuánta negligencia se dilapida el patrimonio espiritual haciendo imposible esa Paz. “ÉL suprimirá los carros de Efraín y los caballos de Jerusalén. Será suprimido el arco de combate, y ÉL proclamará la Paz a las naciones. Su dominio irá de mar a mar, y del gran río hasta los confines de la tierra” (v.10). Esta Paz mesiánica nunca se ha verificado en el género humano de modo general. Dada la condición espiritual del hombre actual resulta imposible la convivencia mundial sin poderes políticos y económicos dominantes. El momento presente es de una gran gravedad y riesgo, porque existe mucho poder en muy pocas manos, y el control de las poblaciones es cada día más factible. Desgraciadamente algunos congéneres pueden jugar a ser dioses, marcando el destino a millones de personas, aunque sean tan frágiles y vulnerables como cualquier habitante del planeta. Pero la sensación de omnipotencia por un instante debe ser algo absolutamente embriagador: “te doy todos los reinos del mundo, porque a mí me los han dado y los doy a quien quiero, si postrado ante mí, ahora, me adoras” (Cf. Mt 4,8-9). Por un instante de adoración, Satanás concede poder, mucho poder y si le fuese posible todo el poder sobre las cosas fugaces de este mundo. Los que son ricos, o riquísimos, ya no encuentran satisfacción en el dinero que tienen, ni en otros tipos de placeres, aunque los mantengan. El placer supremo es la sensación de poder, porque el ego se ha endiosado y esa deriva no tiene límites visibles. Cualquiera que lea algo, y mire a su alrededor y vea lo que están decidiendo los organismos internacionales, se dará cuenta que se están implantando directrices para un control cada vez más amplio de la población, al tiempo que un decrecimiento o empobrecimiento de todo Occidente. Las causas últimas están en el abandono de occidente de los fundamentos cristianos de su civilización. La libertad, los derechos humanos y la conciencia de la dignidad del hombre fueron posibles en occidente gracias al Cristianismo y sus valores permanentes.

El conocimiento de DIOS

Los últimos versículos del capítulo once de san Mateo recogen la revelación sinóptica, que más se aproxima al evangelio de san Juan. Mateo y Lucas reproducen la revelación de DIOS y sus planes a los sencillos, teniendo en cuenta que el conocimiento en la Fe es la base para heredar la Vida Eterna, que “consiste en que te conozcan a ti, PADRE, y a tu ENVIADO, JESUCRISTO” (Cf. Jn 17,3). La presencia de DIOS por excelencia, en este mundo, hay que buscarla en la persona misma de JESUCRISTO, que es el Templo definitivo de DIOS: “destruid este templo y en tres días lo levantaré” (Cf. Jn 2,19). La Ciudad Santa en la que se manifiesta el Reinado de DIOS es la Jerusalén Celestial, que baja del Cielo como una novia engalanada para su ESPOSO (Cf. Ap 21,2) La ciudad es el medio de la vida social organizada, donde los ciudadanos se sienten a salvo y protegidos. Estas y otras cosas quiere el SEÑOR darlas a entender a sus seguidores. En san Lucas queda claro que los “pobres son los que reciben el Evangelio (Cf. Lc 4,18). Lo mismo se da en el evangelio de san Mateo, que inicia el Sermón de la Montaña, y por tanto la predicación de JESÚS con la pobreza de espíritu en primer lugar: “bienaventurados los pobres de espíritu, porque de ellos es el Reino de los Cielos” (Cf. Mt 5,3). Los pobres recibirán un trato especial y preferente por parte de DIOS. Los pobres son conducidos al conocimiento de DIOS; y los pobres encontrarán motivos para acogerse a la salvación de JESÚS.

Inteligencia de las cosas de DIOS

“Tomando JESÚS la palabra, dijo: YO te bendigo, PADRE, SEÑOR del Cielo y de la tierra, porque has ocultado estas cosas a los sabios e inteligentes y se la has revelado a los pequeños. Sí, PADRE, pues tal ha sido tu beneplácito (v.25-26). No es menor el rasgo que  aporta san Lucas con motivo de este pasaje: “JESÚS lleno del gozo del ESPÍRITU SANTO exclamó…” (Cf. Lc 10,21). El contexto en san Mateo y san Lucas varía un tanto, pues san Lucas cuenta la vuelta de los setenta y dos que están muy contentos por los éxitos en la tarea evangelizadora. San Mateo, por otra parte, recoge la perplejidad de los discípulos del Bautista, la indiferencia de un número importante de gente que no se ve interpelada por las palabras y señales de JESÚS, y la queja dolida porque aquellas localidades de la Galilea -Corazaín, Cafarnaún o Betsaida- tampoco mostraron una adhesión suficiente y el ensayo del Reino de DIOS en medio de estas ciudades no daba sus resultados. No obstante estos versículos nos dan a  entender, que en medio de todo el conjunto existe un resto, que está predispuesto a recibir la gran revelación del Evangelio. DIOS desconcertó a los sabios del templo, que no podían aceptar a JESÚS. Le dicen sus compañeros de Sanedrín a Nicodemo: “estudia las Escrituras y verás que de Nazaret no sale ningún profeta” (Cf. Jn 7,52). Puede que a DIOS se le olvidara revelar una cosa así a los antiguos profetas -permítase la ironía-, pero a los sabios teólogos y escribas les faltó algo de hondura y humillación para ver las posibilidades encerradas en el Siervo de YAHVEH. La pobreza de DIOS no es alcanzada por la precariedad humana. Si el ego humano se instala en la atalaya de la suficiencia, entonces es imposible el acceso a las cosas de DIOS. Sigue habiendo muchos sabios en lo humano que permanecen a oscuras para ver los misterios de DIOS dejados en la Creación, y no digamos ya en su revelación bíblica. La Palabra de DIOS permanecerá hermética para los corazones autosuficientes. El discernimiento y la prudencia en el juicio tienen que estar siempre presentes para examinar las señales y manifestaciones, que el ESPÍRITU SANTO a lo largo de los siglos sigue realizando. La cosa no terminó en la Galilea de los tiempos de JESÚS, sino que allí comenzó todo (Cf. Hch 10,37). El pobre vive de la Divina Providencia y sabe que DIOS existe. El pobre camina ligero de equipaje y sabe algo del Amor de DIOS. El pobre sabe que las cosas de DIOS permanecen en la penumbra de la Fe, pues la Escritura nos habla de un tesoro escondido, una perla de gran valor, que para adquirirla es necesario vender lo que se posee. Por otra parte, la manera de actuar que DIOS tiene se asemeja a una semilla o muchas semillas que caen en la tierra echadas por el sembrador. Y para complicar algo más las cosas, la acción de DIOS soterrada como buena semilla empieza a verse acompañada de plantas de cizaña que furtivamente fueron plantadas. El pobre del Evangelio está dispuesto a ser enseñado, pues lo que es necesario aprender está por encima de las propias posibilidades. Lo que el discípulo de JESÚS, o el bautizado, debe saber está relacionado con las cosas de esta vida y de la vida Eterna. El pobre evangélico tiene Fe y Esperanza, no sólo porque pueda manifestar anhelos nobles de llegar un día al cielo, que es una aspiración necesaria y santa; sino que el pobre tiene una confianza más allá de toda duda sobre la espera de DIOS. La Esperanza cristiana es posible, porque hay quien nos espera más allá de esta vida y este mundo. La Escritura dice lo anterior de muchas formas, y una de las más entrañables es la espera incansable del padre, de la parábola del “Hijo pródigo”, que sale diariamente para comprobar si su hijo retorna al hogar (Cf. Lc 15,20). En la caridad nos espera en el más allá nuestros familiares, amigos y la multitud de santos, Ángeles y bienaventurados. Nos espera JESÚS, pues cada uno de nosotros que regresa es causa suficiente de su venida a este mundo y entrega hasta la muerte en Cruz: “la alegría en el Cielo es indecible por un solo pecador convertido” (Cf. Lc  15,7). Estas y otras muchas cosas están dichas y reveladas para ser guardadas en el corazón, meditarlas y valorarlas, puede que entonces nos sea comunicado algo de conocimiento.

DIOS es nuestra herencia

“Todo me ha sido entregado por mi PADRE, y nadie conoce al HIJO, sino el PADRE; ni al  PADRE lo conoce bien, sino el HIJO, y aquel a quien el HIJO se lo quiera revelar” (v.27). JESÚS de Nazaret altera totalmente la concepción que el hombre tenía de DIOS hasta entonces. Sin modificar la unidad esencial de DIOS, JESÚS se propone como HIJO único suyo, por tanto se hace igual a DIOS” (Cf. Jn 10,33) Resultó que el MESÍAS venido a nosotros no fue un profeta como los aparecidos a lo largo de los siglos. JESÚS de Nazaret es el hombre perfectamente asumido por la Segunda persona de la Santísima TRINIDAD. Nuestra inteligencia está capacitada para aceptar los hechos y postrarse en adoración, y la inteligencia humana no puede ir más allá. Las explicaciones doctrinales de este misterio fundamental utilizan distintos términos, necesarios, pero no nos aportan nada si la adoración del MISTERIO no la realizamos. Es el HIJO quien nos habla del PADRE y lo revela. También es JESÚS el que habla de la Promesa del PADRE (Cf. Hch 1,4); o del envío o presencia del ESPÍRITU SANTO en medio de nosotros (Cf. Jn 16). El conocimiento profundo de la TRINIDAD pertenece a la experiencia mística que el SEÑOR concede en esta vida a personas determinadas cuando lo considera oportuno, pues rompe todas las reglas del conocimiento habitual. Los altos grados de revelación y experiencia mística de algunos santos forman parte del conjunto de señales que el SEÑOR va dejando en su Iglesia para el fortalecimiento en la Fe de todos los creyentes. Nadie puede exigir las experiencias místicas de santa Teresa de JESÚS, de santa Margarita María de Alacoque, de santa Faustina Kowalska o de san Pío de Pietrelcina. Tampoco estos grandes santos obtuvieron las grandes experiencias religiosas sin grandes pruebas y sufrimientos. Es suficiente el conocimiento aportado por la Escritura conjugado con las gracias habituales de la oración y el encuentro en la EUCARISTÍA, sabiendo que esto también es extraordinario aunque pueda darse a diario.

Venid a MÍ

“Venid a MÍ los que estáis cansados y agobiados, y os daré descanso. Tomad sobre vosotros mi yugo, que SOY manso y humilde de corazón, y hallaréis descanso para vuestras almas; porque mi yugo es suave y mi carga ligera” (v.28-30). El yugo de JESÚS es su Palabra, que constituye la contrapartida del Nuevo pacto establecido con sus discípulos. La carga de la vida es ligera si JESÚS da las fuerzas para llevarla. Unas horas de trabajo requiere un tiempo de descanso, en el que aquella actividad cesa. La fatiga la notamos en las distintas vertientes de nuestra persona. Entendemos bien lo del descanso físico y se buscan medios para eliminar la fatiga, el cansancio o el estrés. Somos capaces de dar razón del cansancio psíquico, pero no se detecta habitualmente la fatiga espiritual, que sólo se resuelve mediante el descanso en DIOS. La oración, el silencio religioso, la adoración, la alabanza y la acción de gracias, son medios para entrar en el descanso que JESÚS ofrece. La participación devota en la Santa Misa es un medio extraordinario para entrar en la Paz del SEÑOR y resolver así muchas tensiones, que la vida misma va originando. Muchos sagrarios o tabernáculos tiene en su pequeña puerta la inscripción “Venid a MÍ”, porque realmente JESÚS está de forma personal en la EUCARISTÍA. Este es uno de los grandes misterios escondidos, que los pobres conocen, porque en la brevedad de una oración ante ÉL, los pequeños reciben múltiples gracias objetivas y palpables. La Paz interior recuperada puede ser el primer signo o señal de JESÚS presente y real en este Sacramento. Todas las formas de pobreza personal son bien acogidas por JESÚS en el tabernáculo. Nadie se debería excluir de la presencia del Cielo en la tierra, y entrar así por unos minutos en un descanso que nadie puede ofrecer. No cesan los testimonios de personas que rehacen sus vidas con la adoración a JESÚS en el tabernáculo. Está muy bien acudir a los santuarios de las grandes apariciones, pero tenemos lo más grande a pocos metros de nuestra casa, y podemos pasar de largo.

San Pablo, carta a los Romanos 8,9.11-13

Algunos de los que han profundizado en la carta de san Pablo a los Romanos opinan, que no debiera acabar la jornada sin leer y meditar algunos versículos de este escrito sagrado. Dada la hondura y trascendencia de los temas aquí tratados, en esta carta, la cosa no es para menos. Esta carta entra también en las cosas que el PADRE ha de revelar a los pequeños, que si están provistos de ciencia tampoco vendrá nada mal. La segunda lectura de este domingo extrae algunos versículos, del capítulo ocho, que se refieren a la necesaria y misteriosa acción del ESPÍRITU SANTO en el alma y la vida del creyente. El discípulo de JESÚS es una obra siempre por acabar y perfeccionar y el que se ocupa de la tarea es el ESPÍRITU SANTO, que toma el relevo de la Ley Antigua reducida a la impotencia por la carne (v.3) El ESPÍRITU SANTO ahora puede actuar, porque el HIJO condenó al pecado en la carne, al morir en una carne de pecado (v.3). Liberados por JESÚS podemos vivir una vida movidos por el ESPÍRITU SANTO (v.4). Gracias al don del ESPÍRITU SANTO deseamos en nuestro corazón las cosas espirituales y disponemos de fuerza interior para rechazar las carnales (v.5). Las tendencias de la carne son muerte y nos llevan a la muerte en todos los órdenes (v.6). Las tendencias del ESPÍRITU SANTO son Vida y Paz (v.6b). No estamos solos en el trabajo espiritual que nos encamina hacia DIOS, pues el ESPÍRITU SANTO, como vemos, dispone las inclinaciones hacia el bien, y está en nosotros seguirlas o rechazarlas. Ciertamente es suicida rechazar las mociones del ESPÍRITU SANTO, pero las circunstancias de la vida pueden condicionar notablemente. El arrepentimiento y la rectificación están siempre a nuestro alcance. San Pablo nos sigue enseñando y nos dice con claridad que las tendencias de la carne cristalizan en el odio a DIOS (v.7). Nos encontramos con personas a las que cualquier referencia a JESUCRISTO les causa profundo malestar. Una Gracia extraordinaria puede rescatar por unos instantes a esas personas de las mazmorras del odio en que habitan. Si eso se produce, entonces la luz entrará y el rescate es posible.

Pertenencia a CRISTO

“Vosotros no estáis en la carne, sino en el ESPÍRITU, ya que el ESPÍRITU de DIOS habita en vosotros. El que no tiene el ESPÍRITU de CRISTO no le pertenece” (v.9). Nos ilumina el evangelio de san Juan en este caso: “el que crea en MÍ de su interior manarán torrentes de Agua Viva -lo decía por el ESPÍRITU SANTO que recibirían todos los que creyeran en ÉL, pues todavía no había sido dado el ESPÍRITU, porque no había Resucitado” (Cf. Jn 7,38-39) La Fe en JESUCRISTO es la fuente del ESPÍRITU SANTO, que a su vez es la garantía de pertenencia o unión con ÉL. Gracias a este Don que desborda todo cálculo, el camino cristiano supera lo imaginable de una relación MAESTRO discípulo, pues el MAESTRO regala al discípulo lo más preciado que habita en SÍ mismo. Tanta grandeza espiritual, de la que hay constancia en estos versículos, la llevamos a nuestro pesar en vasijas de barro (Cf. 2Cor 4,7). Es inevitable continuar el camino de Gracia en medio de las previsibles fragilidades, que la Divina Misericordia está dispuesta a restablecer.

La Resurrección

“Si el ESPÍRITU de AQUEL que resucitó a JESÚS de entre los muertos, habita en vosotros; AQUEL que resucitó a CRISTO de entre los muertos dará también la vida a vuestros cuerpos mortales por su ESPÍRITU que habita en vosotros” (v.11) Notemos que san Pablo da un salto tan notorio como es el paso de esta vida a la otra, y la otra vida el Apóstol la entiende como hijos resucitados con el SEÑOR. Quien resucita a JESÚS es el mismo que nos resucitará a nosotros. San Pablo en este versículo propone un dato más con respecto al ESPÍRITU SANTO, pues el que resucita a JESÚS proviene del PADRE. Inmersos en el misterio trinitario los creyentes debemos ser conscientes de la unidad de vida. El tiempo presente no está al margen de la Vida Eterna que nos espera, sino que el ESPÍRITU SANTO le confiere una perfecta unidad. La conducta por tanto tiene que estar en consonancia con la integridad espiritual dada en la Resurrección. La vida presente no nos pertenece como dueños absolutos y tenemos el encargo de hacerla crecer por los dones espirituales que el SEÑOR tenga a bien concedernos.

La carne antagonista del ESPÍRITU

“Hermanos míos, no somos deudores de la carne para vivir según la carne; pues si vivís según la carne moriréis, pero si con el ESPÍRITU hacéis morir las obras del cuerpo, viviréis” (v.12-13). El ESPÍRITU de DIOS en el creyente puede combatir las tendencias de la carne, que llegan a esclavizar al cuerpo. El creyente ha dejado de ser deudor de la carne, y ésta no tiene nada que reclamarle, pues si alguna deuda hubiere fue saldada por la muerte de JESÚS en la Cruz. Las deudas contraídas son con el SEÑOR que pagó nuestro rescate con su misma vida para que vivamos en libertad, y ajenos a las cadenas de las pasiones esclavizantes. El verdadero creyente no establece pacto alguno con las tendencias de la carne ni con las fuerzas espirituales que las promueven.

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