Domingo Mundial de las Misiones, testimonio y coherencia de fe

Editorial ACN Nº177

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En este Domingo Mundial de las Misiones, DOMUND 2025, la Iglesia católica nos invita a reflexionar bajo el lema «Misioneros de Esperanza entre los Pueblos», un mensaje profético que resuena con particular fuerza en un mundo marcado por desigualdades espirituales y persecuciones silenciadas. Este 19 de octubre no solo busca recaudar fondos y colectas para las misiones, quiere avivar la vocación de cada bautizado recordándonos que la esperanza cristiana es realidad viva y compartida en medio de las naciones.

A nivel global, el cristianismo sigue siendo la fe mayoritaria, con aproximadamente 2.5 mil millones de fieles en 2025, representando alrededor del 31% de la población mundial. Sin embargo, su distribución por continentes revela un panorama de contrastes profundos.

África emerge como el continente con el mayor crecimiento, albergando cerca de 700 millones de cristianos, lo que supone más del 28% del total mundial y un ascenso impulsado por conversiones y nacimientos en regiones subsaharianas.

En América Latina y el Caribe, junto con Norteamérica, residen unos 850 millones de cristianos, consolidando al continente americano como el bastión histórico de la fe, con Brasil y México a la cabeza.

Europa cuenta con alrededor de 550 millones de fieles, pero su proporción ha disminuido al 22% del total global, reflejando una secularización acelerada. Asia, con sus 400 millones de cristianos, representa un 16% y muestra un potencial misionero inmenso en países como Filipinas e India, pese a las restricciones en algunas naciones. Finalmente, Oceanía suma unos 30 millones, un porcentaje menor pero vital en islas remotas donde la misión sigue siendo esencial.

Dentro de esta realidad cristiana, el catolicismo —con 1.4 mil millones de fieles en todo el mundo— enfrenta desafíos específicos que demandan atención inmediata. En Europa, el declive de los católicos es alarmante: en 2022, la población católica disminuyó en casi medio millón de personas, representando ahora solo el 39.5% del continente, con una caída del 0.08% en su proporción demográfica. Esta tendencia, que se remonta a décadas, se evidencia en la reducción de vocaciones sacerdotales y religiosas —un 1.6% menos en Europa entre 2021 y 2023— y en la secularización que erosiona la práctica religiosa en países como Francia, donde el porcentaje de católicos ha caído del 44% en 1910 al 35% en 2010. Este éxodo silencioso no solo debilita la presencia eclesial, sino que cuestiona la vitalidad de la fe en el Viejo Continente, donde iglesias vacías y una cultura poscristiana amenazan con relegar el Evangelio a un aspecto meramente cultural, pero no de vida total.

Contrasta esta realidad con la persecución abierta en África, donde el crecimiento católico —de 272 millones en 2022 a 281 millones en 2023— se ve ensombrecido por la violencia sistemática. En Nigeria, por ejemplo, se reporta un promedio de 30 cristianos asesinados diariamente en 2024, con más de 3,100 muertes por motivos de fe en todo el país durante ese año, muchas de ellas contra católicos por parte de grupos extremistas como Boko Haram.

Ataques como los ocurridos en Bassa y Katuna, donde cuatro cristianos fueron asesinados en cuestión de horas, ilustran una escalada de violencia que ha destruido 19,100 iglesias y desplazado comunidades enteras. Lo más escandaloso es que estos crímenes a menudo pasan sin ser denunciados ante instancias internacionales, silenciados por el miedo de los sobrevivientes o ignorados por la comunidad global, que prioriza otros conflictos, donde se juegan miles de millones de dólares y posiciones geoestratégicas de poder, mientras miles de católicos mueren en el anonimato subsahariano. Esta omisión no solo perpetúa la impunidad, sino que socava la dignidad humana y el derecho a la libertad religiosa, exigiendo una respuesta urgente de foros como la ONU y la Unión Africana.

Ante estos escenarios, el DOMUND 2025 debe ser un catalizador para la acción. La urgente necesidad de revitalizar la misión pasa por el testimonio coherente de los católicos: vidas que encarnen la esperanza en medio de la secularización y la persecución africana, proclamando el Evangelio con obras de justicia, solidaridad y oración. Solo así, como misioneros auténticos, podremos revertir el declive y encender la luz de Cristo en un mundo que la anhela: “Vayan por todo el mundo y proclamen el Evangelio, el que crea se sa salvará, el que se resista creer, se condenará”.

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