Doble reclamo-petición de León XIV a periodistas: no convertirse en propagandistas y revelar el sufrimiento de la guerra

ACN

Esta mañana, en el Salón Clementino del Palacio Apostólico, el Papa León XIV recibió en audiencia a los miembros del equipo editorial del programa informativo TG2 de la Rai, con motivo del quincuagésimo aniversario de su fundación. Estuvieron presentes los miembros del consejo de administración, el director y el equipo editorial, y el Papa los felicitó por este hito que, según su intención, no debía considerarse simplemente una celebración, sino una oportunidad para reflexionar sobre el significado del periodismo.

En su discurso, León XIV situó el quincuagésimo aniversario de TG2 dentro de la historia más amplia de las transformaciones que han marcado el periodismo televisivo italiano.

  • La transición de lo analógico a lo digital, observó, representó un período de grandes cambios, que el equipo editorial, explicó el Papa, supo aprovechar las oportunidades.
  • Pero el Papa aclaró de inmediato que ninguna innovación técnica puede reemplazar lo que sigue siendo verdaderamente humano en la labor de informar.
  • Habló de «creatividad, discernimiento crítico, libertad de pensamiento», identificando estas cualidades como el núcleo esencial de toda comunicación auténtica.
  • El Papa se refirió entonces a la inteligencia artificial, que presentó como uno de los retos más importantes de la actualidad.

Afirmó que la comunicación debe regularse «según el paradigma humano y no el tecnológico», especificando que la cuestión fundamental reside en «saber distinguir entre medios y fines».

No se trata, por tanto, de una simple advertencia sobre las herramientas emergentes, sino de un criterio más radical: la tecnología puede apoyar el trabajo periodístico, pero no puede convertirse en su medida definitiva, ni dictar por sí sola los criterios para informar sobre la realidad.

Otro punto clave del discurso se refería a la identidad histórica de TG2, que el Papa reconoció en su laicismo y el pluralismo de fuentes de información, incluso dentro de la televisión pública.

León XIV ofreció una definición precisa de laicismo, entendido como «el rechazo de los a priori ideológicos» y la voluntad de contemplar la realidad con apertura. Fue aquí donde su discurso adquirió un tono particularmente exigente:

Recordó la fuerte tentación que existe,
incluso en el mundo de las comunicaciones,
de ver y oír
solo aquello que confirma
las propias convicciones.

Pero sin esta apertura,
no puede haber «buena comunicación»,
«verdadera libertad»
ni «pluralismo sano».

Todos sabemos lo difícil que es
sorprenderse
ante los hechos,
los encuentros,
las miradas
y las voces de los demás;
cuán fuerte es la tentación
de buscar, ver y oír
solo aquello que confirma
las propias opiniones.
Pero no puede haber buena comunicación,
ni verdadera libertad,
ni pluralismo sano
sin esta apertura».


Recordando la historia de TG2, León XIV también destacó cómo diversas posturas culturales han coexistido en su seno a lo largo del tiempo.

  • Esta diversidad, vivida en un «espíritu de amistad», ha sido fuente de enriquecimiento y ejemplo de diálogo.
  • El Papa interpretó esta experiencia como una lección potencial para el presente, marcado por la polarización, los cierres ideológicos y los eslóganes que empobrecen nuestra comprensión de la realidad.
  • En este contexto, la pluralidad no se evoca como un equilibrio formal o una simple distribución de voces, sino como un ejercicio concreto de debate capaz de resistir las simplificaciones imperantes.


Sin embargo, la parte más impactante del discurso se centró en el tema de la guerra y la responsabilidad de la información.

León XIV observó que, «siempre, pero especialmente en las dramáticas circunstancias de la guerra», el periodismo debe protegerse del riesgo de convertirse en propaganda.

Por ello, definió la tarea de los periodistas, llamados a verificar las noticias para no convertirse en un «megáfono del poder», como «aún más urgente y delicada», incluso «esencial».

Es un llamado que toca directamente el corazón del servicio público y la profesión periodística, especialmente en un momento en que la cobertura de conflictos suele estar sujeta a presiones políticas, emocionales y narrativas que distorsionan la verdad.


El Papa pidió explícitamente a los periodistas que mostraran «el sufrimiento
que la guerra siempre trae a las poblaciones»,
que revelaran «el rostro de la guerra»
y que la contaran
«a través de los ojos de las víctimas
para no convertirla en un videojuego».

La fórmula es clara e impactante por su inmediatez: la guerra, insinuó León XIV, no puede reducirse a una secuencia de imágenes consumibles, gráficos estratégicos o un espectáculo televisivo.

Incluso en el breve lapso de tiempo de las noticias televisivas y los reportajes en profundidad, afirmó, este sigue siendo el desafío decisivo: preservar la realidad concreta de las personas atrapadas en el conflicto.

CIUDAD DEL VATICANO.

LUNES 16 DE MARZO DE 2026.

SILERENONPOSSUM.

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