El Vaticano castiga a la FSSPX, pero no sanciona a sinodalistas alemanes que rechazan la doctrina católica

ACN

* A diferencia de la Fratrernidad Sacerdotal San Pío X, cardenales y obispos alemanes han cuestionado no el Concilio Vaticano II, sino elementos esenciales de la Doctrina católica, y no han sido excomulgados

Tras la excomunión de los cuatro nuevos obispos de la Sociedad de San Pío X, todas las miradas están puestas en la Iglesia en Alemania, que parece alejarse cada vez más de las reprimendas de Roma.

¿Mantendrá la Iglesia la misma firmeza o seremos testigos de otro caso de doble moral?

Los últimos días quedarán sin duda como uno de los momentos más reveladores de las profundas divisiones que actualmente desgarran a la Iglesia Católica.

  • Por un lado, Roma ha optado por la línea más dura al excomulgar a los cuatro nuevos obispos de la Sociedad de San Pío X, consagrados sin mandato papal.
  • Por otro lado, una celebración organizada en Londres en torno a una pareja del mismo sexo, con la participación activa del cardenal Timothy Radcliffe, no ha provocado, hasta la fecha, ninguna reacción pública de la Santa Sede.
  • Este contraste suscita interrogantes. Y suscita aún más interrogantes ahora que todas las miradas están puestas en Alemania.

El decreto del Dicasterio para la Doctrina de la Fe es inequívoco. Las consagraciones episcopales del 1 de julio en Écône constituyen un acto cismático que conlleva la excomunión latae sententiae de quienes las realizaron. Independientemente de que se esté de acuerdo o no con esta decisión, demuestra una clara intención: preservar la unidad de la Iglesia en torno al Sucesor de Pedro.

  • Tan solo unos días antes, el 13 de junio, se celebró una misa de acción de gracias en la Iglesia de los Santos Apóstoles de Londres para conmemorar los cincuenta años de relación de la pareja homosexual formada por Julian Filochowski y Martin Pendergast.
  • Pero lo más llamativo no fue solo la organización de la celebración. El propio cardenal Timothy Radcliffe pronunció la homilía, ocupando así un lugar central en la liturgia, antes de que la pareja recibiera una bendición al concluir la ceremonia.

Esta imagen, que recuerda a la Iglesia alemana, ha provocado una profunda inquietud y numerosas preguntas.

Pues ver a un cardenal, figura clave en el reciente Sínodo sobre la sinodalidad, predicar en tal celebración solo puede interpretarse como un poderoso gesto eclesial. La cuestión aquí no radica en las intenciones personales del cardenal, sino en el significado público de un acto realizado ante toda la Iglesia.

Es importante recordar que Fiducia supplicans no autoriza la celebración litúrgica de la unión entre personas del mismo sexo. El texto solo prevé bendiciones breves, espontáneas y no ritualizadas, siempre que no puedan confundirse con un reconocimiento de la unión.

Una misa organizada con motivo de un aniversario de bodas, seguida de una bendición pública, queda claramente fuera del marco establecido por Roma

Hoy persiste una pregunta: ¿la firmeza de Roma se mantiene inalterable tanto si los desafíos provienen del mundo tradicional como de los movimientos progresistas?

Esta cuestión adquiere una nueva dimensión al observar la situación de la Iglesia en Alemania.

Durante varios años,
la «vía sinodal» alemana
ha cuestionado elementos esenciales
de la doctrina católica

en materia de moral sexual,
la bendición de las parejas del mismo sexo,
el ejercicio de la autoridad en la Iglesia
y el papel de la mujer
en el ministerio ordenado.

En varias ocasiones, la Santa Sede ha intervenido para reiterar que ninguna conferencia episcopal puede alterar unilateralmente la doctrina de la Iglesia universal. A pesar de estos repetidos recordatorios, estas iniciativas persisten, dando la impresión de que las advertencias romanas siguen sin tener efecto real.

Nadie puede asegurar que se producirá un cisma entre los obispos alemanes.

Sin embargo, es difícil ignorar que la distancia con Roma parece aumentar mes a mes.

Declaraciones, votaciones y ciertas prácticas pastorales alimentan la sensación de que una parte del episcopado alemán está siguiendo su propio camino.

Por ello,
la cuestión de la «doble moral»
se plantea insistentemente
entre muchos católicos.

La Iglesia no puede exigir
obediencia de forma sostenible y contundente
a algunos…
mientras permite
que otros desarrollen desafíos profundos
para la comunión eclesial.

La unidad de la Iglesia es un bien preciado.

Pero solo puede preservarse si la autoridad se ejerce con la misma claridad, coherencia y rigor hacia todos. De lo contrario, tras la crisis abierta con la Sociedad de San Pío X, muchos temen que se abra otro frente, aún mayor, en el corazón mismo de Europa.

Por PHILIPPE MARIE.

VIERNES 3 DE JULIO DE 2026.

TCH.

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