De Maimónides y el Gobierno Judío Mundial.

Pbro. Dr. Federico Highton
Pbro. Dr. Federico Highton

Uno de los lugares comunes en la retórica anti-conspiracionista contemporánea –esa que se rasga la vestiduras ante la menor insinuación razonable de que ciertos potentados no hacen lo que dicen (que, en el fondo, en eso reside el quid de toda conspiración)-, es una sarcástica diatriba contra la teoría que afirma que la Sinagoga tiene un plan para gobernar el mundo entero.

Los profetastros de la corrección política que adhieren sin reservas a la condena sanhedrínica contra el elenco de conductas estereotipadas como “anti-semitas” incluyen, dentro de la innombrable nómina, no sólo la asociación del hebreo con la avaricia, toda crítica al genocida Estado de Israel o la duda sagaz sobre el gaseamiento de seis millones de circuncisos bajo el III Reich, sino incluso –y a esto nos queremos referir en este ensayo- el sostenimiento de la teoría que dice que los judíos quieren dominar el mundo y que se encaminan a eso.

Nadie en su sano juicio puede hoy sugerir que desde las usinas del Kahal, se estaría pergeñando la toma universal del poder, puesto que la sola mención de tal hipótesis es suficiente para sepultar a quien ose mentarla en las mazmorras de los parias del Novus Ordo, sin cuya venia pronto no se podrá comprar ni vender ni respirar.

Pero, mal que les pese a los escribas del sistema, la narrativa mundialista vulgarizada por CNN y el NY Times hace agua por todos lados y se hunde estrepitosamente ante la sola consideración de los escritos del máximo pensador judío medieval, el inefable Maimónides (1135-1294) o, como lo llamaba el Aquinate, rabbi Moisés.

En efecto, Maimónides, algunos de cuyos escritos podrían ser considerados parte del Talmud, afirma, sin matices ni mea culpas, el más intolerante y racista de los mesianismos carnales jamás concebidos, que es un coherente eco del mesianismo farisaico (que decretó el deicidio); sostiene; promueve y pseudo-profetiza la implantación de un gobierno judío que extenderá sus garras y tentáculos visibles sobre todo el orbe.

No hace falta recurrir a ningún “Plan Andinia” ni a las misteriosas actas protocolares de Sión. Tampoco hace falta indagar las oscuras maquinaciones de un Soros o un Albert Pike o las conferencias de Rockefeller en su patibulario memorial. Basta con remitirse sin más a los textos originales escritos por rabbi Moisés.

Veamos, entonces, sin más vueltas, cuál es el núcleo del mesianismo universalista de Maimónides y, por ende, del rabinismo plenario contemporáneo. Vendrá bien repasar estas fuentes maimonídeas no sólo para entender contextualmente las frecuentes declaraciones judías sobre una supuesta inminente llegada de su falso Mesías sino para no seguir comprando los baratos boletos del mito del anti-semitismo, que no se contenta con repudiar un indefinido e indefendible racismo sino que anatematiza todo lo que contradiga los planes y crímenes de la judería internacional, garantizándoles la más plena impunidad y el aplauso conmiserabilista de las masas adoctrinadas por la TV y analfabetizadas por la Academia. Veamos, entonces, qué dice Maimónides sobre el plan judío de gobernación mundial[1].

En el principio número doce del dogma judío se declara la creencia en la llegada del Mesías (o del “Mashiaj”, en hebreo).

Según Laitman, el “mesías” vendrá el final del sexto milenio[2], lo cual explica la ansiedad de los judíos, que lleva a altos personajes de Israel a anunciar públicamente la inminente llevada del susodicho puesto que, según el calendario rabínico, estamos en el año 5780.

Maimónides escribió la Mishné Torá, que es el código más extenso que existe sobre el dogma hebreo. Este libro consta exactamente de mil capítulos, el mismo número que tiene la Mishná. Maimónides escribe sobre el tema del Mashiaj en el penúltimo. Y en el último, el número mil, escribe sobre los tiempos mesiánicos.  Estos textos constituyen sin duda, para la Sinagoga, los textos más autorizados jamás escritos sobre este tema (el Shulján Aruj, aclaremos, no escribe sobre el tema del Mashiaj).

El Mashiaj será el monarca del pueblo judío. Por supuesto que no será un líder político secular, sino que tal como el rey David, seguirá estrictamente las leyes hebraicas, las defenderá y las establecerá como la ley para todo su pueblo, y para todo el orbe.

Dice Aryeh Kaplan que el Mashiaj será «el líder que traerá, la redención completa a los judíos, tanto en lo espiritual como en lo físico. Y junto con esto traerá paz duradera, prosperidad y la perfección moral de todo el mundo». Queda, claro, entonces que el mesianismo judío necesariamente pretende dominar el mundo todo, creyendo que lo perfeccionarán, cuando, en realidad, lo corromperán indeciblemente y lo esclavizaran tiránicamente. El cabalista M. Laitman escribe que el “mesías” hebreo someterá a las llamadas «naciones idolátras»[3], lo cual, aclaremos, incluye a todas las naciones cristianas ya que para los deicidas la adoración de Jesús es idolatría.

De todos modos, aclaremos, para los judíos no será un problema esclavizarnos ya que, dadas ciertas condiciones, tanto el Antiguo Testamento como el Talmud –que para ellos siguen vigentes- canonizan la esclavitud de los no-judíos. La condena de la esclavitud, de hecho, es una gloria de la Cristiandad, que fue conseguida a pesar de la oposición de la Sinagoga, que, al menos en ciertos casos, se cree con derecho a esclavizar goims (no-judíos) (cf. II Samuel 8:14; Maimónides, Melachim uMilchamot, c. XI, 1).

Maimónides en su Melachim uMilchamot (c. XI, 4), explícitamente rechaza a nuestro señor Jesucristo y admite que fue matado «por la corte»:

Jesús de Nazareth que aspiró a ser el Mesías y fue ejecutado por la corte fue aludido también por las profecías de Daniel, como Dan. 11, 14 dice: “los vulgares entre tu pueblo se exaltaran a sí mismos en un intento para cumplir con la visión, pero se tropezarán”.

Tomemos nota entonces cómo Maimónides, y con él toda la Sinagoga (antigua, medieval y contemporánea), considera que nuestro Señor Jesucristo fue un hombre vulgar que quiso exaltarse a sí mismo mas fue castigado justamente por su soberbia con una merecida crucifixión. Este solo pasaje alcanza para afirmar el carácter deicida del pueblo judío, de lo cual no sólo no se arrepienten, sino que llegan a creer que el deicidio fue una obra justísima anunciada por el mismo profeta Daniel.

La demencia de Maimónides (y de la Sinagoga actual, que aún lo sigue a pies juntillas) es tal que llegó a preguntarse con soberbia deicida lo siguiente: «¿puede haber mayor piedra de tropiezo que el Cristianismo?» (Maimónides, Melachim uMilchamot, c. XI, 4).

Los rabinos creen que el Rey-Mesías será descendiente de David, que construirá el Templo (cf. Megilah 10a; Zevachim 112b; Rambam, Hilchot Bet Habechirah 1:3 and 2:1-4; Maimónides, Melachim uMilchamot, c. XI, 1[4]) y que reunirá a las ovejas perdidas de Israel. Creen que restaurará todas las leyes judías antiguas (cf. Isaías 1:26; Sanhedrin 51b; Rashi; Nachman; Perush Hamishnah en Sanhedrin 1:3; Maimónides, Melachim uMilchamot, c. XI, 1), los sacrificios animales, los años sabáticos y jubilares (cf. Mechilta de Rashby en Éxodo 20:22; Sifra en Levítico 2:14 [parshata 13:1]; Maimónides, Melachim uMilchamot, c. XI, 1), de acuerdo a todos y cada uno de los detalles de la ley rabínica-farisaica (cf.  Levítico c. 25). Todo aquel que ose pensar que el “mesías judío” no es tal, será considerado por los rabinos como un negador de las enseñanzas de los profetas, de la Torá y de Moisés (cf. Maimónides, Melachim uMilchamot, c. XI, 1).

El reino del pseudo-mesías judío, creen ellos, se extenderá «de mar a mar» (Zacarías 9:10). Los rabinos creen que no hará falta que el mesías haga milagros, resucite muertos o esa cosas (cf. Rambam, Hilchot Yessodei Hatorah c. 10; Maimónides, Melachim uMilchamot, c. XI, 3), prueba de lo cual es que el rabino Akiva, que es considerado un gran sabio entre «los sabios de la Mishná» y que creyó que el Rey Bar Koziva, que lideró una masacrada rebelión contra el Imperio Romano, era el mesías, no le pidió a Koziva que haga ningún milagro (cf. Maimónides, Melachim uMilchamot, c. XI, 3).

Entonces, si no hace falta ningún milagro, ¿cómo los judíos sabrán quién es el mesías? Ellos creen que el mesías será un descendiente de David  que meditará en la Torah (y en sus estatutos y leyes) (cf. Midrash Tehilim 2:9 y 110:4; Maimónides, Melachim uMilchamot, c. XI, 3), se ocupará en los mandamientos divinos como David de acuerdo a lo dice la Torah –escrita y oral-, liderará a Israel en las sendas de la Torah y «peleará las batallas de Dios» (Maimónides, Melachim uMilchamot, c. XI, 3), esto es, una serie de guerras judías para conquistar el mundo entero.

Este es, entonces, el criterio central del mesianismo judío: que hará la guerra contra todo el mundo no-judío, lo dominará y vencerá. Quien logre eso, será considerado el mesías judío. Si algún judío hace la guerra y vence a muchos pero no triunfa no podrá ser considerado como el mesías. Ese es el gran criterio mesiánico: la victoria bélica mundial, esto es, la guerra universal, total e infalible de los judíos contra el mundo entero (cf. Maimónides, Melachim uMilchamot, c. XI, 3).

La expresión «batallas de Dios» usada por Maimónides no tiene solo un significado literal sino también uno figurativo (cf. Torah Shelemah, Números 21:14, par. 84). Un criterio clave para identificar al “mesías judío” es que derrotará a todos los que son considerados por la Sinagoga como «opresores y enemigos de Israel» (cf. Maimónides, Melachim uMilchamot, c. XI, 1). Tomen nota todos los que integren las listas negras de los catalogados como “antisemitas” por la Anti-Difamation League (ADL). El “mesías” judío ya les va a mandar sus tropas.

La dimensión bélica es tan extrema que el mismo cabalista M. Laitman, en Days of Messiah, afirma que el “mesías” judío vendrá en un momento histórico donde «el mundo entero estará enojado y todas las personas del mundo estarán escondidas en cuevas y en hendiduras en las piedras y no sabrán como podrán ser salvados» debido al «terror del Señor»[5].

Un escenario así como el imaginado por Laitman es perfectamente concebible luego de una espantosa guerra nuclear, que bien podría coincidir con «las batallas del Señor» que el “mesías judío” peleará y, que según algunos rabinos, coincidirá con la Batalla de Gog y Magog. Por nuestra parte, creemos que estas especulaciones rabínicas tendrán muy probablemente una sola consecuencia concreta: una guerra mundial atómica hecha por los judíos para imponer su “mesías”. Laitman, de hecho, dice que el “mesías” evocará guerras por todo el mundo (“he will evoke wars upon the entire world”)[6] y que libará la guerra por todos lados (“they will wage war on it from all sides”)[7].

Según afirma Laitman, habrá una guerra de setenta días que generará incendios doquiera, luego el “mesías” hebreo se esconderá un año[8] para manifestarse más tarde elevándose en un pilar sobre el firmamento recibiendo así el poder y la corona universal delante de todo el orbe[9], después de lo cual muchas naciones se reunirán en torno a él, «él hará guerras alrededor del mundo», el “mesías” judío será conocido en todo el orbe y «todos los reyes del mundo se despertarán y se unirán para hacer la guerra contra él»[10], luego de lo cual el mundo estará en oscuridad durante quince días[11].

Laitman dice un montón de cosas más, con un abstruso lenguaje cabalístico, de las cuales destacamos algunas. Afirma, v.gr, que todos los reyes se reunirán en la gran ciudad, Roma, y que Dios los aniquilará mandándoles fuego y piedras cristalinas; que los demás reyes harán nuevas guerras contra los judíos, que el “mesías” convocará muchas naciones para pelear; que todos los hebreos volverán a Israel[12]; que los musulmanes los atacaran[13] y que serán derrotados por el “mesías”.

El mesías, creen ellos, derrotará a todas las naciones, reconstruirá el Santuario en su sitio y corregirá al mundo entero para que el orbe todo sirva a Dios –según las leyes rabínicas-.

El reino mesiánico judío, según el rabinato, no cambiará ninguna de las leyes naturales del mundo. No habrá ninguna innovación en el orden de la creación. Pero, ¿cómo se compatibiliza esto con la profecía del «lobo que dormirá con las ovejas» y «los leopardos con los bebés» (cf. Isaías 11:6)? Los rabinos dirán que esto es una metáfora que significa que los judíos estarán seguros «junto a los malvados paganos», esto es, junto a todos los no-judíos, analogando a las bestias con nosotros, los “goim” (cf. Jeremías 5:6.; Bereishit Rabba 99:2).

El dogma judío cree que en la era mesiánica, los judíos no estarán sujetos a poderes extranjeros (cf. Berachot 34b), lo que no significa sino que los hebreos dominarán el mundo entero, pues este es el único modo de que no puedan considerarse sometidos al goim.

Interpretando literalmente las profecías, los rabinos cree que probablemente la Guerra de Mog y Magog ocurrirá al comienzo de la “era mesiánica” (cf. Avodah Zara 3b), lo cual es del todo interesante ya que confirma que ellos sostienen que el mesianismo judío se impone a fuerza de la más atroz espada.

Esto implica, en términos más crasos, que pronto los judíos buscarán hacer la guerra contra todo el mundo para imponer su mesías, y nos venderán el cuento de que se trata de la guerra de Gog y Magog. Es evidente que harán esa guerra ocultándose en buena parte, usando coartadas y tramando conspiraciones que lleven a otros a pelear sus batallas, como sucedería, según aducen algunos nutridos, tal vez discutibles mas lúcidos informes, con las sectas sarracenas que masacran pueblos cristianos ayudados, entrenados o armados por los judíos.

Cree el dogma rabínico que un profeta corregirá a Israel y preparará sus corazones, ignorando que ese profeta fue San Juan Bautista que vino hace dos mil años y Herodes martirizó.

Pensamos que la Sinagoga suscitará a algún rabino locuaz y carismático para que haga los sermones “proféticos” que preparen la impostura hebreo-mesiánica, que, por cierto coincidirá con el mismo gobierno mundial del Anticristo, que un día vendrá sin dudar ni poder dudar.

Los judíos creen que ese profeta será San Elías (cf. Malaquías 3:23Yerushalmi, Shabbat 1:3, Shekalim 3:3). La realidad es que, como explica magníficamente San Juan Crisóstomo y se lee en la Catena Aurea, hay dos Precursores del Mesías: San Juan Bautista es quien preparó la Primera Venida, mas San Elías, volviendo del cielo atmosférico, preparará la Segunda Venida. Lo más probable, creemos, es que la postrera venida eliata convertirá a los judíos luego de que estos hayan entronizado al falso Mesías y este les haya demostrado que era un impostor. Es que los judíos se convertirán, como decía Castellani, sobre el filo de la Historia. Los mismos judíos no se ponen de acuerdo sobre la fecha de la venida eliata (cf. Eruvin 43b; Pesikta Rabaty 36:4).

Como las doce tribus judías se dispersaron y hoy los rabinos –que son los más racistas de todos los “ministros religiosos”- no pueden siquiera distinguir quién es y quién no es de la raza sacerdotal ni descubrir a todos los pretendientes “impuros”, entonces esperan que Dios solucione el dilema.

Para ellos esto es un drama insoluble y por eso creen que el Espíritu Santo revelará cuál es el linaje o estirpe de cada hebreo, indicando quienes son Kohen legítimos (cf. Deuteronomio 23:3-9; Kidushin69a). Kohen es uno de los apellidos más distinguidos de los judíos, puesto tiene carácter sacerdotal aarónico, lo cual harán luego de que el “mesías” reagrupe en Israel a las doce tribus perdidas (cf. Sal 147:2f.; Berachot 49a; Tanchuma, Noach:11; Zohar I:134a y 139a; Deuteronomio 30:3-5; comentario de Ramban al Levítico 26:16; Abarbanel, Mashmi’a Yeshu’ah II:3; Maimónides, Melachim uMilchamot, c. XI, 1).

El sumo Kohen usará el Urim y el Tumim– y será el decidor que decretará cuál es la tribu de cada hebreo y quiénes son racialmente puros o de segunda clase, esto es, mezclados.

Esta discriminación racial es fundamental para los judíos ya que la determinación del pedigree tribal es importante para la asignación de la zona de residencia pues cada tribu tiene reservado un lugar específico de Israel (cf.  Números 26:52-55 y 33:54-34:1ss.; Josué 18-21), lo cual tiene implicancias para la observancia de los años sabáticos y jubilares (cf. Arachin 32b; Rambam, Hilchot Shemitah Veyovel 10:8-9; Hilchot Terumah 1:26; Hilchot Bikurim 5:5).

La discriminación racial-tribal es importante también para la práctica de ritos individuales litúrgicos (cf. Zohar III: 170a) y ante todo para saber quiénes pueden ejercer las funciones sacerdotales y levíticas (cf. Rambam, Hilchot Klei Hamikdash Veha’ovdim Bo, c. 3-4). De hecho, todos los judíos que no clasifican como Kohanim o Leviyim, son catalogados automáticamente como Yisra’elim (israelíes comunes). Por eso, Levi y Cohen (y sus derivados) son tal vez los más importantes apellidos judíos.

El dogma rabínico cree que el mesías judío gobernará el mundo entero, dominará a los paganos y será exaltado por las naciones (cf. Hilchot Teshuvah 9:2). Creen los judíos que en la “era mesiánica” no habrá hambre ni guerras (la contienda será previa y planetaria).

Piensan que se nadará en la abundancia, imaginando así el paraíso terreno carnal (cf. Midrash Tehilim87:3). De hecho, se sabe que el Anticristo se presentará como un salvador, que traerá el paraíso terreno, lo cual hará que la inmensa mayoría de los hombres lo sigan, adoren y obedezcan. Es probable que el judío que sea reputado el “mesías”, que coincidirá con el Anticristo, ofrezca una caricatura de paraíso, haciendo alguna “proeza social” como ser una gran distribución de arroz a tribus africanas, la liberación de esclavos de manos de los musulmanes, la fijación de un salario universal y popular o una pretendida disminución del aducido calentamiento global. No por casualidad, Kissel Mordechai (alias “Karl Marx”), que venía de familia de rabinos, pontificaba que el paraíso no se debe conseguir en el Cielo, sino en la tierra y que esto hay que lograrlo a toda costa aunque para ello hubiera que utilizar la violencia.

Creen ellos que en la época mesiánica, toda la tierra conocerá a Dios (cf. Isaías 11:9), esto es, piensan que toda la humanidad conocerá los delirios del Talmud y la Cábala. No por casualidad, las aberrantes doctrinas cabalísticas hace tiempo que están proliferando en este mundo, que cada vez apostata y se judaiza más y más.

Que Dios y la Virgen nos den la gracia de resistir ante la ofensiva judeo-mesiánica, que no solo tiene proporciones planetarias sino su paradigma en el deicidio.

[1] Para la siguiente exposición tenemos en cuenta no sólo los textos maimonídeos fontales sino también Laws Concerning Kings and the Messiah de J. I. Schochet (cf. https://www.chabad.org/library/article_cdo/aid/101744/jewish/Laws-Concerning-Kings-and-the-Messiah.htm), el artículo del judío Yosef Bitton intitulado El Mesías nuestro Rey, basado en la palabras de Maimónides, que fue el primer rabino que formuló los trece principios del dogma hebreo, y The Real Messiah , escrito por Aryeh Kaplan, que tal como lo dice en su subtítulo, pretende ser también «una respuesta judía a los misioneros». El rabino Schohet (1935–2013), vale acotar, escribió mucho sobre la historia del jasidismo y sobre temas del pensamiento judío y ética hebrea. Fue profesor de filosofía del Humber College, en Toronto. También seguiremos Days of the Messiah de Michael Laitman, PhD (disponible en http://www.kabbalah.info/eng/content/view/frame/86459?/eng/content/view/full/86459&main). El cabalista Leitman es el fundador y presidente del Instituto de Educación e Investigación Bnei Baruch Kabbalah. Escribió treinta libros sobre la Cábala. Leitman fue el discípulo del rabino Baruch Ashlag, hijo del rabino Yehuda Ashlag, autor de un comentario autoritativo (Sulam) del Zohar. Cuando señalamos textos bíblicos o talmúdicos lo hacemos según el modo de citar de los judíos que son quienes traen a colación esos pasajes.

[2] Cf. M. Laitman, Days of Messiah, 483.

[3] Cf. M. Laitman, Days of Messiah, 590.

[4] Cuando citemos a Maimónides, seguimos Maimónides, Melachim uMilchamot, c. XI traducido al inglés por Eliyahu Tounger (cf. https://www.chabad.org/library/article_cdo/aid/1188356/jewish/Melachim-uMilchamot-Chapter-11.htm) y al español del inglés por nosotros

[5] Cf. M. Laitman, Days of Messiah, 99.

[6] M. Laitman, Days of Messiah, 100.

[7] M. Laitman, Days of Messiah, 101.

[8] Cf. M. Laitman, Days of Messiah, 102.

[9] Cf. M. Laitman, Days of Messiah, 103.

[10] M. Laitman, Days of Messiah, 103.

[11] Cf. M. Laitman, Days of Messiah, 104.

[12] Cf. M. Laitman, Days of Messiah, 480.

[13] Cf. M. Laitman, Days of Messiah, 481.

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