
A partir del 1 de septiembre de 2026, la diócesis de Arras contará con tan solo 11 parroquias grandes, frente a las 89 actuales. Esta reforma, presentada como de carácter misionero, refleja principalmente la magnitud de una crisis histórica dentro del clero y la práctica religiosa.
La cifra resulta impactante, como una confesión.
- En la diócesis de Arras, las 89 parroquias actuales se consolidarán pronto en 11 parroquias más grandes, que a su vez se dividirán en 36 «zonas misioneras».
- El nuevo mapa, presentado durante la Misa Crismal, entrará oficialmente en vigor el 1 de septiembre de 2026.
- La diócesis habla de una «transformación pastoral». Muchos fieles también lo verán como una clara señal de un mundo católico que se ha vuelto demasiado extenso para los sacerdotes que aún quedan.
La «reforma» no es meramente administrativa. Transforma profundamente la vida cristiana de una región marcada por una larga historia de vida rural, obrera y parroquial.
- A partir de ahora, un solo párroco tendrá que asumir una responsabilidad mucho mayor.
- Algunas iglesias se convertirán en centros de culto, mientras que otras corren el riesgo de celebrar la misa dominical solo esporádicamente, dependiendo de los recursos disponibles.
- La diócesis hace hincapié en la creación de «espacios misioneros», destinados a mantener una presencia local.
- Sin embargo, para muchos católicos, esta transformación se vivirá como una pérdida: menos misas, menos sacerdotes visibles, menos lugares emblemáticos.
Arras no es un caso aislado.
En toda Francia, las diócesis se están fusionando, consolidando y reorganizando.
- El mapa parroquial heredado de una Francia aún mayoritariamente cristiana ya no refleja la realidad actual.
- En 2026, solo se ordenaron 84 sacerdotes en Francia, frente a los 90 de 2025.
- Cabe destacar que esta cifra incluye 66 sacerdotes diocesanos y 39 miembros de órdenes y comunidades religiosas (21 de los cuales ya figuran entre los 66 sacerdotes diocesanos).
- Estas cifras, si bien ofrecen esperanza en los seminarios que experimentan un resurgimiento, distan mucho de ser suficientes para reemplazar a las generaciones venideras de sacerdotes.
La pregunta, por lo tanto, es crucial: ¿está la Iglesia en Fancia reorganizando sus parroquias para proclamar mejor el Evangelio, o está gestionando el repliegue de su propia presencia?
La respuesta dependerá de cómo se viva esta supuesta «reforma».
Si se limita a reducir las misas y a distanciar a los sacerdotes, acentuará la sensación de abandono.
Pero una cosa permanece clara: una Iglesia sin sacerdotes no puede mantenerse como una Iglesia sacramental cercana. La reforma de Arras, por consiguiente, subraya una urgencia espiritual antes que cualquier otra organizativa: orar por las vocaciones, valorar el sacerdocio, apoyar a los sacerdotes y transmitir nuevamente a los jóvenes el significado de una vida dedicada a Dios.
Por PHIIPPE MARIE.
MARTES 7 DE JULIO DE 2026.
PARÍS, FRANCUA.
TCH.

