Cuando el silencio interior se convierte en encuentro con Dios

Adriana Franco Sampayo

En medio de un mundo que nos invita constantemente a correr, producir y responder a las expectativas de los demás, pocas veces nos detenemos para preguntarnos: ¿Qué está pasando en nuestro interior?
Cuidar nuestra salud mental también significa aprender a mirarnos con amor, reconocernos, valorarnos y comprender que nuestra vida tiene un profundo sentido.

Amarse a uno mismo no es egoísmo. Es reconocer la dignidad que tenemos como personas, aceptar nuestras fortalezas y fragilidades, respetar nuestros límites y aprender a tratarnos con la misma comprensión con la que tratamos a quienes amamos. Quien aprende a valorarse también aprende a valorar a los demás.

Cuando no nos escuchamos, cuando vivimos buscando aprobación o cargamos con aquello que no nos corresponde, nuestro interior comienza a agotarse. Por eso necesitamos hacer pausas, guardar silencio, escuchar nuestro corazón y permitirnos descubrir qué necesitamos realmente.

La interioridad nos conduce a ese encuentro profundo con nosotros mismos, pero también puede convertirse en un espacio privilegiado para encontrarnos con Dios. En la oración podemos depositar nuestros temores, heridas, preocupaciones y sueños; podemos recordar que nuestro valor no depende de nuestros éxitos, de la opinión de los demás ni de las circunstancias que atravesamos.

Aprender a amarnos también significa confiar. Confiar en que Dios camina con nosotros, incluso cuando no entendemos el camino. Significa soltar aquello que no podemos controlar y poner nuestra vida en sus manos.

Porque cuando aprendemos a recibir el amor de Dios y a reconocer cuánto valemos ante sus ojos, nuestro corazón se transforma. Entonces podemos amar con mayor libertad, perdonar, servir, acompañar y dar a los demás un amor que no nace de la necesidad, sino de la plenitud.

Ámate, valórate, respétate y cuida tu interior. Y cuando no sepas hacia dónde caminar, vuelve al silencio; quizá ahí, en lo más profundo de tu corazón, Dios esté esperando encontrarse contigo.

Bendito el hombre que confía en el Señor y pone en él su confianza. Será como árbol plantado junto al agua, que extiende sus raíces hacia la corriente. –Jeremías 17, 7-8

Madre de familia, emprendedora y docente universitaria. Su vida profesional y personal se caracteriza por el contacto cercano con las personas y la convicción de que cada individuo posee una dignidad única y una vocación trascendente. Su vocación está centrada en acompañar y formar, tanto en el ámbito académico como en la vida cotidiana, impulsando siempre el valor de la educación y del esfuerzo constante como bases para el crecimiento integral. Fiel a sus principios, sostiene que la familia es el pilar fundamental de la sociedad, lo que la ha llevado a comprometerse activamente en la promoción de la participación ciudadana, así como en la defensa de la vida, de la familia y de las libertades fundamentales. Su trayectoria está marcada por la certeza de que cada acción, por pequeña que parezca, puede dejar huella y contribuir a la construcción de un mundo más humano, justo y solidario.
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