¿Cómo seguir a Jesús?

Bienvenidos a esta reflexión desde la Palabra de Dios en el XIII Domingo del Tiempo Ordinario

Anclados en nuestra manera de vivir el amor, hemos construido poco a poco, una suma de seguridades en la vida, las cuales no permitimos que sean tocadas por nadie. Cuando decidimos amar lo hacemos sólo con los nuestros, la familia y los amigos. Si alguien pretende irrumpir en nuestra vida, si tan sólo intenta tocar nuestra burbuja, se convierte inmediatamente en una amenaza para nuestra estabilidad y se vuelve objeto de todas las sospechas. El mundo actual y más nuestro país México, está lleno de tanta inseguridad y el clamor de los ciudadanos, es tener pueblos y ciudades donde se pueda vivir con tranquilidad. Los medios de comunicación nos invaden constantemente con noticias y sucesos de violencia y de injusticia que nos hacen aislarnos aún más de la sociedad. Nos sentimos seguros sólo con los nuestros.

El Evangelio de este domingo nos confronta directamente contra estas posturas que vamos convirtiendo en normas de vida, o que simplemente permitimos que el mundo las imponga. Jesús marca una enorme distancia con todas estas actitudes orientadas al egoísmo y que van en contra de los valores evangélicos de: fraternidad, solidaridad y Amor. Por eso, el Maestro advierte que quien desea seguirle por el camino del Reino, ha de ayudarle a construirlo con el Amor verdadero, libre de egoísmos, caprichos e intereses personales.

Jesús invita a los que quieran seguirlo a una entrega total, nada de “medias tintas”, es un seguimiento radical; existirán renuncias reales y la cruz estará garantizada. Jesús pide a sus seguidores un amor mayor que a los de sus propios consanguíneos: “El que ama a su padre o a su madre más que a mí, no es digno de mí”. Jesús no promete a sus seguidores honores o triunfos, no les promete evitarles dificultades, más bien, les deja claro: “El que no toma su cruz y me sigue, no es digno de mí”.

Profundicemos en esos dos rasgos fundamentales de los discípulos de Jesús:

1°. ¿Cómo amar a mi familia?

En ningún caso Jesús juzga mal a quienes aman a su familia, sino que los está invitando a redescubrir el amor del Padre, que se hace universal cuando lo recibimos de Dios y lo damos a los otros tal como Él nos lo entrega. Amar a Jesús por encima de todo, no es dejar de amar a los otros, sino amarlos en plenitud, pues sólo desde Él se puede amar de verdad. Quien ama busca siempre el bien; el mayor bien es Jesús, que se entrega hasta el extremo. Si nos amamos entre nosotros como somos amados por Él, lo haremos libres de ataduras, pues todos estaremos asidos solo a la mano del Padre. Así pues, no se trata de menospreciar el amor de nuestros familiares, amarles es algo hermoso, pero sí hemos de tener en cuenta que, los afectos humanos por hermosos que sean, no pueden convertirse en la única razón de vida, cuando se absolutizan nos asfixian. La Palabra de Jesús propone una ley de convivencia contraria al egoísmo dominante, centrado sólo en los propios derechos. Tomar la cruz implicará superar esas preferencias exclusivas, familias, amistades, grupos sociales, para dar prioridad a un proyecto evangélico más amplio: el amor universal que busca el crecimiento de todos.

2°. ¿Cómo tomar mi cruz y seguir a Jesús?

“El que no tome su cruz y me sigue, no es digno de mí”. Todos en tiempo de Jesús conocían la imagen terrible del condenado, que desnudo e indefenso, era obligado a cargar la cruz hasta el lugar de la ejecución; cargar la cruz era parte del ritual de la crucifixión. El objetivo era que apareciera ante la sociedad como culpable, un ser indigno de seguir viviendo entre los suyos, así todos descansarían al verlo muerto.

Nos encontramos ante un Evangelio crudo, que lastima y que nos parece incomprensible; pero estas exigencias las vivieron los cristianos de los primeros siglos: padecieron persecuciones y dieron su vida por el Evangelio; esa sangre derramada hacía que muchos se convirtieran, ya que decían: “¿Cómo es posible que estos den la vida por un tal Jesús que fue crucificado y ellos afirman que está vivo?”. La adhesión a Jesús de mente y voluntad, ha existido en personas a lo largo de los siglos y a lo ancho de cada cultura. Estamos en la era de las grandes transformaciones; estas transformaciones para el bienestar del ser humano, donde el hombre no tiene que sufrir. El mismo cristianismo está corriendo el riesgo de ser “un cristianismo del bienestar”. Así en el intento de hacer atractivo el seguimiento de Jesús, se corre el riesgo de convertirlo en una experiencia superficial.

Ciertamente Jesús no quería ver sufrir a nadie. Jesús nunca lo buscó ni para sí mismo ni para los demás, al contrario, toda su vida consistió en luchar contra el sufrimiento y el mal, que tanto daño hacen a las personas. Las fuentes lo presentan siempre combatiendo el sufrimiento que se esconde en la enfermedad, las injusticias, la soledad, la desesperanza o la culpabilidad. Así fue Jesús, un hombre dedicado a eliminar el sufrimiento, suprimiendo injusticias y contagiando fuerza para vivir. Pero buscar el bien y la felicidad para todos trae muchos problemas. Jesús lo sabía por experiencia. No se puede estar con los que sufren y buscar el bien de los últimos sin provocar el rechazo y la hostilidad de aquellos a los que no les interesa cambio alguno. Es imposible estar con los crucificados y no verse un día crucificado.

Llevar la cruz, no es buscar “cruces”, sino aceptar la crucifixión que nos llegará si seguimos los pasos de Jesús. Pero tengamos en cuenta que, la cruz no es signo de muerte, es signo de amor y de vida. Amar a Jesús es tomar la cruz, es decir, salir de nuestra zona de confort, de nuestro metro cuadrado que nos impide descubrir un mundo que sufre y que necesita discípulos del Maestro que sean valientes como Él, para amar hasta el extremo.

Preguntémonos: ¿Qué tan dispuestos estamos para preferir a Jesús, antes que a nuestros familiares y para llevar nuestra cruz?

Hermanos, este Evangelio nos lleva a reflexionar: como bautizados que acudimos a Misa dominical, que decimos creer en Jesús ¿cómo entiendo el seguimiento del Maestro? ¿qué renuncias he hecho por Él? En la vida ordinaria, ¿qué entiendo por cargar la cruz? Considero que como cristianos hemos de analizar nuestra manera de creer, ver nuestra manera de cómo expresamos lo que creemos. Pongo un ejemplo: existen personas que se consideran discípulos de Jesús porque acuden a Misa, pero están a favor de la ley del aborto. ¿Se podrá considerar a alguien seguidor de Jesús, cuando está a favor del aborto, a favor del crimen organizado, a favor del mal que hay en el mundo? Seguir a Jesús implica un cambio en nuestra vida. Permanecer en el discipulado implica rechazar de raíz todo mal pero también supone romper ciertas tradiciones que nos atan, hasta las más familiares. No se trata de romper afectos familiares sino lazos que no nos dejan libres.

Les bendigo a todos, en el nombre del Padre, y del Hijo, y del Espíritu Santo. Feliz domingo para todos.

Obispo de la Diócesis de Apatzingan
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